¿Se acabó el cine de los 90? Nostalgia, censura y el negocio de las series
Dos décadas después, la comedia juvenil americana de los 90 se ha convertido en un fósil cultural. Películas como "No es otra estúpida película americana" serían hoy material para la polémica, cuando no para la cárcel, según algunos. La pregunta sobre si "ya no se hacen películas como las de antes" esconde un debate más profundo: ¿ha matado el progresismo el cine de entretenimiento o simplemente hemos cambiado de medio?
El revisionismo condena a las comedias adolescentes
Quienes crecieron con esas comedias las reivindican como parte de su educación sentimental, pero al revisionarlas admiten que envejecieron mal. El argumento de que "eran malas entonces y lo son ahora" choca con la nostalgia de una época en la que, según algunos, "no veías invasores por las calles". La ironía de fondo es que las mismas películas que hoy se tildarían de "woke" por su incorrección política se defienden, precisamente, por no tenerla.
El negocio se ha mudado a las series
El verdadero cambio de paradigma no está en el contenido, sino en el formato. Las series han absorbido el talento, el presupuesto y la audiencia joven. "Ahora el negocio está en las series y, la verdad, son buenas", se argumenta mientras el cine de salas se enfrenta a un escrutinio ideológico que antes no existía. El resultado es una industria polarizada: comedias adolescentes que ya no se hacen, pero tampoco se reivindican con honestidad. El público se divide entre los que buscan en plataformas algo que ya no encuentran en taquilla y los que miran con desprecio las "mierdas de niño rata".
La paradoja queda servida: echamos de menos un cine que a menudo era malo, pero que al menos no se autocensuraba. O quizás es que los 90 fueron la edad de oro de la transgresión adolescente, y hoy toca madurar en las series.
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