Rusia abre la puerta a los que quieren huir del neoliberalismo
Un decreto firmado por Vladimir Putin permite a extranjeros solicitar residencia temporal en Rusia si alegan escapar de países «neoliberales destructivos» y abrazar los valores tradicionales rusos. La propuesta, difundida en redes y recogida en un foro de preparacionismo, ha desatado una discusión que mezcla fantasía migratoria, fe ortodoxa y cuentas de la lechera. El gancho es potente: mujer cristiana tradicional, muchos hijos, vida longeva. El problema es que nadie ha enseñado todavía la letra pequeña.
Qué dice exactamente el decreto de Putin
El texto, según el mensaje que abre el asunto, ofrece residencia temporal a extranjeros que quieran escapar de sus países «neo-liberales destructivos» y abrazar los valores «tradicionales» rusos. La propuesta se presenta como una vía rápida para instalarse, formar familia y criar descendencia lejos de lo que aquí llaman el agujero otanico. Hasta ahí, el relato.
La conversación deriva pronto hacia el terreno práctico. Hay quien recuerda que al llegar te alistan al ejército. Hay quien apunta que no todo el mundo vale para vivir en un sitio así, y cita como prueba que ni las carreteras están asfaltadas. La infraestructura, el clima y la burocracia aparecen en cada tramo del intercambio, casi siempre para rebajar el entusiasmo inicial.
La fantasía de la mujer rusa tradicional
El imaginario que sostiene la propuesta tiene su propia mitología: la mujer rusa de 23 años, virgen, que se enamora de un español sin trabajo ni idioma, cuyo padre le entrega parte de sus ahorros y una casa de tres habitaciones para que tenga descendencia. El salario mínimo, se asegura en tono de broma, triplica el español. Cualquier dato distinto es propaganda de la OTAN.
El relato no resiste el contacto con los números. Los divorcios en Rusia duplican la tasa española y la tasa de homicidios multiplica por diez la de España, según los datos que se citan en la conversación. La esperanza de vida no acompaña. La imagen de la esposa abnegada que lava y cocina de rodillas se desmonta con la misma facilidad que se construyó.
El cálculo que nadie termina de cuadrar
La parte económica es donde el entusiasmo se agrieta. Se habla de familias centroeuropeas que ya se han instalado en Rusia y Paraguay, de tomates con una pinta estupenda y de una vida sin Monsanto, Bayer, Nestlé, Danone ni farmacéuticas. El paraíso prepper incluiría leche recién ordeñada, bayas en la dacha y un Lada Niva para volver a la ciudad soviética.
El desglose completo de lo que costaría montar esa vida, con casa, transporte y manutención, da una diferencia que sorprende a quien lo lee con calculadora. La conversación lo deja apuntado sin cerrarlo. La brecha entre el sueño y la cuenta queda abierta.
La ortodoxia como puerta de entrada
El factor religioso vertebra buena parte del intercambio. Convertirse a la ortodoxia se presenta como la mejor decisión de una vida, y se admite al converso con un «alabado sea el Señor». Frente a eso, la crítica al catolicismo se articula en torno a la supuesta adoración del Papa, un argumento que desde el otro lado se considera tergiversación: durante dos mil años, la mayoría de los fieles ni se enteraba de cuándo había un Papa nuevo.
La discusión deriva hacia los cismas entre Oriente y Occidente, que se describen como una discusión entre hermanos que se hablan lo justo. La broma dura demasiado por culpa de terceros, se dice. El protestantismo, el anglicanismo y el evangelismo quedan fuera del paraguas.
El cebo para desencantados
La propuesta de Putin se lee en clave de captación. Se habla de cebo para incautos, de documentales de Canadá o Escocia en verano, de un paraíso que es mil veces más pobre y más duro. La advertencia se repite: en cuanto llegues, te alistan. La residencia temporal no es un billete sin retorno, pero el retorno tampoco está garantizado.
El consenso, si existe, es que la oferta funciona mejor como espejo del malestar occidental que como proyecto migratorio real. La pregunta que queda en el aire no es si Rusia es un buen destino. Es por qué tantos necesitan creer que lo es.
Dato que descoloca: la tasa de divorcios rusa duplica la española y la de homicidios la multiplica por diez, según los datos que se manejan en la conversación. El paraíso tradicional tiene números.