El barranco del Poyo y la Albufera: hacia dónde fue el agua
¿Dónde están los desaparecidos? La pregunta lleva días sin respuesta oficial y con una hipótesis que sostienen varios foreros: el grueso de los cuerpos arrastrados acabó en el parque natural de
la Albufera y en las playas. El barranco del Poyo atravesó las poblaciones más castigadas por la riada y desemboca ahí. Pasada la primera semana, la cifra de fallecidos confirmados rondaba los
217, un número que algunos participantes consideran irrisorio frente a la magnitud del destrozo.
El barranco del Poyo, un embudo hacia el humedal
El razonamiento es geográfico. El cauce del Poyo cruza los municipios con más daños personales y materiales, y su salida natural es el humedal. Con caudales que un forero estima en
2.000 m³/s, sostiene que en el cauce no queda ni el polvo: todo va abajo. A partir de ahí se abren varios destinos: el propio lago, los arrozales anegados y la gola que conecta la Albufera con el Mediterráneo, que según otro participante ha estado abierta para desaguar la crecida. Algún testimonio local añade un cuarto escenario: cuerpos enganchados entre las cañas de las acequias de drenaje.
La imagen satelital que circula se usa para reforzar la tesis: lo que se llevó la riada acabó repartido por la lámina de agua, y el nivel del humedal subió lo suficiente como para que el paisaje cambie de color, según quienes defienden esa lectura. Quien vive dentro del término municipal del parque lo describe sin adornos: los arrozales se ven desde la ventana y ahora son una mancha de lodo.
Las cifras que suben, bajan y no cuadran
La contabilidad oficial no ayuda. Un día los confirmados eran
218; al siguiente,
215, según se siguió en televisión. Menos muertos, no menos desaparecidos. Que un recuento de fallecidos baje mientras se siguen retirando toneladas de barro de garajes, sótanos y cauces es, como mínimo, un dato que exige explicación. La respuesta administrativa —autopsias lentas, identificaciones pendientes— no encaja con una serie que decrece.
Sobre esa base se ha instalado la sospecha, sin prueba alguna que la sostenga, de que las cifras se están maquillando para diluir la responsabilidad política. Conviene separar planos: hay un debate legítimo sobre la gestión de la emergencia y hay versiones sobre ocultación deliberada de cadáveres que no cuentan con ningún respaldo documental. Las primeras se pueden discutir con datos; las segundas, de momento, no.
¿Se está buscando en la Albufera?
Ahí está el núcleo del asunto. Un forero sostiene que en el humedal opera una
veintena de buceadores de la Armada y que por la autonómica se han comunicado hallazgos en la zona de Pinedo. En paralelo se oye la queja contraria: que no hay unidades de montaña ni equipos caninos rastreando el lodo, cuando un perro especializado marca un cuerpo bajo metros de tierra. La pregunta incómoda es cuántos recursos se han destinado a peinar el lago y cuántos a los aparcamientos.
La escena que se impone es incómoda: un buque atracado en el puerto, camiones frigoríficos en el recinto ferial según un forero y una primera inspección en un centro comercial que no encuentra cadáveres. Mucho dispositivo donde el agua no llegó con fuerza y poca nariz donde sí.
La objeción técnica: el humedal es demasiado ancho
No todos compran la tesis. El argumento en contra es físico: la Albufera es una lámina enorme, la corriente se disipa y el arrastre se agota antes de alcanzar las compuertas. Los cuerpos, si están, habrían quedado en los alrededores del
puerto de Catarroja, pegado a la pista de Silla, y no en las salidas al mar. Es una discrepancia real y sin resolver, no una pelea de patio.
Móviles, golas y el rastro de los 30
La pista más concreta llega de la telefonía. Según un tuit difundido en el hilo, un perito informático ha recibido más de
215 peticiones de familias y ha logrado localizar a una treintena de fallecidos por la señal de sus móviles, con muchos de esos dispositivos apuntando al mar. Es el tipo de dato que cruza dos mundos: la geolocalización como herramienta forense y la evidencia de que el agua fue el último vehículo.
El coste que llega después del barro
Y mientras se discute dónde mirar, hay una factura que ya se está girando. Sin cuerpo hallado no hay certificado, sin certificado la familia no puede reclamar lo que le corresponde, y el fallecido sigue contabilizado como desaparecido. A eso se suma, según se apunta en el hilo, la fiscalidad de las herencias y donaciones, que no entiende de catástrofes, y la obligación de declarar unas ayudas que llegan tarde y mal.
Con este panorama, la hipótesis de la Albufera es la que la geografía del cauce pone encima de la mesa, la que apenas aparece en los partes oficiales según quienes la sostienen y la que más preguntas deja abiertas. Si al final resulta que no había nadie allí, alguien tendrá que explicar por qué se tardó tanto en comprobarlo.