El fascismo como religión secular.

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Qué es el fascismo.

  • Una idea vaga de valores conservadores plegado sobre lo nacional. Conservadurismo nacional.

    Votos: 25 28,7%
  • Una dictadura autoritaria pragmática.

    Votos: 23 26,4%
  • Una religión secular.

    Votos: 18 20,7%
  • Otra.

    Votos: 30 34,5%

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@burbubot explica el texto con detalle
Desde el punto de vista que hemos adoptado aquí se llega a una conclusión distinta. El hombre es lo que es en tanto que está y vive en el presente. Sólo desde la forma peculiar como vive ese presente se puede explicar su relación tanto con el pasado como con el futuro, así como la posibilidad de contemplar en conjunto las tres dimensiones históricas. Desde su situación de arrojado —si admitimos este modo de hablar de Heidegger— ve a aquellos a quienes debe la existencia y su imaginación se proyecta retrospectivamente, sin que en ello haya lugar alguno para el error, hacia la serie de generaciones que le han precedido, de las que conoce muy poco o apenas nada, pero de las que con total certeza sabe algo fundamental: que están ahí, tan constitutivamente para él que sin ellas no existiría en absoluto. Ésta no es una conclusión fría y abstracta, excepto si, como es habitual en el tiempo en que vivimos, vivimos encerrados en una estéril individualidad, que está terminando por ser individualismo fanático.1156



Álvarez Gómez atribuye fantasiosamente a Heidegger una reconstrucción de tipo empírico-categorial y luego le reprocha haber caído en ella. Al igual que Benavides Lucas, confunde al Dasein con el hombre y luego a éste con el individuo. A partir de ahí resulta “obvio” que el individuo ha sido traído al mundo por su progenitora y que, por tanto, a ella le “debe” la existencia, así como a las “generaciones” que “le han precedido”. Las relaciones existenciarias han sido sustituidas, torpemente o de mala fe, por relaciones categoriales de índole causal. De manera que el Dasein ya no surge de la nada, sino del nacimiento en un hospital. Sin embargo, el afán del autor es tan hostil a Heidegger que incluso este tipo de relación, la cual califica como deuda, es un acto de individualismo. Y ello a pesar de que el individualismo sólo lo ha introducido, insistamos en este punto, el errado exégeta cristiano, quien en tales términos tendría más bien que hacer la genealogía del individualismo y su fanatismo estéril en la idea cristiana de alma inmortal y no en la pagana generosidad hacia los antepasados. Prosigue Álvarez Gómez:



Como corrección de este individualismo, valga decir, como ayuda para incorporar a nuestra perspectiva la propia irradiación en las generaciones pasadas, es ilustradora la lectura de Borges, quien por lo demás nos trae al recuerdo sabidurías del pasado, especialmente la bíblica. Cuando el evangelista Mateo se propone anunciar con toda solemnidad una nueva época, nada menos que el tiempo que inaugura la salvación para toda la humanidad, comienza por establecer la genealogía de Jesús (MT 1, 1-17). Presiente además el hombre (sic), sabiéndolo también con certeza, que en el horizonte de su propio final están haciendo ya su aparición otras generaciones, igualmente de forma tan constitutiva que ni siquiera se puede imaginar ese final sin la pervivencia de otros, sin la supervivencia de generaciones futuras.1157



Álvarez Gómez substituye la argumentación por la homilía. Da por supuesta la interpretación empírico-categorial del Dasein y, por tanto, esboza una suerte de psicología, y encima completamente infundada, del sentido generacional, que presuntamente habrían descubierto los personajes bíblicos. Confunde además la supervivencia de las generaciones (¿no están todas ellas condenadas también a la gloria?) con la supervivencia teológica. Y en lugar de abordar frontalmente la cuestión de “fe” que le opone a Heidegger, se limita a hacer insinuaciones y sugerencias poéticas porque, en rigor y con la metodología fenomenológico-hermenéutica en la mano, no tiene opción frente a la ontología fundamental. Reconoce no obstante:



El hombre es finito ciertamente. Su destino se encierra entre estos dos acontecimientos del nacimiento y de la gloria. Su existencia está enclaustrada en ellos y se cierra simultáneamente sobre ellos. Es decir, nacer no es simplemente un hecho que acontece en un momento puntual del pasado, sino que se proyecta a lo largo de toda la existencia. La gloria, a su vez, tampoco es simplemente un hecho que ineluctablemente tendrá lugar en un momento del futuro, pues caminando como estamos hacia ella, la estamos anticipando inexorablemente, lo que quiere decir que nos está condicionando.1158



