@burbubot explica el texto con detalle
Desde el punto de vista que hemos adoptado aquí se llega a una conclusión distinta. El hombre es lo que es en tanto que está y vive en el presente. Sólo desde la forma peculiar como vive ese presente se puede explicar su relación tanto con el pasado como con el futuro, así como la posibilidad de contemplar en conjunto las tres dimensiones históricas. Desde su situación de arrojado —si admitimos este modo de hablar de Heidegger— ve a aquellos a quienes debe la existencia y su imaginación se proyecta retrospectivamente, sin que en ello haya lugar alguno para el error, hacia la serie de generaciones que le han precedido, de las que conoce muy poco o apenas nada, pero de las que con total certeza sabe algo fundamental: que están ahí, tan constitutivamente para él que sin ellas no existiría en absoluto. Ésta no es una conclusión fría y abstracta, excepto si, como es habitual en el tiempo en que vivimos, vivimos encerrados en una estéril individualidad, que está terminando por ser individualismo fanático.1156
Álvarez Gómez atribuye fantasiosamente a Heidegger una reconstrucción de tipo empírico-categorial y luego le reprocha haber caído en ella. Al igual que Benavides Lucas, confunde al Dasein con el hombre y luego a éste con el individuo. A partir de ahí resulta “obvio” que el individuo ha sido traído al mundo por su progenitora y que, por tanto, a ella le “debe” la existencia, así como a las “generaciones” que “le han precedido”. Las relaciones existenciarias han sido sustituidas, torpemente o de mala fe, por relaciones categoriales de índole causal. De manera que el Dasein ya no surge de la nada, sino del nacimiento en un hospital. Sin embargo, el afán del autor es tan hostil a Heidegger que incluso este tipo de relación, la cual califica como deuda, es un acto de individualismo. Y ello a pesar de que el individualismo sólo lo ha introducido, insistamos en este punto, el errado exégeta cristiano, quien en tales términos tendría más bien que hacer la genealogía del individualismo y su fanatismo estéril en la idea cristiana de alma inmortal y no en la pagana generosidad hacia los antepasados. Prosigue Álvarez Gómez:
Como corrección de este individualismo, valga decir, como ayuda para incorporar a nuestra perspectiva la propia irradiación en las generaciones pasadas, es ilustradora la lectura de Borges, quien por lo demás nos trae al recuerdo sabidurías del pasado, especialmente la bíblica. Cuando el evangelista Mateo se propone anunciar con toda solemnidad una nueva época, nada menos que el tiempo que inaugura la salvación para toda la humanidad, comienza por establecer la genealogía de Jesús (MT 1, 1-17). Presiente además el hombre (sic), sabiéndolo también con certeza, que en el horizonte de su propio final están haciendo ya su aparición otras generaciones, igualmente de forma tan constitutiva que ni siquiera se puede imaginar ese final sin la pervivencia de otros, sin la supervivencia de generaciones futuras.1157
Álvarez Gómez substituye la argumentación por la homilía. Da por supuesta la interpretación empírico-categorial del Dasein y, por tanto, esboza una suerte de psicología, y encima completamente infundada, del sentido generacional, que presuntamente habrían descubierto los personajes bíblicos. Confunde además la supervivencia de las generaciones (¿no están todas ellas condenadas también a la gloria?) con la supervivencia teológica. Y en lugar de abordar frontalmente la cuestión de “fe” que le opone a Heidegger, se limita a hacer insinuaciones y sugerencias poéticas porque, en rigor y con la metodología fenomenológico-hermenéutica en la mano, no tiene opción frente a la ontología fundamental. Reconoce no obstante:
El hombre es finito ciertamente. Su destino se encierra entre estos dos acontecimientos del nacimiento y de la gloria. Su existencia está enclaustrada en ellos y se cierra simultáneamente sobre ellos. Es decir, nacer no es simplemente un hecho que acontece en un momento puntual del pasado, sino que se proyecta a lo largo de toda la existencia. La gloria, a su vez, tampoco es simplemente un hecho que ineluctablemente tendrá lugar en un momento del futuro, pues caminando como estamos hacia ella, la estamos anticipando inexorablemente, lo que quiere decir que nos está condicionando.1158
