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Soy profesional de la salud y esta demostrado que la obesidad está directamente relacionada con el cáncer de mama y de próstata porque el exceso de grasa estimula la creación de hormonas sensual y su exceso propicia la mutación cancerosa de las mismas. Hay que llevar un control de las grasas y los hidratos de carbono que se ingieren porque con el sedentarismo todo se convierte en grasa, incluso el exceso de proteínas. Cambiar de hábitos es esencial y la actividad física es muy importante, empieza con subir por la escalera en vez de coger el ascensor por ejemplo, y tras 21 días ya tendrás el hábito cogido
(mensaje citado en revisión)
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Ya se ha descubierto el punto débil del erudito: Aborrece la resistencia activa (restricción calórica/ejercicio físico intenso) a favor de una resistencia pasiva (meto unos alimentos en la lista zain y ya solo tengo que esperar a recoger los frutos)
Hay personas con obesidad que adelgazan pero que siguen teniendo hábitos mentales de obesidad y por tanto pueden tener problemas de salud...esto pasa cuando se infravalora o directamente se ignora el inmenso poder de la FUERZA DE VOLUNTAD.
No nos engañemos, el ex-obeso se vanagloria de poder comer unos buenos chuletones y aún así mantener la línea. No hace ningún sacrificio en realidad, simplemente renuncia a una alimentación más amplia con tal de no pagar el peaje de la resistencia activa que describía más arriba.
Esto es sinónimo de inmadurez, una carencia que se disfraza de presunta erudición pseudocientífica y resultados conformes a objetivos pese a que el camino es en realidad una trampa al solitario.
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
Yo conozcí a stock option en el foro presumiendo de que se iba a forrar invirtiendo en acciones de Bankia, así que imagínate el nivel Maribel!El tal Szadek al menos argumenta con unas ideas claras.
Ud es un sujeto de dudosa seriedad intelectual.
Suelto la primera idea que ya se ha desarrollado en este hilo:
Que ventaja nutricional tiene cualquier harina frente a los hidratos de otras fuentes??
Esta Ud empleando la palabra 'restriccion'. Si es ninguna ventaja lo mismo estamos vertiendo ideas falaces.
Viniendo de alguien con esa ideología no esperaba menos. Sacando cosas de hace años en un tema que ni viene al caso. Lo que no sé es porqué no te tenía en el ignore. Debe ser que antes tenía más paciencia...Pues eso, ya no.
Otro al ignore. Que las siguientes parrafadas las lea quien tenga a bien.
Los secretos de la dieta que convertía a los gladiadores romanos en máquinas de cancelar pues parece que al contrario de lo que muchos creen los gladiadores no eran modelos fibrosos si no más bien fofisanos fortachones
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
- ¿Has acabado de mezclar conceptos distintos? Gracias.
- No es igual.
- Claro que puedo obviar el ejercicio que hacían los gladiadores, estaban obligados a ser los mejores en la arena, y no entrenar lo suficiente se traducía en no vivir lo suficiente. Se obvia porque el caso contrario no existía, no había gladiadores sin entrenar, todos entrenaban, y fruto de ese tratamiento, estaban así... Una causalidad absoluta partiendo de un hecho factual, es un hecho obviable.
- Claro que lo fomenta, eso no te lo cuestiono, pero es que eso no es lo que dijo originalmente. Usted dijo "resolver el sobrepeso", lo cual no es correcto.
Veámoslo:
"parámetros para, A PESAR DE UNA VIDA SEDENTARIA, solucionar el sobrepeso y la obesidad. "
- Si revisamos el hilo, nos encontramos encima con esa premisa razonable:
"Bien, dicho esto, paso a relatar mi experiencia PERSONAL: "
- Obviar por tanto que una experiencia personal es un cúmulo de parámetros orientados a solucionar el sobrepeso y la obesidad... es falso.
- No tiene razón... Perder tanto peso en tan poco tiempo es malo, no por nada acabé con anemia, con problemas de ansiedad, problemas a la hora de dormir, cansancio crónico, la tensión por los suelos y un largo etc... En 2 meses recuperé 5 kilos, normalicé y estabilicé mi peso, y comencé a centrarme en la dieta, en comer lo que mi cuerpo necesitaba en ese momento, y no acabar escuchimizado, que usted considera... es sano. De hecho tenía mejor salud antes que después de perder peso, hasta que normalicé mi peso y me centré en nutrir mi cuerpo, y no solo alimentarlo.
