El misterio de las matrículas N y M: ¿Por qué vemos tantos coches de lujo de alquiler?
Las carreteras españolas están llenas de BMW y Mercedes de alta gama con matrículas que empiezan por N o M. La mayoría tienen entre dos y tres años, y sus precios de nuevo oscilan entre 40.000 y 70.000 euros. ¿Casualidad? No: son coches de alquiler o renting, una fórmula que se dispara cuando los impuestos ahogan las subidas salariales.
El boom del renting de lujo: un síntoma fiscal
La proliferación de estos vehículos no es fruto de un aumento de la riqueza, sino de una distorsión fiscal. Con tipos marginales del IRPF elevados, una subida de sueldo de 3.000 a 6.000 euros anuales se come Hacienda. En cambio, las empresas ofrecen coches de empresa, tarjetas restaurante, guardería o formación, que tributan menos o están exentas. Así, el empleado disfruta de un BMW de 70.000 euros sin pagar el coste real, y la empresa se lo deduce.
El resultado: garajes llenos de Audi Q3 y Q2 idénticos, incluso con las mismas letras iniciales de matrícula, como señalan los testimonios. "Medio garaje de mi comunidad igual, supongo que a crédito", apunta un análisis. Y es que, con la inflación, pedir un crédito al 10% parece un mal menor para algunos.
SUVs y berlinas: el cambio de tendencia
El mercado refleja el dominio del SUV: BMW con el característico plástico negro en la zaga, Mercedes de gama alta y, entre las berlinas, el Tesla arrasa con el 90% de las ventas. Marcas low cost como Dacia y MG también ganan terreno, aunque en el segmento de renting de lujo se imponen los alemanes. La paradoja es que estos coches, muchos de ellos con motores diésel o gasolina, conviven con la narrativa ecologista oficial.
Una pregunta abierta
Si el renting de alta gama es tan rentable, ¿por qué no todo el mundo opta por él? La respuesta está en el tipo de contrato: no todos los empleados tienen acceso a estos beneficios, y quienes lo hacen suelen estar en los tramos más altos del IRPF. La fiscalidad no solo no redistribuye, sino que empuja a los que más ganan a esquivar el impuesto vía consumo en especie. Mientras, el ciudadano medio paga su coche con dinero ya gravado. Algo no cuadra.