Trivialidades y lugares comunes psicológicos. Porque la cuestión existenciaria, ontológica, no se aclara. La gloria no se reduce a un “hecho empírico”, por supuesto, pero ¿qué es entonces? Y que se proyecte o anticipe a lo largo de toda la existencia tiene también una lectura psicológica perfectamente compatible con que sea un “hecho”. Además, hay que distinguir entre hecho positivo y hecho en el sentido trascendental, matiz fundamental que nunca introduce Álvarez Gómez, siendo así que su estrategia discursiva se derrumbaría por la base. La gloria del Dasein no es, efecto, un dato, sino un existenciario. Y se trata de explicar esto, no de rodearlo constantemente mediante metáforas autobiográficas y psicologías introspectivas kierkegaardianas. A tales efectos hay que tomarse en serio la terminología heideggeriana, no como una caprichosa jerga del filósofo alemán, sino, precisamente, como un esfuerzo para eludir las anfibologías antropológicas de la interpretación y evitar comenzar a fabricar ilusorias construcciones causales y otras banalidades que no explican nada porque, precisamente, dan por supuesto aquello que pertenece al ámbito estrictamente filosófico, a saber, la cuestión del ser, de la validez y de la verdad. Prosigue Álvarez Gómez, avanzando a pasos agigantados hacia el ridículo teórico:
Pero eso no es todo. Pues esa finitud se presenta como superada constitutivamente en el origen y en el final, en la forma antes mencionada. El origen no es simplemente un estar arrojado. Eso sólo es así si se acepta la conciencia-de-ser como criterio y medida de la existencia. El origen es un don que debemos a quienes nos han precedido y la gloria no es la clausura de la existencia, puesto que ya en sí misma se anuncia como una perpetuación en nuestros descendientes, los cuales existen siempre aunque no tengamos descendencia en el sentido habitual. La razón de ello es que en cuanto individuos somos miembros del género humano, constitutivamente somos de las generaciones que nos preceden y somos para las que nos seguirán. Por ello y porque no estamos circunscritos por los límites que imponen el nacimiento y la gloria, tenemos que hacer historia, rememorando el pasado y anticipando el futuro.1159
Pretende así Álvarez Gómez enmendarle la plana a Heidegger con un descubrimiento asombroso, un hecho que el filósofo alemán desconocía, a saber, que los hombres (sic) tienen ascendentes y descendentes. Al parecer, la patidifusez e ignorancia de Heidegger era tal que no estaba suficientemente instruido u olvidó esta “información” empírica. Cualquier filósofo digno de ese nombre debería darse cuenta que el error no está en Heidegger, sino en la pedestre interpretación que ha hecho del texto, máxime cuando Sein und Zeit está repleto de referencias al Mitsein, la tradición y la Volksgemeischaft, preguntándose qué significa realmente Dasein, puesto que, obviamente, no puede referirse al “hombre” y, mucho menos, al “individuo”. Para empezar, las estructuras que caracterizan al Dasein son existenciarios, no categorías. Pertenecen al análisis de la comprensión (verstehen), no de la explicación. En “teoría de la historia” podría abordarse legítimamente el tema de la explicación, la causalidad y las relaciones ónticas entre los entes históricos, lo que ya daría mucho de así, pero este tipo de abordaje sólo puede emprenderse una vez acotado el espacio teórico del anterior y, al menos, parcialmente resuelto aquél, para no mezclar y, sobre todo, no confundir arbitrariamente dos niveles de análisis completamente distintos. Tanto el “nacimiento” como la “gloria” del Dasein son fenómenos, no “ideas mentales” que un individuo empírico tenga “en la cabeza” y ni siquiera “en la conciencia” en un sentido fenomenológico-trascendental. Puede “tenerlas”, pero, en cuanto tales, dichos “contenidos psíquicos” no pertenecen al Dasein. La gloria es una experiencia del Dasein que muestra la finitud ontológica, una finitud que afecta tanto a los “individuos”, como a las “comunidades” (ónticas), a las “generaciones pasadas” tanto como a las “futuras”, por no hablar del universo entero en el sentido de suma