- Al contrario, usted es el que parece no tener interés en ahondar sobre los efectos perniciosos del azúcar. ¿Qué beneficio pronto tiene el azúcar en exceso? Ninguno. El azúcar inicia un proceso denominado glicación, una reacción gluco-proteica, que es responsable de acelerar el proceso de envejecimiento tornando nuestra piel más flácida. ¿Crees que el azúcar es bueno para tu salud? Ni para tu salud ni para tu apariencia, al menos, no en exceso. Muchos azúcares ya los obtenemos de forma natural a través de las frutas, las hortalizas y otros alimentos; se obvia que en todo momento estoy refiriéndome a los azúcares añadidos, y restringir radicalmente el uso de azúcar añadido siempre es bueno.
- Del resto paso, porque escribe unos textos que más que hacerme un favor, me resultan pesados; tiene poca capacidad de síntesis. En resumen concluyo que no puede usted diseccionar un argumento donde todos los factores conforman un hecho razonable, y cuestionarlos por separado. No tiene sentido que me esfuerce en señalar que reducir la ingesta de harina y azúcar, hacer ejercicio y tener una vida equilibrada, sana y ordenada sea beneficioso, y tú te dediques a tratar el ejercicio por un lado, la reducción de harinas y azúcares por otro, y decir que cada uno de ellos no es per se responsable... claro que no, para eso escribí:
"reducir la ingesta de harina y azúcar, hacer ejercicio y tener una vida equilibrada, sana y ordenada"
- Por otro lado, se mete en cosas que no le competen, sin base ni fundamento; obvia que nunca fui rellenito, y por tanto que tengo menos razones de peso que exponer; obvia incluso que perdí 15 kilos en 3 meses, y lo calificó de sano. ¿Sabe acaso los problemas que me ocasionó una pérdida tan rápida de peso? Las pérdidas express son malas, siempre. Las bajadas de peso siempre tienen que ser pausadas, para que tu cuerpo las asimile, y puedas expresar esa bajada de peso de forma saludable. Si bajas 20 kilos en dos meses, teniendo 15 kilos de más, raro es que puedas levantarte de la cama.
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
Smiling no te esfuerces escribiendo posts tan buenos.Y dale. Como si la línea sólo dependiera de la dieta.
Mire, es como si yo le digo que es complicado hacer que el aceite prenda con un mechero, y usted me dice "eso es mentira: mire los cócteles molotov". Los cócteles molotov son una mezcla de aceite (al que le cuesta prender, pero arde despacio y con una llama intensa) y gasolina (que prende muy fácilmente, pero se apaga rápido). No es un buen contraejemplo, porque la adición de gasolina, precisamente, soluciona el problema que impedía al aceite prender con facilidad.
Pues esto igual: no puede obviar el ejercicio intenso y constante que hacían los gladiadores a la hora de usarlos como contraejemplo a la afirmación "evitar azúcar y harinas es la solución al sobrepeso", porque el hecho de que su vida fuera el entrenamiento es lo que hacía que su dieta basada en harinas (otras harinas, como ya le he dicho) fuera adecuada PARA ELLOS.
Si conoce algún estudio médico que demuestre que reducir el consumo de harinas y azúcar (por cierto, azúcar, no azúcares, en plan oligosacáridos. El problema con el azúcar es la sobrecarga de FRUCTOSA) MANTENIENDO ACTIVIDAD Y CALORÍAS TOTALES no fomenta la pérdida de peso, estaré encantado de leerlo.
Si no, lo de ineludible e irrefutable lo dejamos en "veremos".
El motivo de que dejar de comer harinas y azúcar sea bueno para RECUPERAR (que no es lo mismo que mantener) la línea no es simplemente el hecho de que comerlos en exceso sea malo para mantenerla. Es una cuestión hormonal (aunque al parecer a usted no le interesa ahondar hasta ese nivel de análisis).
Ya se lo he dicho un par de veces, que lo que determina si estamos rellenitos o flacos es nuestra sensibilidad a la insulina: niveles elevados y persistentes de insulina en sangre favorecen la acumulación de grasa e impiden la movilización de grasa.
