pepitogruñon
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La usura es la peste…
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La tensión entre propietarios e inquilinos ha dejado de ser una discusión de mercado para convertirse en un pulso social. El problema de la vivienda es, en el fondo, un problema de propiedad, y eso explica que la cosa se ponga tan seria.
La vivienda ha dejado de ser un bien de consumo para convertirse en el campo de batalla donde se dirimen las fracturas de la sociedad española. Quien tiene una casa y quien no la tendrá nunca ya no discuten sobre precios: discuten sobre quién tiene derecho a qué.
Durante siglos, la usura estuvo prohibida en Europa. La peste del préstamo con interés, decían, arruinaba a las familias y envenenaba a los pueblos. Esa prohibición no era un capricho moral: era una forma de proteger al débil de la necesidad del otro. En ese contexto, los judíos fueron el único pueblo autorizado para ejercer el negocio del crédito cuando el prestatario no era judío. La historia económica de Europa se construyó sobre esa tensión entre la condena del lucro y la necesidad de financiación.
En 1994, el gobierno de Felipe González liberalizó el sector financiero. Casi tres décadas después, el efecto acumulado de aquella decisión se ha extendido por todo el cuerpo económico. El crédito fácil, la compra como única vía de acceso a la vivienda y la conversión del ladrillo en activo refugio han creado una sociedad donde ser propietario o no serlo marca una frontera difícil de cruzar.
El discurso que enfrenta a propietarios con no propietarios ha dejado de ser una metáfora. Hay quien sostiene que ese relato es la precuela de un enfrentamiento civil, y que el contexto ya no es la Europa progresista que se conocía. La radicalización política, la inestabilidad territorial y los llamamientos a quedarse con lo del otro por la cara alimentan esa grieta. La vivienda es sensible porque es el hogar, y por eso la gente está dispuesta a morir y matar por ella.
Estados Unidos, según una parte del análisis que circula, estaría empujando a Europa hacia un conflicto bélico mediante una pinza estratégica. Esa sospecha se mezcla con la tensión interna y convierte el problema de la propiedad en un asunto de seguridad nacional. La vivienda, que empezó siendo una cuestión de precios, ha terminado como el epicentro de un malestar que nadie sabe cómo desactivar.
La usura es la peste…