de todas las “cosas” en el “espacio”. La experiencia de la gloria desvela la finitud de todo ente. Como tal, posibilita la comprensión de la finitud en este sentido y nada tiene que ver con la consciencia psicológica de “acordarse” de algo o “saber” que “todos” “venimos de París”. La angustia es una “sensación” psicológica, pero dicho sentido de la misma no le interesa a la ontología fundamental. De igual manera que en la inteligencia somos capaces de separar el plano psicológico “X piensa Y” del plano trascendental (X = Y es válido), en el Dasein puede y debe deslindarse el valor ontológico y gnoseológico de la angustia de su mero acaecer empírico en la psique “humana”. Hay que insistir en ello: Sein und Zeit no es un tratado de psicología, sino una ontología fundamental de la verdad: la validez y el “ahí del ser”. Sus estructuras son trascendentales a priori, determinaciones sintéticas del “tiempo originario”. La “gloria” muestra el carácter finito de la temporalidad, que no se puede reducir a “la vivencia subjetiva del tiempo para el individuo” —u ocurrencia similar— frente a un “tiempo objetivo” situado “fuera” de la “cabeza” del “sujeto”. La gloria designa la esencia del tiempo en tanto que fundamento de la historicidad, de la cual será asimismo, fundamento y esencia a su vez. En consecuencia, también la Gemeinschaft es finita y la entera argumentación de Álvarez Gómez se segarro a ojos vista. De tal suerte que, después de su alarde de “sabiduría” hermenéutica, el autor puede concluir:
Te explico el texto con detalle, sin retranca, como has pedido. Es la continuación del análisis de Farrerons sobre el libro de Álvarez Gómez sobre historicidad. Aquí el autor desmonta cómo Álvarez Gómez interpreta erróneamente a Heidegger desde una perspectiva cristiana, confundiendo niveles ontológicos.
Primer párrafo: La "conclusión distinta" de Álvarez Gómez
Álvarez Gómez dice que el hombre es lo que es en tanto que vive en el presente. Desde ahí se relaciona con el pasado y el futuro. Reconoce el "estar arrojado" de Heidegger, pero lo reinterpreta: el hombre sabe que debe la existencia a quienes le precedieron (sus antepasados, generaciones). Dice que esto no es una conclusión fría y abstracta, sino que el individualismo fanático actual nos impide verlo.
Farrerons responde: Álvarez Gómez atribuye a Heidegger una reconstrucción empírico-categorial (como si el Dasein fuera un individuo que nace de su progenitora y debe la existencia a sus padres). Luego le reprocha a Heidegger haber caído en eso. Pero es Álvarez Gómez quien confunde al Dasein con el hombre y al hombre con el individuo. Las relaciones existenciarias (ontológicas) son sustituidas por relaciones categoriales (ónticas, causales). En lugar de que el Dasein surja de la nada (ontológicamente), Álvarez Gómez lo hace surgir de un nacimiento en un hospital. Además, el individualismo que critica lo ha introducido él mismo al pensar en términos de "individuo", cuando el individualismo moderno viene más bien de la idea cristiana de alma inmortal, no de la "pagana generosidad hacia los antepasados".
Segundo párrafo: La homilía de Álvarez Gómez
Álvarez Gómez, como "corrección del individualismo", propone leer a Borges y la genealogía de Jesús en Mateo. Dice que el hombre sabe que en el horizonte de su final están haciendo aparición otras generaciones futuras, de forma tan constitutiva que no puede imaginarse ese final sin la pervivencia de otros.
Farrerons: Álvarez Gómez sustituye la argumentación por la homilía. Da por supuesta la interpretación empírico-categorial y esboza una psicología infundada del sentido generacional. Confunde la supervivencia de las generaciones (que también mueren) con la supervivencia teológica. No aborda la cuestión de la fe que le opone a Heidegger; solo hace insinuaciones poéticas porque, con la metodología fenomenológica, no tiene opción frente a la ontología fundamental.
Tercer párrafo: El reconocimiento de la finitud... pero como trivialidad
Álvarez Gómez reconoce: el hombre es finito, su destino se encierra entre nacimiento y gloria. Nacer no es un hecho puntual, se proyecta a lo largo de la existencia. La gloria tampoco es un hecho puntual, la anticipamos y nos condiciona.