Si debido a tener alta la insulina en sangre siempre acumulo y nunca gasto, claro que cada vez tengo más.
Y no, comer menos y moverme más no sirve de mucho, porque mientras tenga alta la insulina en sangre, mi cuerpo no puede (apenas) acceder a las reservas energéticas de grasa, así que lo que hace es bajar el ritmo del metabolismo basal para igualarlo al insumo de alimento, y mandar señales hormonales (más ghrelina, la hormona del hambre, y menos leptina, la hormona de la saciedad) para que busque más comida.
La forma de lograr que mi cuerpo tenga acceso a las reservas energéticas de grasa es reducir el nivel de insulina en sangre.
Como el papel principal de la insulina es reducir el nivel de glucosa en sangre, se sigue que si quiero reducir la insulina tengo que evitar los alimentos que suben la glucemia.
¿Y qué alimentos suben la glucemia por encima de todos los demás? el azúcar y las harinas ultrarrefinadas.
Suprímalos, y el nivel medio de insulina en sangre bajará, dando mayor acceso a las reservas de grasa. Con un mayor acceso a las reservas de grasa, el cuerpo sube el metabolismo basal (porque ahora la energía disponible es abundante), y el resultado es que se pierde peso.
Pero hay una derivada más: otra forma de reducir los niveles de insulina en sangre es recuperar la sensibilidad a la insulina, y es una forma mucho más efectiva, porque aunque harinas y azúcar son los que más suben la glucemia y la insulinemia, lo cierto es que (casi) todos los alimentos provocan secreción de insulina (curiosamente, la tan denostada grasa es con mucho la que MENOS aumenta la insulinemia, 25 veces menos que una cantidad energéticamente equivalente de pan blanco).
Es decir, que si quito harinas y azúcar ya estoy reduciendo mucho el problema, pero el resto de cosas que coma seguirán manteniendo niveles altos de insulina en sangre (relativamente altos, pero mucho más bajos que con harinas y azúcar) porque mi cuerpo resistente a la insulina necesita mucha cantidad incluso para responder a alimentos menos insulinogénicos.
¿Y cómo se recupera la sensibilidad a la insulina? Igual que se recupera la sensibilidad a casi cualquier cosa, suprimiendo el estímulo constante.
Si usted está oyendo un ruido constante, pronto dejará de percibirlo. Pero si ese ruido para y vuelve a empezar, volverá a escucharlo.
De un modo similar, si se mantienen niveles constantemente elevados de insulina en sangre, el cuerpo crea tolerancia, se desensibiliza. Para recuperar la sensibilidad es necesario que haya periodos prolongados en los que el nivel de insulina en sangre esté muy bajo: aquí es donde entran los ayunos, o al menos el dejar 12 horas al día en las que no se coma nada.
Al hilo de lo cual, por cierto, si estamos en recuperar la sensibilidad a la insulina también parece buena idea evitar aquellos alimentos que la dañan. Y en eso el azúcar, o más concretamente, la FRUCTOSA (en grandes cantidades y de rápida asimilación; la fructosa de la fruta es diferente porque es poca y va acompañada de fibra) juega un papel muy relevante.
¿El mismo sobrepeso? ¿O han perdido peso, pero no todo el que querían? Como explico más arriba, el quid es la insulina, y aunque harinas y azúcar son los sospechosos habituales, todos los alimentos son en cierta medida insulinogénicos. Si sus conocidos eran ya notoriamente insulinorresistentes, quitar harinas y azúcar es un muy buen primer paso, pero antes o después te das de bruces con que, con tu nivel actual de sensibilidad a la insulina, no puedes mejorar más (eso por no hablar de que a saber cuánto azúcar y cuánta harina ocultos están comiendo en realidad).
En cuanto a usted: una vida de alimentación rica en azúcar (insisto, azúcar, no azúcares) y pobre en costumbres que mejoran la sensibilidad a la insulina (ejercicio físico, ayuno, técnicas tradicionales de preparación de alimentos, higiene del sueño, etc) fue deteriorando su sensibilidad a la insulina y causando acumulación de grasa.
