En aquella época, los motines eran la cosa mas normal del mundo. El del
Bounty* fue poca cosa comparada con la que se lió en 1797:
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Cuando leo las acusaciones de que el capitán Blight fue muy tirano y cruel, no puedo evitar que se me arquee una ceja. Porque ese comportamiento era el uso y costumbre habitual que se esperaba de un Capitán para mantener a su tripulación bajo control.
La tripulación de un barco estaba compuesta fundamentalmente por gente humilde sacada de las tabernas y de las prisiones, y se daba por sentado que solo la disciplina draconiana podía mantenerlos bajo control en alta mar.
Los navíos ingleses de la época siempre llevaban a bordo un destacamento de
Royal Marines, cuya misión no era combatir en abordajes, si no ejercer de policía. Por eso se les alojaba separados de los marineros. En el caso del
Bounty, con la excusa de que era un carguero armado con poca tripulación, los patronos de Blight tomaron la decisión temeraria de no embarcar
Royal Marines. Y de ahí que a Blight se le fuera el tema de las manos. (James Cook, por el contrario, siempre llevó una docena de
Royal Marines a bordo en cada uno de sus tres viajes). Si a esto añadimos que Fletcher Christian era un enchufado de Blight que estaba sirviendo en un puesto muy por encima de lo que correspondía a su antigüedad, los ingredientes para el desastre estaban servidos.
No es si no después de los motines de 1797, que en la Royal Navy se empezaron a plantear subir los salarios de la marinería, mejorar sus raciones y condiciones de vida a bordo, y limitar los castigos físicos, en vista de que la disciplina a punta de bayoneta empezaba a resultar insuficiente para mantener la autoridad de los capitanes.
* En inglés, los barcos se refieren genéricamente en femenino. En cristiano, no.