Waters llama «criminal de guerra» a Biden por Ucrania
En las pantallas gigantes que presiden sus conciertos por
Estados Unidos, el nombre de
Joe Biden aparece en una lista junto al de Donald Trump. La etiqueta que comparten es la de «criminal de guerra», y quien la firma es Roger Waters, cofundador de Pink Floyd. En una entrevista emitida por
CNN, el músico británico defendió ese cartel sin matices y convirtió su gira estadounidense en un alegato contra la política exterior de Washington.
Waters no se anduvo por las ramas. Preguntado por qué coloca al presidente estadounidense en esa lista, respondió que, «para empezar, está echando leña al fuego en Ucrania». Ese gesto, dijo, ya constituye «un gran crimen». Y lanzó una pregunta al entrevistador: por qué Washington no anima a
Volodímir Zelenski a negociar, eliminando así la posibilidad de que la guerra siga matando a ucranianos y rusos sin que nadie sepa cuántos.
¿Por qué culpa Waters a la OTAN de la guerra de Ucrania?
Su respuesta sitúa el origen del conflicto mucho antes de la invasión. Cuando el periodista le reprochó que acusara a la parte invadida de generar la violencia, Waters se remontó a
2008 y atribuyó la guerra a «las acciones y reacciones de la OTAN avanzando hasta la frontera rusa». Su tesis es que esa expansión rompió una promesa: la que, según él, se hizo a
Mijaíl Gorbachov cuando negoció la retirada soviética de toda la Europa del Este.
Esa lectura —el conflicto como pulso estratégico y no como agresión aislada— vertebra buena parte de su discurso. Negó también el papel de Estados Unidos como «país liberador», y al recordarle el entrevistador su intervención en la Segunda Guerra Mundial, replicó que la Casa Blanca mantuvo posturas
aislacionistas hasta el bombardeo de Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Añadió el dato que usa como contrapeso moral: «23 millones de soviéticos murieron protegiéndonos a usted y a mí de la amenaza nazi».
Taiwán, Pelosi y la pregunta con la que desarmó a CNN
La conversación derivó hacia la tensión alrededor de la isla de Taiwán, agravada tras la visita de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes,
Nancy Pelosi. A ese gesto, Pekín respondió con simulacros militares calificados de «sin precedentes» y con un paquete de medidas económicas contra Estados Unidos. Waters lo tiene claro: «Taiwán es parte de China», sostiene, y afirma que ese punto fue aceptado por la comunidad internacional «desde 1948».
Al periodista que le objetó el historial chino en derechos humanos le devolvió una pregunta incómoda: si fueron los chinos quienes invadieron Irak en
2003 o quienes provocaron hasta un millón de muertos en aquella operación. Ese contraste entre lo que se juzga y lo que se silencia es, probablemente, el argumento que más ha trascendido de sus declaraciones.
Por qué incluye también a Trump en la lista
El cartel de Waters no distingue colores políticos: Biden y Trump comparten acusación. Entre las explicaciones que circulan, una apunta al respaldo del expresidente a Israel y a la afinidad del músico con la campaña de boicot propalestina; otra sostiene que sitúa a ambos para no ser tildado de partidista y blindarse ante la izquierda. El propio Waters no zanja el asunto en la entrevista, y esa ambigüedad es, a la vez, su coartada y su mayor contradicción.
El choque por el Tíbet y sus cifras
El frente más bronco llegó con el Tíbet. Frente a quienes defienden la soberanía china, se esgrime una cronología: territorio libre en
1912 después de haber pasado por protectorados de mongoles, chinos y británicos, e invadido en
1950 por la China comunista. Las cifras que se manejan —atribuidas a fuentes críticas con Pekín y rechazadas por el gobierno chino— hablan de más de
6.000 monasterios destruidos y saqueados, y de entre 80.000 y 430.000 muertos según se tome el cálculo más conservador o el del gobierno tibetano en el exilio. Se citan además unas 200.000 personas fallecidas en campos.
Ninguna de esas magnitudes es pacífica. Hay quien recuerda que el Tíbet fue un territorio atravesado por guerras civiles y por un sistema en el que los lamas trataban a sus siervos con extrema dureza, lo que rebaja el relato de un paraíso espiritual arrasado. La discusión sirve, en todo caso, para medir el rasero: se juzga una invasión en la frontera con la misma dureza que un bombardeo a
10.000 kilómetros de distancia.
Quién es Roger Waters y por qué incomoda
No es un recién llegado a la política. Ya en
The Final Cut dejó una línea sobre Afganistán, y su activismo le ha llevado a subastar guitarras —algunas piezas únicas— para causas climáticas. Dejó Pink Floyd hace casi cuatro décadas, así que sus opiniones van por libre y no comprometen a la banda.
Su perfil descoloca porque rompe el eje habitual. Coloca a Biden y a Trump en el mismo cartel, critica a unos y a otros y niega el relato oficial de su propio país. Para unos es un tipo bienintencionado que por fin se ha documentado; para otros, un músico rico repartiendo lecciones morales desde la comodidad de un escenario.
En las pantallas de la gira, Biden y Trump comparten cartel bajo la misma acusación. Una raya que, en tiempos de bandos tan nítidos, casi nadie se atreve a trazar.