Viaje real a una Ceuta invadida por fragatas que no pateras (Francisco Rosell en El Debate)

Viaje real a una Ceuta invadida por fragatas que no pateras (Francisco Rosell en El Debate)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La visita de Felipe VI y Doña Letizia a Ceuta llegó 75 días después de la entrada masiva del 30 de julio de 2026, mientras el Gobierno mantenía sin desclasificar la incursión de buques de guerra marroquíes en aguas de la ciudad. La oposición y parte de la prensa sostienen que Pedro Sánchez ocultó esa información a la opinión pública y al Parlamento.

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La visita de Felipe VI y Doña Letizia a Ceuta llegó 75 días después de la entrada masiva del 30 de julio de 2026, mientras el Gobierno mantenía sin desclasificar la incursión de buques de guerra marroquíes en aguas de la ciudad. La oposición y parte de la prensa sostienen que Pedro Sánchez ocultó esa información a la opinión pública y al Parlamento.

La visita de los Reyes a Ceuta se produjo el 14 de octubre de 2026, 75 días después de la entrada masiva de personas que la ciudad vivió el 30 de julio de ese mismo año. Felipe VI y Doña Letizia llegaron cuando el Gobierno consideró oportuno, según la versión que maneja la oposición, y lo hicieron a una ciudad que su presidente, Juan Jesús Vivas, describió como «una olla a presión a punto de estallar». Durante esas semanas, los ceutíes vivieron, siempre según esa misma versión, en la mayor de las inseguridades.

La marcha del 30 de julio y las fragatas que no se contaron

La entrada del 30 de julio de 2026 se produjo por tierra, mar y aire. No fueron solo pateras: según los datos que maneja la oposición, buques de guerra marroquíes se adentraron en aguas de Ceuta para escoltar la operación, guiada por la gendarmería de Marruecos y monitorizada por militares que penetraron en la ciudad para coordinar lo que describen como una quinta columna. También se detectaron drones sobrevolando el cielo ceutí. La cifra que se repite es la de 80.000 personas, hijos de Mohamed VI según esa lectura, en lo que se ha llamado la «marcha azul».

El Gobierno español, siempre según esa versión, calificó lo ocurrido como «crisis migratoria» y no como violación de la integridad territorial, pese a que el propio Sánchez había usado esa expresión antes de marcharse de vacaciones al Palacio de la Mareta. La comunicación de la incursión naval se difirió hasta el jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas. El Ejecutivo no desclasificó documento alguno que mencionara la presencia de esos buques, pese a que el 3 de septiembre Sánchez proclamó que había ordenado «publicar todos los informes».

El informe filtrado y la estrategia del viernes de la basura

La revelación de la incursión naval llegó a través de una filtración del Ejecutivo al diario El País, según la versión que sostiene la oposición. El dato se confirmó en los corrillos de la recepción del Palacio Real, en la víspera del Día de la Fiesta Nacional, cuando Felipe VI se preparaba para presidir el desfile de las Fuerzas Armadas. La Moncloa habría usado la estrategia que en Estados Unidos se conoce como «viernes de la basura»: sacar en fin de semana o en jornada feriada los asuntos más engorrosos para que su impacto quede amortiguado.

Sánchez había atribuido la crisis de Ceuta a las mafias y a campañas de desinformación «asociadas tanto a Rusia como a Israel». También culpó a «una internacional ultraderechista que utiliza siempre la migración» contra España y Europa. La filtración, sin embargo, apuntaba a una operación militar marroquí con escolta naval, no a una simple crisis migratoria. El Gobierno no ha desclasificado los documentos que acreditarían esa incursión.

Lo que la juez Tardón y los servicios de inteligencia tienen sobre la mesa

La jueza de la Audiencia Nacional María Tardón atesora, según la versión que maneja la oposición, dosieres que demostrarían que el Centro Nacional de Inteligencia, la Guardia Civil, la Policía y las Fuerzas Armadas sí informaron de la irrupción. El Gobierno, sin embargo, no habría actuado. Ni el Ejecutivo español ni las Cortes han condenado el asalto a Ceuta, a diferencia de la Comisión Europea y de su Parlamento, según esa misma lectura.

La desclasificación sesgada de papeles cifrados habría tenido un daño colateral: dejar al descubierto a los servicios de inteligencia españoles ante terceros países. Es un error mayúsculo, sostiene la oposición, de quien trata de arroparse dejando sin manta a quienes preservan el Estado. El presidente del «¡Pregunten a Vivas!» queda así comprometido, tras ser pillado, según esa versión, haciendo trampas con su butrón a la ley de nietos, paralizada por el Tribunal Supremo con el argumento de que por encima del derecho al voto de los nuevos nacionalizados debe prevalecer la limpieza en el censo.

