La reforma de las bajas laborales: ¿castigo al trabajador o fin del fraude?
A cuenta de una noticia de El Periódico que anunciaba un recorte de las bajas por enfermedad común, ha estallado un intenso debate. La polémica fotografía de portada —una mujer con fibromialgia— desató las ironías: «Charo con fibromialgia», espetó un analista. Pero el fondo del asunto es más serio. La patronal lleva meses quejándose del coste de las ausencias, y el primer ejecutivo de PP y Vox ya tendría preparada una reforma. La pregunta es: ¿a quién va a perjudicar realmente?
El contexto político: PP y Vox contra las bajas
La referencia a MUFACE —donde las aseguradoras pedían más financiación— no es casual. Quienes siguen la deriva de la sanidad pública advierten: lo mismo que ocurrió con los conciertos sanitarios puede repetirse ahora con las bajas. «Aquí van a recibir todos, pero unos conservarán el puesto», apuntan. La reforma que se cierne reduciría los días de baja o apretaría las condiciones del reconocimiento médico, con el objetivo de ahorrar en prestaciones y aliviar a las empresas. «El médico, para no discutir, da la baja fácilmente», denunciaba un facultativo. El sistema actual permite hasta 3 días por un resfriado sin apenas control. La patronal quiere endurecerlo.
El efecto perverso del IMV y la baja como refugio
Una de las aristas más espinosas del debate es la comparación con el Ingreso Mínimo Vital. «Si el trabajador no se sintiese estafado viendo que su vecino cobra casi lo mismo sin trabajar, a lo mejor no corría a darse de baja», se argumenta. El IMV, según esta tesis, desincentiva el empleo formal y normaliza la baja como vía de ingresos. Pero el dato que descoloca es otro: el coste del absentismo laboral, según estimaciones de la patronal, supera los 40.000 millones al año en España. La reforma, si llega, no será indolora: los sindicatos ya han avisado de movilizaciones.
Mientras la clase política discute, los datos de absentismo siguen creciendo. La reforma apunta a las bajas cortas —las que menos control tienen— pero deja intacto el problema de fondo: la precariedad laboral y la salud mental de los trabajadores. ¿Es este el primer paso de un ajuste mayor? El tiempo lo dirá.