Vox pidió por ley vacunar a los niños y ahora dice lo contrario
¿Sigue
Vox defendiendo la vacunación infantil obligatoria que llegó a reclamar? La pregunta, formulada sin rodeos, recorre un asunto que muchos votantes del partido prefieren no recordar: en plena pandemia, la formación de Santiago Abascal respaldó que la inmunización de los menores fuera exigible por ley. Hoy, cuando el foco público se ha desplazado a la ponzoña del coronavirus y a su gestión, ese apoyo se ha diluido hasta desaparecer del relato oficial. Los datos disponibles apuntan a un cambio de posición que nadie firma en voz alta.
Qué pidió exactamente Vox sobre la vacunación infantil
El punto de partida es una exigencia que quedó registrada en el programa electoral y en declaraciones de sus responsables:
la vacunación obligatoria de los niños. No se trataba de una recomendación sanitaria ni de un consejo a las familias. Era una imposición legal. La formación llegó a defenderla con la misma energía con la que después criticó los confinamientos y los certificados COVID. Ese doble rasero es el que sostiene la polémica.
Hay quien sostiene que aquel respaldo fue circunstancial, fruto de la presión mediática de 2021, y que el partido nunca tuvo intención real de legislar en ese sentido. En contra pesa un argumento difícil de esquivar:
la vacunación obligatoria figuró en el programa, y un programa no es una opinión de sobremesa. Es un compromiso que se firma ante los votantes.
La controversia se agrava cuando se compara el tratamiento que Vox dio a la vacuna infantil con el que dio a la vacuna de la COVID para adultos. En el primer caso, la obligatoriedad se asumía sin aspavientos. En el segundo, se convirtió en bandera de la libertad individual. La coherencia, en política, es un bien escaso; aquí, directamente, brilla por su ausencia.
El papel de los cargos que ya no están
Buena parte del respaldo a la vacunación obligatoria se atribuye a
responsables que ya han abandonado la formación. Es el caso de quien fuera portavoz o figura destacada en aquel periodo, y que defendía la medida frente a las críticas de las bases más libertarias. Ese perfil, hoy fuera del partido, permite a la dirección actual tomar distancia sin asumir el coste de una rectificación formal.
La maniobra tiene un nombre:
olvido selectivo. No se desmiente la posición anterior, no se explica el cambio, simplemente se deja de mencionar. Y funciona, porque el votante medio no guarda un archivo de programas electorales en la mesilla de noche. La memoria política es frágil, y los partidos lo saben.
Por qué el votante de Vox prefiere no hablar de esto
La incomodidad es evidente. Una parte del electorado de Vox se identifica con el discurso de la libertad individual, la oposición a los confinamientos y la desconfianza hacia las farmacéuticas. Recordar que su partido pidió vacunar a los niños por ley les sitúa en una posición incómoda: o aceptan la contradicción, o reniegan de su propio voto.
La salida más habitual es la del
y tú más. Se responde que el PSOE hizo lo mismo, que el PP también, que todos los partidos apoyaron la vacunación infantil. Es cierto. Pero eso no resuelve el problema de fondo: si todos los partidos defendieron lo mismo, ¿dónde queda la supuesta alternativa que Vox representa?
El cálculo más optimista para la formación asume que el asunto se ha diluido con el tiempo y que ya nadie lo relaciona con su programa. El escenario pesimista parte de una realidad distinta:
cada vez que se recupera el tema, el daño reputacional se renueva. Y hay quien se encarga de recuperarlo periódicamente.
La vacunación obligatoria que sigue en el programa
La pregunta clave no es si Vox cambió de opinión, sino si ese cambio se ha traducido en un cambio normativo o programático. Los datos disponibles apuntan a que
la vacunación obligatoria sigue en el programa, o al menos no consta una rectificación pública. Es decir: lo que se critica no es una posición pasada, sino una posición que podría seguir vigente.
Eso convierte la polémica en algo más que un ajuste de cuentas histórico. Es una advertencia sobre lo que el partido podría hacer si llegara a gobernar con capacidad legislativa. La vacunación infantil obligatoria no es una medida baladí: afecta a la libertad de las familias, a la objeción de conciencia y al papel del Estado en la salud de los menores.
Quienes defienden la medida argumentan que la inmunización colectiva protege a los más vulnerables y que la obligatoriedad es la única forma de garantizar coberturas altas. Quienes la critican sostienen que
la libertad individual no se negocia, y que un partido que se dice liberal no puede imponer tratamientos a menores. La tensión está servida.
El coste político de la amnesia selectiva
La amnesia selectiva tiene un coste. No inmediato, no medible en encuestas semanales, pero sí acumulativo. Cada vez que un votante descubre que su partido defendió lo contrario de lo que dice defender, la confianza se resquebraja un poco más. Y en política, la confianza es el único activo que no se puede comprar con marketing.
El problema para Vox no es haber apoyado la vacunación obligatoria. El problema es no haber explicado nunca por qué cambió de posición.
Rectificar es de sabios, dice el refrán. Pero rectificar en silencio, sin asumir el coste, es otra cosa. Es lo que algunos llaman
veleta, y otros, simplemente, política.
Con estos mimbres, la pregunta inicial sigue sin respuesta clara. ¿Sigue Vox apoyando la vacunación obligatoria de los niños? Oficialmente, nadie lo aclara. Extraoficialmente, el silencio es la respuesta. Y el silencio, en política, casi nunca es inocente.