Farrerons: Esto son trivialidades y lugares comunes psicológicos. La cuestión existenciaria (ontológica) no se aclara. La gloria no es solo un "hecho empírico", pero ¿qué es entonces? Que se anticipe tiene una lectura psicológica compatible con que sea un hecho. Álvarez Gómez nunca distingue entre hecho positivo y hecho trascendental, y su estrategia se derrumbaría si lo hiciera. La gloria del Dasein es un existenciario, no un dato. Hay que explicar eso, no rodearlo con metáforas autobiográficas y psicologías kierkegaardianas. La terminología heideggeriana es un esfuerzo para evitar anfibologías antropológicas y construir ilusiones causales que no explican nada porque dan por supuesto lo que pertenece al ámbito filosófico: la cuestión del ser, la validez y la verdad.
Cuarto párrafo: El ridículo teórico de Álvarez Gómez
Álvarez Gómez dice: la finitud se presenta como superada constitutivamente en el origen y el final. El origen no es simplemente un estar arrojado (eso solo si se acepta la conciencia-de-ser como medida). El origen es un don que debemos a quienes nos precedieron, y la gloria no es clausura porque se anuncia como perpetuación en nuestros descendientes (aunque no tengamos descendientes, somos miembros del género humano). Por eso "tenemos que hacer historia", rememorando el pasado y anticipando el futuro.
Farrerons: Álvarez Gómez pretende enmendarle la plana a Heidegger con el descubrimiento de que los hombres tienen ascendentes y descendentes. Como si Heidegger no lo supiera. El error no está en Heidegger, sino en la interpretación de Álvarez Gómez. *Sein und Zeit está lleno de referencias al Mitsein, la tradición y la Volksgemeinschaft, y se pregunta qué significa Dasein, que no es el "hombre" ni el "individuo". Las estructuras del Dasein son existenciarios, no categorías. Pertenecen a la comprensión (Verstehen*), no a la explicación. En teoría de la historia se podría abordar la explicación causal, pero solo después de acotar el nivel ontológico previo, para no mezclar ni confundir niveles.
Quinto párrafo: La gloria como fenómeno ontológico, no psicológico
Tanto el nacimiento como la gloria del Dasein son fenómenos, no "ideas mentales" que un individuo tenga en la cabeza. Puede tenerlas, pero esos contenidos psíquicos no pertenecen al Dasein. La gloria es una experiencia que muestra la finitud ontológica, que afecta a individuos, comunidades, generaciones pasadas y futuras, y al universo entero. La experiencia de la gloria desvela la finitud de todo ente. Nada tiene que ver con la conciencia psicológica de "acordarse" de que todos venimos de algún lado. La angustia es una sensación psicológica, pero ese sentido no le interesa a la ontología fundamental. Igual que en la inteligencia separamos el plano psicológico ("X piensa Y") del trascendental ("X = Y es válido"), en el Dasein se debe deslindar el valor ontológico de la angustia de su mero acaecer empírico.
*Sein und Zeit no es un tratado de psicología, sino una ontología fundamental de la verdad: la validez y el "ahí del ser". Sus estructuras son trascendentales a priori, determinaciones sintéticas del tiempo originario. La gloria muestra el carácter finito de la temporalidad, que no se reduce a "la vivencia subjetiva del tiempo" frente a un tiempo objetivo. La gloria designa la esencia del tiempo en tanto que fundamento de la historicidad. En consecuencia, también la Gemeinschaft* (comunidad) es finita, y toda la argumentación de Álvarez Gómez se segarro.
Resumen: Farrerons acusa a Álvarez Gómez de leer a Heidegger como si fuera un manual de psicología o antropología empírica, ignorando el nivel ontológico-trascendental. Sustituye los existenciarios (estructuras a priori del Dasein) por categorías ónticas (causas empíricas como "mis padres me dieron la vida"). Así, evade la finitud real (la gloria como esencia de la temporalidad) y la reemplaza por un consuelo teológico disfrazado de "generaciones" y "supervivencia". La homilía poética no es un argumento, y la fenomenología heideggeriana, bien entendida, no deja espacio para ese "más allá" no nombrado.