Alarmas hasta en los cromos: el mapa del hurto en el supermercado
Un coleccionista se acerca al expositor de cromos y descubre que la lámina de su jugador favorito lleva un blister antirrobo. Ya no es el whisky ni el lomo ibérico: los ladrones han escalado hasta el producto de 1 euro. La pregunta es si este fenómeno refleja un pico de delincuencia o una expansión desproporcionada de las medidas de seguridad.
Lo cierto es que la experiencia varía según el barrio. Mientras que en un DIA de zona acomodada los cromos siguen en libre acceso, en otro de un distrito con renta más baja hasta el hilo dental lleva alarma. La geografía del hurto reproduce la brecha socioeconómica: donde hay necesidad, se protege hasta lo más nimio. La cadena de supermercados aplica un criterio de riesgo local, no nacional, lo que deja traslucir que el problema no es homogéneo.
¿Por qué los cromos?
Los cromos, como otros productos de bajo valor pero alta rotación, se han convertido en objetivo por su facilidad de reventa en mercados de segunda mano o entre coleccionistas. La paradoja es que aplicar un sistema antirrobo cuyo coste supera al del propio artículo solo tiene sentido si el volumen de hurtos lo justifica. Algunos analistas apuntan a que la inflación y la pérdida de poder adquisitivo empujan a pequeños robos que antes no se producían, y que las cadenas responden con medidas genéricas en lugar de atajar las causas.
Por otro lado, hay quien sostiene que la extensión de alarmas a productos triviales es una decisión corporativa que criminaliza al cliente medio y encarece la logística. La teoría de la ventana rota aplicada al retail: si proteges lo pequeño, evitas que el desorden escale. Pero el resultado es un supermercado cada vez más blindado, donde el ritual de compra se acerca al de un aeropuerto.
El debate de fondo
Detrás del cromo con alarma se esconde una discusión más amplia sobre el Estado del bienestar y la seguridad. Un sector ve en estas medidas la prueba de que la delincuencia menuda crece sin control, mientras otro las considera un síntoma de alarmismo social que no ataca la raíz económica. Lo que nadie discute es que los cromos ya no son lo que eran: ahora suenan al salir del lineal.