El papel del Rey y el desgaste de Sánchez

Felipe VI carece de poderes ejecutivos, como en toda monarquía constitucional, pero no debe renunciar a su rol de cabeza de la nación de la mano del ejemplo y de la ejemplaridad, justo aquello de lo que carece quien denigra el cargo, según la versión que sostiene la oposición. La visita a Ceuta fue recibida con éxito entre una población huérfana de quienes representan la nación, al igual que ocurrió en la Cataluña constitucionalista del 1-O de 2017, cuando el Rey dio calor con su «no estáis solos».

Sánchez, según esa misma lectura, no se lo perdonará a Don Felipe. La oposición sostiene que el presidente del Gobierno padece el síndrome de la madrastra con Blancanieves y que no tolera que el Rey cumpla su función sin poderes ejecutivos. Mientras, el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, ha quedado, según esa versión, para justificar en Derecho cualquier tropelía de Sánchez, y más cuando este se juega el ser o no ser en unas elecciones plebiscitarias con las que entronizarse autócrata.

Datos clave
  • La visita de Felipe VI y Doña Letizia a Ceuta se produjo el 14 de octubre de 2026, 75 días después de la entrada masiva del 30 de julio de 2026.
  • Según la versión que maneja la oposición, buques de guerra marroquíes se adentraron en aguas de Ceuta para escoltar la operación, guiada por la gendarmería de Marruecos.
  • El Gobierno ocultó durante 74 días la incursión naval y no desclasificó documento alguno que la mencionara, pese a que Sánchez dijo el 3 de septiembre que había ordenado «publicar todos los informes».
  • La jueza de la Audiencia Nacional María Tardón atesora dosieres que demostrarían que el CNI, la Guardia Civil, la Policía y las Fuerzas Armadas sí informaron de la irrupción.
  • El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, describió la situación como «una olla a presión a punto de estallar».
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Viaje real a una Ceuta invadida por fragatas que no pateras​

14/10/2026

Francisco Rosell-El Debate
  • Un Rey que carece de poderes ejecutivos como en toda Monarquía Constitucional no debe renunciar a su rol de cabeza de la nación de la mano del ejemplo y de la ejemplaridad, justo aquello de lo que carece quien denigra el cargo.
Después de un viaje real demorado en exceso tras la oleada turística del 30 de julio por medio de la «marcha azul» de los 80.000 descendientes de Mohamed VI, Don Felipe y Doña Letizia realizaron ayer su visita a Ceuta cuando la conveniencia del Gobierno así lo ha considerado. Para ello, los monarcas han debido aguardar 75 días en el que los caballas han vivido en la mayor de las inseguridades. «Una olla a presión a punto de estallar», según su presidente Juan Jesús Vivas, tras rendir Pedro Sánchez sus fronteras al sultán ante el que se postra desde el hackeo de su teléfono móvil en mayo de 2021 al detectar Jovenlandia la presencia en España del jefe del Frente Polisario, Brahim Gali, quien recibía atención médica en Logroño, lo que propició el asalto masivo de aquel mismo año.

Empero, al estar en su naturaleza de escorpión, Sánchez había aprovechado la víspera para efectuar la voladura controlada de la ocultación durante 74 días de que buques de guerra ingenieros se hubieran adentrado en aguas de Ceuta para escoltar esta operación de guerra híbrida guiada por la gendarmería ingenieros y monitorizada por militares alauitas que peine de extranjis para comandar la quinta columna que desestabiliza la ciudad para hacerla invivible. En suma, un ataque en toda regla por tierra, mar y aire con soldados vestidos de emigrantes, con fragatas en vez de pateras y con drones surcando el cielo.

Aunque en España no se use la fórmula británica del Gobierno de Su Graciosa Majestad, a Felipe VI no le debió hacerle ninguna gracia desayunarse el Día de la Fiesta Nacional con esta filtración del Ejecutivo al diario gubernamental El País a la espera de verse las caras con el presidente más abucheado de la historia en el desfile de las Fuerzas Armadas. Para tal propósito, la Moncloa ha usado nuevamente la estrategia de comunicación que, en EE.UU., se denomina «viernes de la […]», esto es, sacar en fin de semana o en jornada feriada los asuntos gubernamentales más engorrosos para que su impacto quede amortiguado al estar la gente más pendiente de tareas lúdicas o familiares.

