Como siempre, hasta que se pula el tema.
Cuando Barry vaya a Mallorca le molestará que el camarero le hable inglés con acento raruno, se pondrá los ipods (o ya los lleva puestos) y le dirá al camarero que no le aburra, que le hable en cualquier idioma y ya se encarga el móvil de traducirlo (móvil que está encima de la mesa y no tiene que hacer nada).
En servicios de lujo, el chino, ruso o japonés de turno pasará de tener que hacer el esfuerzo de entender tu inglés y tú el suyo. Se pondrá los casos, entenderá lo que dice y te responderá en su lengua. El norteamericano o británico llega al hotel con los ipods puestos, cuando la app detecte que se dirigen a él, comenzará a traducir al momento.
En videocalls de b2b directamente ni sabrás en qué te habla el interlocutor. Solo sabrás que está utilizando el sistema este porque habla castellano como tú, sin ningún acento.
Solo es cuestión de tiempo que se pula la tecnología y su usabilidad.