Un cambio brusco de costumbres alimentarias (pero también vitales) le llevó, casi por accidente, a hacer todas las cosas que mejoran la sensibilidad a la insulina: dejó de comer azúcar, dejó de comer comida industrial ultraprocesada (que casi toda lleva azúcar, porque mejora la palatabilidad y la vida útil, y es baratísima), aumentó su nivel de actividad física, mejoró sus patrones de sueño, y pasó a comer dos veces al día dejando así entre 12 y 16 horas entre la última comida y la primera.
Que aumentara su consumo de harinas no desbarató la mejoría, especialmente porque tampoco se trataba de harinas ultrarrefinadas, y porque su preparación (entiendo) seguía las técnicas tradicionales de preparación que han desaparecido por completo en el primer mundo. Por ejemplo, la fermentación lenta de la masa, o la utilización de harinas realmente integrales.
A su vuelta, con una sensibilidad a la insulina francamente mejorada, mantuvo algunas de las buenas costumbres adquiridas (como no apiparse de azúcar a diario, o preparar su propia masa casera con harina lo más integral posible), con lo que a pesar de consumir cantidades considerables de harina, no ha vuelto a engordar. De harina no industrial, por cierto.
No, no. La evidencia médica es meridiana en este sentido. El problema es que estamos en niveles diferentes de análisis.
Si usted analiza el corto plazo, por supuesto que si comes menos y te mueves más pierdes peso.
De hecho, en el corto plazo casi cualquier planteamiento dietético consigue que pierdas peso.
En el medio-largo plazo, el 99% de las veces la persona acaba recuperando el peso (¡pero no la masa muscular perdida!), y un poquito más de regalo.
Mire, no se usted, pero para mí adelgazar no es perder peso, sino perder grasa (que no es lo mismo que mero peso) y no recuperarla
¿Lástima? Al contrario: perdí mucho peso y muy rápido, mejoró mi salud general y no sólo por la pérdida de peso, mejoraron mis niveles de energía, y ni siquiera me quedaron pieles sobrantes. ¿De qué hay que tener lástima?¿De haber encontrado una forma de perder peso que funciona, es rápida y no sólo no tiene un impacto negativo para la salud, sino que lo tiene positivo?
Y dale molino con las calorías.
Que lo de las calorías es una simplificación excesiva, porque la mayor parte de lo que quemamos viene del metabolismo basal, que no controlamos, y que lo que procura es igualar lo que comemos y lo que gastamos. Si usted consume más calorías haciendo ejercicio, su metabolismo basal se ajusta a la baja para mantener la homeostasis.
Un estudio de seguimiento de cohortes que hacían 3 horas de ejercicio a la semana vs otras que no hacían ejercicio reveló que la diferencia neta en pérdida de peso al cabo de 3 años era de un cuarto de kilo. 3*52*3= 468 horas de esfuerzo para perder un cuarto de kilo más que el que estaba en su casa viendo la tele, o estudiando para notario.
Se lo repito: el nivel de actividad impacta sobre el peso, pero no por el consumo de calorías. Impacta porque el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina de los músculos. Y la actividad física no produce una pérdida sostenida de peso, sino que (si mantenemos igual todo lo demás) causa un movimiento en el punto de equilibrio, de suerte que al empezar a hacer ejercicio se pierde peso hasta que se alcanza el nuevo peso de equilibrio. Y si se deja de hacer ejercicio (otra vez, caeteris paribus), el peso vuelve a donde estaba antes.
La carne es recomendable para bajar de peso, porque la proteína es muy saciante.
Pero lo de las carnes magras, ya, depende de otros factores. De hecho, si no se tiene la lipólisis bloqueada por un consumo excesivo de alimentos insulinogénicos, es mucho más recomendable para bajar de peso la carne grasa que la magra.
¿Me puede decir entonces sobre qué discutimos, exactamente?
Me dispongo a comerme un generoso gofre belga casero, con chocolate relleno de caramelo y nata. Añadámosle a este manjar un batido de fresa para mojar el gofre.
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A mí como si te llenas la boca de […]
Tengo dos bandejas para cenar, una de morro y otra de churrasco de cordero con un dedo de grasa. Sofritos y crujientes y mojados en ajioli son un manjar.
De postre un Brownie casero como Dios manda con cacao puro y nueces, no esa […] con cáncer de sidra que te vas a comer tú.
Pd. Tres trolls entrando a la vez un domingo por la tarde en vez de estar comiendo […] a una chorti.