Trivialidades y lugares comunes psicológicos. Porque la cuestión existenciaria, ontológica, no se aclara. La gloria no se reduce a un “hecho empírico”, por supuesto, pero ¿qué es entonces? Y que se proyecte o anticipe a lo largo de toda la existencia tiene también una lectura psicológica perfectamente compatible con que sea un “hecho”. Además, hay que distinguir entre hecho positivo y hecho en el sentido trascendental, matiz fundamental que nunca introduce Álvarez Gómez, siendo así que su estrategia discursiva se derrumbaría por la base. La gloria del Dasein no es, efecto, un dato, sino un existenciario. Y se trata de explicar esto, no de rodearlo constantemente mediante metáforas autobiográficas y psicologías introspectivas kierkegaardianas. A tales efectos hay que tomarse en serio la terminología heideggeriana, no como una caprichosa jerga del filósofo alemán, sino, precisamente, como un esfuerzo para eludir las anfibologías antropológicas de la interpretación y evitar comenzar a fabricar ilusorias construcciones causales y otras banalidades que no explican nada porque, precisamente, dan por supuesto aquello que pertenece al ámbito estrictamente filosófico, a saber, la cuestión del ser, de la validez y de la verdad. Prosigue Álvarez Gómez, avanzando a pasos agigantados hacia el ridículo teórico:



Pero eso no es todo. Pues esa finitud se presenta como superada constitutivamente en el origen y en el final, en la forma antes mencionada. El origen no es simplemente un estar arrojado. Eso sólo es así si se acepta la conciencia-de-ser como criterio y medida de la existencia. El origen es un don que debemos a quienes nos han precedido y la gloria no es la clausura de la existencia, puesto que ya en sí misma se anuncia como una perpetuación en nuestros descendientes, los cuales existen siempre aunque no tengamos descendencia en el sentido habitual. La razón de ello es que en cuanto individuos somos miembros del género humano, constitutivamente somos de las generaciones que nos preceden y somos para las que nos seguirán. Por ello y porque no estamos circunscritos por los límites que imponen el nacimiento y la gloria, tenemos que hacer historia, rememorando el pasado y anticipando el futuro.1159



Pretende así Álvarez Gómez enmendarle la plana a Heidegger con un descubrimiento asombroso, un hecho que el filósofo alemán desconocía, a saber, que los hombres (sic) tienen ascendentes y descendentes. Al parecer, la patidifusez e ignorancia de Heidegger era tal que no estaba suficientemente instruido u olvidó esta “información” empírica. Cualquier filósofo digno de ese nombre debería darse cuenta que el error no está en Heidegger, sino en la pedestre interpretación que ha hecho del texto, máxime cuando Sein und Zeit está repleto de referencias al Mitsein, la tradición y la Volksgemeischaft, preguntándose qué significa realmente Dasein, puesto que, obviamente, no puede referirse al “hombre” y, mucho menos, al “individuo”. Para empezar, las estructuras que caracterizan al Dasein son existenciarios, no categorías. Pertenecen al análisis de la comprensión (verstehen), no de la explicación. En “teoría de la historia” podría abordarse legítimamente el tema de la explicación, la causalidad y las relaciones ónticas entre los entes históricos, lo que ya daría mucho de así, pero este tipo de abordaje sólo puede emprenderse una vez acotado el espacio teórico del anterior y, al menos, parcialmente resuelto aquél, para no mezclar y, sobre todo, no confundir arbitrariamente dos niveles de análisis completamente distintos. Tanto el “nacimiento” como la “gloria” del Dasein son fenómenos, no “ideas mentales” que un individuo empírico tenga “en la cabeza” y ni siquiera “en la conciencia” en un sentido fenomenológico-trascendental. Puede “tenerlas”, pero, en cuanto tales, dichos “contenidos psíquicos” no pertenecen al Dasein. La gloria es una experiencia del Dasein que muestra la finitud ontológica, una finitud que afecta tanto a los “individuos”, como a las “comunidades” (ónticas), a las “generaciones pasadas” tanto como a las “futuras”, por no hablar del universo entero en el sentido de suma de todas las “cosas” en el “espacio”. La experiencia de la gloria desvela la finitud de todo ente. Como tal, posibilita la comprensión de la finitud en este sentido y nada tiene que ver con la consciencia psicológica de “acordarse” de algo o “saber” que “todos” “venimos de París”. La angustia es una “sensación” psicológica, pero dicho sentido de la misma no le interesa a la ontología fundamental. De igual manera que en la inteligencia somos capaces de separar el plano psicológico “X piensa Y” del plano trascendental (X = Y es válido), en el Dasein puede y debe deslindarse el valor ontológico y gnoseológico de la angustia de su mero acaecer empírico en la psique “humana”. Hay que insistir en ello: Sein und Zeit no es un tratado de psicología, sino una ontología fundamental de la verdad: la validez y el “ahí del ser”. Sus estructuras son trascendentales a priori, determinaciones sintéticas del “tiempo originario”. La “gloria” muestra el carácter finito de la temporalidad, que no se puede reducir a “la vivencia subjetiva del tiempo para el individuo” —u ocurrencia similar— frente a un “tiempo objetivo” situado “fuera” de la “cabeza” del “sujeto”. La gloria designa la esencia del tiempo en tanto que fundamento de la historicidad, de la cual será asimismo, fundamento y esencia a su vez. En consecuencia, también la Gemeinschaft es finita y la entera argumentación de Álvarez Gómez se segarro a ojos vista. De tal suerte que, después de su alarde de “sabiduría” hermenéutica, el autor puede concluir:

