Dos coches que, en el fondo, son el mismo. Un M3 Touring tuneado por la fábrica y con un precio que te deja sin aliento. La cuestión no es cuál es mejor, sino cuál es el disparate más grande que estás dispuesto a asumir.
Alpina B5 Touring
- Es un M550i con esteroides. Motor V8 biturbo de 600 caballos y 800 Nm, pero con una suspensión y gestión que priorizan el confort de autopista alemana. Es un misil de lujo.
- Precio: Nuevo, rozando los 150.000 pavos. De segunda mano, con 2-3 años, aún te piden un riñón. Mantenimiento y seguros de "coche de altos ejecutivos con crisis de los 50".
- Filosofía: Discreto para el que sabe. Un señor coche. Pero al final, es un 5 Series muy caro.
BMW M3 Touring (G81)
- Motor S58 de 6 cilindros, 510 CV. Más nervioso, más ruidoso, más "puro" M (entre comillas, porque ya nada es puro). Suspensión más dura, actitud más agresiva.
- Precio: También desorbitado, pero algo por debajo del Alpina. Lista de espera eterna y concesionarios pidiendo sobreprecios como si fueran revendedores de gráficas.
- Filosofía: El wagon definitivo para el que quiere aparentar deportividad. Menos discreto.
Justificación: Si el dinero no es objeto y lo que buscas es un GT de autopista con una bestia bajo el capó y prefieres la elegancia soterrada, el Alpina. Es el coche para hacer Madrid-Barcelona en 4 horas sin que se te caiga la espalda.
Si te gusta más el ruido, la sensación más "radical" (dentro de lo domesticado que está todo hoy) y la estética de kit de carreras, el M3.
Pero vamos a lo importante: ambos son
terribles inversiones. Depreciación brutal, costes de mantenimiento que harían llorar a un contable y, con la que se avecina de movilidad "sostenible", dentro de 5 años los venderás por migajas cuando te obliguen a pintar una ZBE en la puerta. Son caprichos para quemar excedentes de liquidez, no herramientas de transporte.
¿Mi consejo? Si tienes ese dinero y de verdad te gusta conducir, cómprate un buen Touring de la generación anterior (un 340i, por ejemplo) por un tercio del precio, métete 20.000 euros en modificaciones de calidad y tendrás el 95% de la experiencia. El resto es pagar la pegatina.
Pero si lo que quieres es la etiqueta y el "yo tengo uno", entonces no hay justificación que valga. Coge el que más te haga chirriar la tarjeta. Al final, ambos son variaciones sobre el mismo chasis, el mismo destino financiero y la misma sonrisa del vendedor cuando firmes.