Certificando por enésima vez ser un mentiroso compulsivo, tal revelación pone de manifiesto que Sánchez engañó a la opinión pública, así como al Parlamento, al hurtarle esta incursión naval y al no desclasificar documento alguno que la mencionara, pese a proclamar aquel 3 de septiembre que había ordenado «publicar todos los informes». Después de blasonar de «absoluta transparencia para que se sepa la verdad», se valía de los corrillos de la recepción del Palacio Real para confirmar a hurtadillas un dato de esa gravedad después de haber endilgado la crisis de Ceuta a las mafias, así como a campañas de desinformación «asociadas tanto a Rusia como a Israel». Al mismo tiempo, como habitúa, culpaba a «una internacional ultraderechista que utiliza siempre la migración» contra España y Europa para dividirlas.

Al contrario de otros regímenes de opinión pública, se privó a los españoles de esta grave contingencia para que el dato no cancelar el relato del Gobierno sobre una oleada turística que rebajaba a «crisis migratoria», luego de manifestar Sánchez antes de marcharse al Palacio de la Mareta de vacaciones que se trataba de una abusa de la integridad territorial de España, para no molestar a Jovenlandia. De hecho, se difirió esa comunicación hasta el jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas, lo que ahora se utiliza para restar importancia a lo ocurrido. Cosas que pasan cuando se comunica al instante cualquier intervención de ese jaez de los militares españoles desplazados a otros países.

Como era evidente, 80.000 personas no se mueven por Jovenlandia como Pedro por su casa sin ser divisados por sus servicios de seguridad a 20 kilómetros del lugar donde Mohamed VI festejaba la Fiesta del Trono ni tampoco por los espías españoles que retrataron a los gendarmes custodiando los convoyes que transportaban a los acarreados. Todo ello para darle a Sánchez su dosis de refuerzo por reunirse con el primer ministro argelino y por tramitar, a instancias de Sumar, la naturalización de los descendientes del antiguo Sáhara español contra el que su padre lanzó la «marcha verde» en 1975 durante la agonía de Franco y con don Juan Carlos como jefe de Estado en funciones.

Sin embargo, con más miedo que siete viejas, aunque lo disimule con aire pendenciero y matón, Sánchez ha debido ponderar, al cabo de estos 54 días de bulos desplegados por doquier, que mejor anticiparse a la juez de la Audiencia Nacional, María Tardón. No en vano, la magistrada atesora dosieres que demostrarían que el Centro Nacional de Inteligencia, la Guardia Civil, la Policía y las Fuerzas Armadas sí informaron de la irrupción sin que el Gobierno decidiera actuar por razones que mueven a la sospecha. DE hecho, a diferencia de la Comisión Europea y de su Parlamento, ni el Gobierno español ni las Cortes han condenado el asalto a Ceuta para soslayar la responsabilidad de Jovenlandia tras encomendársele la custodia de su reaccionarioda sur.

Pero el disparate ha adquirido visos de parodia al volverse contra Sánchez como un bumerán su sesgada desclasificación de papeles cifrados infligiendo el daño colateral de desabrigadar a los servicios de Inteligencia españoles ante terceros países. Un error mayúsculo de quien, por sistema, trata de arroparse dejando sin manta a quienes preservan el Estado al no haber otro que el suyo propio.

El presidente del «¡Pregunten a Vivas!» se ve así comprometido tras ser pillado nuevamente haciendo trampas como con su butrón a la ley de nietos paralizada por el Tribunal Supremo con el argumento inapelable de que, por encima del derecho al voto de los nuevos nacionalizados, debe prevalecer la limpieza en el censo al ser «un valor supremo del que deben despejarse las más mínimas dudas de irregularidad». Pero Sánchez va de trampa en trampa hasta ver si evita su derrota final mientras reclama con desespero el auxilio del presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido. Diríase que casi con los tintes de comicidad de aquel ochentero anuncio televisivo «Rupert, te necesito» con el que el peluquero de las estrellas se catapultó a la fama junto a la actriz Victoria Abril. No en vano, con su enlodada toga, ha quedado para justificar en Derecho cualquier tropelía de Sánchez, y más cuando este se juega el ser o no ser en unas elecciones plebiscitarias con las que entronizarse autócrata.

Dado el éxito cosechado ayer por los Reyes ante una población huérfana de quienes representan la nación, al igual que la Cataluña constitucionalista del 1-0 de 2017 a la que también supo dar calor con su acogedor «no estáis solos», no hay que descartar que Sánchez no se lo perdone a Don Felipe al padecer el síndrome de la madrastra con Blancanieves. Un Rey que carece de poderes ejecutivos como en toda Monarquía Constitucional no debe renunciar a su rol de cabeza de la nación de la mano del ejemplo y de la ejemplaridad, justo aquello de lo que carece quien denigra el cargo.
 

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