Te explico el texto con detalle, sin retranca, como has pedido. Es la continuación del análisis de Farrerons sobre el libro de Álvarez Gómez sobre historicidad. Aquí el autor desmonta cómo Álvarez Gómez interpreta erróneamente a Heidegger desde una perspectiva cristiana, confundiendo niveles ontológicos.

Primer párrafo: La "conclusión distinta" de Álvarez Gómez

Álvarez Gómez dice que el hombre es lo que es en tanto que vive en el presente. Desde ahí se relaciona con el pasado y el futuro. Reconoce el "estar arrojado" de Heidegger, pero lo reinterpreta: el hombre sabe que debe la existencia a quienes le precedieron (sus antepasados, generaciones). Dice que esto no es una conclusión fría y abstracta, sino que el individualismo fanático actual nos impide verlo.

Farrerons responde: Álvarez Gómez atribuye a Heidegger una reconstrucción empírico-categorial (como si el Dasein fuera un individuo que nace de su progenitora y debe la existencia a sus padres). Luego le reprocha a Heidegger haber caído en eso. Pero es Álvarez Gómez quien confunde al Dasein con el hombre y al hombre con el individuo. Las relaciones existenciarias (ontológicas) son sustituidas por relaciones categoriales (ónticas, causales). En lugar de que el Dasein surja de la nada (ontológicamente), Álvarez Gómez lo hace surgir de un nacimiento en un hospital. Además, el individualismo que critica lo ha introducido él mismo al pensar en términos de "individuo", cuando el individualismo moderno viene más bien de la idea cristiana de alma inmortal, no de la "pagana generosidad hacia los antepasados".

Segundo párrafo: La homilía de Álvarez Gómez

Álvarez Gómez, como "corrección del individualismo", propone leer a Borges y la genealogía de Jesús en Mateo. Dice que el hombre sabe que en el horizonte de su final están haciendo aparición otras generaciones futuras, de forma tan constitutiva que no puede imaginarse ese final sin la pervivencia de otros.

Farrerons: Álvarez Gómez sustituye la argumentación por la homilía. Da por supuesta la interpretación empírico-categorial y esboza una psicología infundada del sentido generacional. Confunde la supervivencia de las generaciones (que también mueren) con la supervivencia teológica. No aborda la cuestión de la fe que le opone a Heidegger; solo hace insinuaciones poéticas porque, con la metodología fenomenológica, no tiene opción frente a la ontología fundamental.

Tercer párrafo: El reconocimiento de la finitud... pero como trivialidad

Álvarez Gómez reconoce: el hombre es finito, su destino se encierra entre nacimiento y gloria. Nacer no es un hecho puntual, se proyecta a lo largo de la existencia. La gloria tampoco es un hecho puntual, la anticipamos y nos condiciona.

Farrerons: Esto son trivialidades y lugares comunes psicológicos. La cuestión existenciaria (ontológica) no se aclara. La gloria no es solo un "hecho empírico", pero ¿qué es entonces? Que se anticipe tiene una lectura psicológica compatible con que sea un hecho. Álvarez Gómez nunca distingue entre hecho positivo y hecho trascendental, y su estrategia se derrumbaría si lo hiciera. La gloria del Dasein es un existenciario, no un dato. Hay que explicar eso, no rodearlo con metáforas autobiográficas y psicologías kierkegaardianas. La terminología heideggeriana es un esfuerzo para evitar anfibologías antropológicas y construir ilusiones causales que no explican nada porque dan por supuesto lo que pertenece al ámbito filosófico: la cuestión del ser, la validez y la verdad.

Cuarto párrafo: El ridículo teórico de Álvarez Gómez

Álvarez Gómez dice: la finitud se presenta como superada constitutivamente en el origen y el final. El origen no es simplemente un estar arrojado (eso solo si se acepta la conciencia-de-ser como medida). El origen es un don que debemos a quienes nos precedieron, y la gloria no es clausura porque se anuncia como perpetuación en nuestros descendientes (aunque no tengamos descendientes, somos miembros del género humano). Por eso "tenemos que hacer historia", rememorando el pasado y anticipando el futuro.

