Almeida cae en una broma rusa con un falso alcalde de Kiev
Una videollamada de
17 minutos. A un lado, el alcalde de Madrid,
José Luis Martínez-Almeida, convencido de estar hablando con el regidor de Kiev. Al otro, dos bromistas rusos con un vídeo manipulado del edil ucraniano y un correo con una dirección casi idéntica a la oficial. El resultado se ha difundido: el regidor madrileño pide
castigar a los rusos en España y opina sobre Stepan Bandera sin sospechar que todo es una
encerrona.
Cómo se cuela una videollamada falsa
El montaje no fue un simple corte de teléfono. Los autores habrían enviado un anzuelo con una dirección de correo falsa muy similar a la institucional y, del otro lado, colocaron un vídeo generado del alcalde de Kiev que parecía intervenir en directo. Nada delata el truco a primera vista: la conversación avanza, el falso interlocutor responde y el regidor madrileño sigue el guion que le proponen.
Es el patrón clásico del engaño llevado a la videollamada. Antes bastaba una voz impostada; ahora basta una
cara sintética en una pantalla. Los mismos autores ya habrían gastado una jugada parecida con la exministra Dolores de Cospedal, que también cayó. La técnica no cambia: buscar un cargo público, simular autoridad y dejar que el interlocutor real llene el silencio con lo que no debería decir.
Qué llegó a decir el alcalde
En los extractos que circulan, Martínez-Almeida sostiene la necesidad de castigar a los rusos en España sin distinguir entre civiles y responsables políticos. Es la frase más repetida y la que ha levantado más revuelo: hay quien señala que no hablaba de criminales de guerra, sino de
un colectivo entero. El matiz no es menor en plena discusión sobre las medidas contra los nacionales rusos. El regidor habría seguido el juego hasta el final, sin cortar ni pedir verificación alguna, un detalle que se subraya tanto como las propias declaraciones.
También aparece el nombre de Stepan Bandera. Según la broma, le cuelan que el dirigente nacionalista ucraniano fue un icono gay y que murió hace décadas; el alcalde reacciona con una condolencia tardía cuando le aclaran que está muerto. Otro tramo recoge el momento en que se enreda con el inglés y confunde «
parade» con «
festival», justo mientras intenta aparentar soltura en el idioma.
Bandera, un nombre que el alcalde no ubicó
Bandera es el dirigente nacionalista que la propaganda soviética convirtió en enemigo público y que hoy tiene estatuas en varias ciudades de Ucrania. En el vídeo, el regidor parece no situarlo con precisión: le dicen que fue un icono gay, que está muerto y hasta le atribuyen un papel en la persecución de judíos, y sigue la conversación sin corregir el rumbo. Hay quien lo achaca a desidia y quien lo atribuye, simplemente, al desconocimiento de la historia del este de Europa.
De propina, una duda más terrenal que circula entre los comentarios: si
Bandera es un apellido común en Ucrania y de dónde procede, porque a oído suena más español o latino que eslavo. La anécdota resume bien el nivel de la discusión: un episodio internacional reducido a la onomástica.
La parte que no se ve en el corte viral
Hay quien sostiene que el fragmento más compartido recorta una porción del vídeo completo. En esa otra parte, según esta versión, el regidor hablaría de mandar ucranianos de Madrid a la guerra y del rechazo a los refugiados que huyen del conflicto. La tesis es que el corte que corre por redes tapa lo más comprometedor. No hay confirmación independiente de ese extremo, y el vídeo íntegro —más de un cuarto de hora— es lo único que permitiría comprobarlo. Mientras tanto, la pieza corta sigue circulando sin contexto.
Del cachondeo a la petición de cese
La respuesta no tiene término medio. Una parte del público se lo ha tomado a broma y celebra que un cargo público quede retratado en directo; otra exige consecuencias y reclama directamente su salida del partido. También hay quien pide llevar el asunto a los tribunales por
delito de odio, una vía que se sugiere más de lo que se concreta. Y no falta la lectura de fondo: que un engaño así no descubre nada nuevo, solo confirma lo que ya se pensaba.
A los bromistas se les atribuye haber preguntado al alcalde por un apodo burlesco con el que se le conoce, un detalle que ha disparado la difusión. En paralelo ha circulado otra pieza, ajena al vídeo, sobre la vida personal del regidor y una oferta de una aplicación de citas para echarle una mano.
Anécdota de segundo plano, pero combustible para el mismo incendio.
El punto exacto donde se atasca
El vídeo se queda donde estaba: circulando, sin que nadie haya explicado del todo cómo un correo falso llegó hasta la agenda oficial del alcalde de Madrid. Ni quién responde por ello. El episodio reabre además la pregunta incómoda: hasta qué punto un cargo electo está preparado para distinguir una llamada institucional de un montaje. La broma ya está hecha; lo que falta saber es qué institución asume el ridículo.