Comisiones de hasta el 20% y cuatro días sin apenas pujas en eBay
Publicar un anuncio en eBay se ha convertido en un trámite burocrático con trampa al final. Hay que entregar el DNI y la fecha de nacimiento; después, cuando uno cree que ha terminado, aparece una pantalla que activa por defecto la difusión del anuncio en otras plataformas y que añade un cargo de hasta cinco euros si no se desactiva. Con los anuncios ya colgados, el balance de cuatro días es de pocas visitas y una única puja. El diagnóstico que circula entre quienes venden de forma particular es contundente:
las plataformas de segunda mano han matado el negocio antes de que empiece.
¿Cuánto se lleva eBay de cada venta?
La cifra que más se repite es el
11,5% para vendedores particulares, independientemente de la categoría, con comisiones de publicación de 0,35 euros que solo se aplican a partir de 150 anuncios mensuales. Otras estimaciones suben el listón hasta el
20% en las categorías consideradas más abusivas y calculan que a la comisión base se suma un importe fijo de 0,35 euros por venta y un 21% de IVA aplicado al total de las comisiones. El 12% clásico sobre el precio y los gastos de envío queda ya como el escalón barato.
Hay más capas. Si la dirección de entrega del comprador está fuera de la Eurozona, se añade una tarifa internacional que va del
1,45% al 3,99%. Para profesionales, ciertas categorías como tecnología bajan hasta el 5%, lo que alimenta la sospecha de que el particular paga el pato que no paga la tienda. El desglose completo por categorías y países deja una conclusión incómoda: vender caro aún compensa, vender barato es regalar dinero.
El artículo de 2 euros que sale a perder
El golpe más duro lo reciben los artículos de poco valor.
Vender un pin o un playmobil por dos euros puede terminar en pérdidas después de sumar comisión, importe fijo y gastos de envío. La consecuencia es un corrimiento masivo: quienes colocaban piezas sueltas de coleccionismo han ido bloqueando también la venta al extranjero porque acababan perdiendo dinero con el cambio de divisa y las tarifas añadidas.
Hay quien echa cuentas en voz alta y le sale que
sacar dos euros por una revista exige dos horas de preparación entre fotos, medidas, peso y descripción. Con ese jornal, no hay negocio. Y sin negocio, el género acaba en la basura o en un armario, que es exactamente lo contrario de lo que prometía la segunda mano digital.
Pujas que no se pagan y devoluciones fantasma
El segundo frente es el del impago.
Ganar una puja y desaparecer deja el artículo bloqueado, sin poder recolocarlo y con la venta parada. La respuesta habitual es activar la cancelación automática de compras impagadas a los cuatro días, informar del incumplimiento y bloquear al comprador, con la esperanza de que a la segunda acumule suficiente historial para que le cierren el perfil.
En el lado opuesto del mostrador, el vendedor queda expuesto cuando hay disputa.
Perder un litigio puede costar el artículo, el dinero y una comisión extra, con saldo negativo en cuenta como guinda. Sobre el fraude organizado circulan relatos de devoluciones que llegan vacías en compras de monedas y piezas caras, siempre en versión de quien lo cuenta y sin resolución conocida.
La época en la que en eBay se sacaban 10.000 euros por semana
La nostalgia es un género literario propio. Hubo un tiempo en que comprar denarios a 25 o 30 euros en un mercadillo y revenderlos a 200 o 300 en la plataforma era rutina. Se habla de
semanas de 10.000 euros limpios y de una cohorte de vendedores profesionales que hoy se cuentan con los dedos de una mano, según quienes los conocían.
Entre medias pasó de todo: la obligación de usar una pasarela de pago con comisión propia, la eliminación de la posibilidad de puntuar negativamente al comprador, la atención automatizada con respuestas copiadas y pegadas, la retirada de anuncios y cuentas sin explicación y episodios absurdos, como el de las monedas de una zona sasánida bloqueadas por corresponder a un país bajo embargo internacional. El resultado fue un éxodo en oleadas que se aceleró tras la pandemia, cuando llegaron nuevos métodos de pago y nuevas comisiones.
Wallapop tiene el tráfico, no la solución
La alternativa natural es la aplicación de segunda mano con más visibilidad en España, y ahí el problema cambia de forma pero no desaparece. Su servicio de pago añade una comisión con seguro, el regateo es constante y las preguntas ignoran lo que está escrito en el anuncio: medidas, peso, disponibilidad y precio no negociable se preguntan igual.
¿Sigue en venta? se ha convertido en el mensaje más enviado y menos contestado del país.
Aun así, hay consenso en un punto: sin tráfico no hay venta, y ese tráfico está ahí. Para piezas voluminosas o de recogida en mano sigue funcionando, con el rito del encuentro en una gasolinera con cámaras y a horas intempestivas para cerrar antes de entrar a trabajar.
Correos y los paquetes que llegan de China por menos de 5 euros
Queda el último eslabón: el envío.
Las tarifas postales han jodido las ventas tanto como las comisiones, y el contraste con los paquetes que llegan desde Asia con el artículo incluido por menos de cinco euros es demoledor. Si el coste de mover el paquete supera el valor de lo que va dentro, ninguna plataforma arregla el problema.
Ahí se atasca todo. Con estos números, media España tendría un armario lleno de dinero sin liquidar y ninguna vía rentable para convertirlo en efectivo. La conclusión de quien lleva años en esto no es una queja: es que trabajar para las plataformas y para el mensajero sale, directamente, más caro que no vender.