Un misil de Yemen recorre 2.000 km en 11 minutos y medio y golpea cerca de Tel Aviv
Un misil lanzado desde Yemen recorrió 2.040 kilómetros en once minutos y medio antes de impactar en las inmediaciones de Tel Aviv. La velocidad resultante supera los 10.000 kilómetros por hora, más de ocho veces la velocidad del sonido. Ni los sistemas desplegados por Estados Unidos en el Mar Rojo ni los de Arabia Saudí, Egipto o Israel lograron interceptarlo. El proyectil, según los datos difundidos, golpeó la central eléctrica de gas Geser, en la zona de Tel Aviv, y provocó incendios en varios puntos de la instalación.
Qué se sabe del misil que atravesó el Mar Rojo
El proyectil sobrevoló el Mar Rojo de sur a norte y entró en espacio israelí sin que ninguna de las capas defensivas desplegadas en la zona consiguiera alcanzarlo. La descripción que circula apunta a un misil hipersónico de tipo maniobrable, lo que dificultó fijar con antelación la zona exacta de impacto. Eso explicaría que las alertas se activaran sobre un área muy extensa y que se ordenara la evacuación de dos millones de personas hacia refugios.
La
defensa israelí sí detectó el lanzamiento. Lo que no pudo hacer fue derribarlo. La secuencia encaja con lo que se ha visto en otros escenarios: un misil balístico que asciende hasta unos 500 kilómetros de altura, reentra en la atmósfera a velocidad creciente y, en la fase final, maniobra. Interceptarlo cuando ya baja a Mach 8,5 es prácticamente imposible. Solo cabría intentarlo en la fase ascendente, y para eso hace falta detectarlo muy pronto y tener el interceptor en posición.
El impacto en la central eléctrica de gas Geser
Las imágenes difundidas muestran la central eléctrica de gas Geser ardiendo en varios puntos. No hay confirmación oficial israelí sobre daños estructurales, y algunas versiones sostienen que el proyectil cayó en campo abierto cerca de una autopista. La discrepancia entre ambas versiones —instalación dañada frente a impacto en descampado— es uno de los puntos que la conversación no cierra.
Lo que sí se sostiene es que el misil no fue interceptado. Y que la alerta antiaérea se activó. Esa combinación es la que alimenta la tesis de que los sistemas actuales tienen un problema real con proyectiles rápidos y maniobrables: si el aviso salta cuando el misil ya está llegando, el margen para alcanzar un refugio se reduce a un minuto o menos.
Quién fabricó el misil y por qué importa
El alcance de 2.000 kilómetros y la capacidad de maniobra en reentrada apuntan, según los análisis que circulan, a tecnología que Yemen no produce por sí sola. Las hipótesis que se barajan señalan a Irán, Rusia o China como suministradores. Algunas voces sostienen que un misil de este tipo requiere técnicos del país fabricante para su lanzamiento, lo que convertiría el episodio en una señal directa de un tercer actor.
El contexto que se menciona es el apoyo israelí a Ucrania y la autorización para usar armamento de largo alcance contra territorio ruso. En ese marco, el lanzamiento se lee como una advertencia: si se permite atacar con misiles de largo alcance, cualquiera puede hacer lo mismo. La elección de un objetivo de infraestructura energética, y no un blanco más sensible, refuerza la lectura de aviso medido.
Las dudas sobre la versión oficial
Una parte del análisis señala la contradicción entre dos relatos: si el misil cayó en un descampado y no había riesgo, ¿por qué se evacuó a dos millones de personas? La respuesta que se da desde el lado israelí es que la naturaleza maniobrable del proyectil impedía precisar la zona de impacto. La respuesta escéptica es que la evacuación masiva indica que el riesgo era real y que la intercepción falló.
El debate sobre si fue hipersónico o balístico convencional tampoco está cerrado. Hay quien sostiene que se trató de un misil balístico tipo Khaibar, con trayectoria curva y sin capacidad hipersónica real. Otros defienden que la maniobrabilidad en fase terminal y la velocidad registrada lo sitúan en la categoría hipersónica. La distinción importa: un balístico convencional es más fácil de predecir y, en teoría, más interceptable.
El dato que descoloca no es la velocidad. Es que un actor sin fuerza aérea ni marina haya colocado un proyectil a las puertas de Tel Aviv y que ninguna de las defensas más publicitadas del planeta lo haya tocado. Con esos mimbres, la próxima vez que alguien pregunte para qué sirve un sistema antiaéreo, la respuesta ya no será la misma.