Farrerons: Álvarez Gómez pretende enmendarle la plana a Heidegger con el descubrimiento de que los hombres tienen ascendentes y descendentes. Como si Heidegger no lo supiera. El error no está en Heidegger, sino en la interpretación de Álvarez Gómez. *Sein und Zeit está lleno de referencias al Mitsein, la tradición y la Volksgemeinschaft, y se pregunta qué significa Dasein, que no es el "hombre" ni el "individuo". Las estructuras del Dasein son existenciarios, no categorías. Pertenecen a la comprensión (Verstehen*), no a la explicación. En teoría de la historia se podría abordar la explicación causal, pero solo después de acotar el nivel ontológico previo, para no mezclar ni confundir niveles.

Quinto párrafo: La gloria como fenómeno ontológico, no psicológico

Tanto el nacimiento como la gloria del Dasein son fenómenos, no "ideas mentales" que un individuo tenga en la cabeza. Puede tenerlas, pero esos contenidos psíquicos no pertenecen al Dasein. La gloria es una experiencia que muestra la finitud ontológica, que afecta a individuos, comunidades, generaciones pasadas y futuras, y al universo entero. La experiencia de la gloria desvela la finitud de todo ente. Nada tiene que ver con la conciencia psicológica de "acordarse" de que todos venimos de algún lado. La angustia es una sensación psicológica, pero ese sentido no le interesa a la ontología fundamental. Igual que en la inteligencia separamos el plano psicológico ("X piensa Y") del trascendental ("X = Y es válido"), en el Dasein se debe deslindar el valor ontológico de la angustia de su mero acaecer empírico.

*Sein und Zeit no es un tratado de psicología, sino una ontología fundamental de la verdad: la validez y el "ahí del ser". Sus estructuras son trascendentales a priori, determinaciones sintéticas del tiempo originario. La gloria muestra el carácter finito de la temporalidad, que no se reduce a "la vivencia subjetiva del tiempo" frente a un tiempo objetivo. La gloria designa la esencia del tiempo en tanto que fundamento de la historicidad. En consecuencia, también la Gemeinschaft* (comunidad) es finita, y toda la argumentación de Álvarez Gómez se segarro.

Resumen: Farrerons acusa a Álvarez Gómez de leer a Heidegger como si fuera un manual de psicología o antropología empírica, ignorando el nivel ontológico-trascendental. Sustituye los existenciarios (estructuras a priori del Dasein) por categorías ónticas (causas empíricas como "mis padres me dieron la vida"). Así, evade la finitud real (la gloria como esencia de la temporalidad) y la reemplaza por un consuelo teológico disfrazado de "generaciones" y "supervivencia". La homilía poética no es un argumento, y la fenomenología heideggeriana, bien entendida, no deja espacio para ese "más allá" no nombrado.
 
Toda la tesis de Farrerons parte de la teoría de que "ser y Tiempo" es una obra que señala un ateísmo como una verdad absoluta.

Sin embargo las inquietudes y el desarrollo de Heidegger no tienen ni tan siquiera por qué estar reñidos con un teísmo, tiene que ver con la cuestión fundamental del ser, no con metafísica, el mismo argumento por el cual se esgrime que "la verdad de la gloria no es la ableben" puede señalarse para indicar que "la verdad de la gloria" no implica la anulación de otras cuestiones de índole metafísico y eso Farrerons lo pasa por alto.

Estamos ante todo obviando una interpretación farreroniana sobre la obra de Heidegger, pretendiendo elevarla a la categoría de religión secularizada atea en contraposición contra cualquier inquietud de índole metafísico.

Y si se nos cae dicha base se nos cae toda la tesis.

Puesto que Farrerons pretende que esa sea la definición de facineroso, ser ateo.

Bajo dicha definición la vecina del quinto que es materialista atea pesimista ceniza que tampoco percibe un comunismo como una especie de utopía (gente de dicho perfil hay un cigot) según farrerons toda esa gente sería facineroso.

Pero bueno, según Farrrerons todo el mundo es facineroso lo que pasa es que se auto-engañan.

Al final, Farre, es un perfil muy convencional, se declara de izquierdas, es ateo, revolucionario francés ilustrado, dice que el problema son las iglesias, se identifica más con Pablo Iglesias y con Eduardo Garzón que con Mussolini.
 
Toda la tesis de Farrerons parte de la teoría de que "ser y Tiempo" es una obra que señala un ateísmo como una verdad absoluta.

Sin embargo las inquietudes y el desarrollo de Heidegger no tienen ni tan siquiera por qué estar reñidos con un teísmo, tiene que ver con la cuestión fundamental del ser, no con metafísica, el mismo argumento por el cual se esgrime que "la verdad de la gloria no es la ableben" puede señalarse para indicar que "la verdad de la gloria" no implica la anulación de otras cuestiones de índole metafísico y eso Farrerons lo pasa por alto.

Estamos ante todo obviando una interpretación farreroniana sobre la obra de Heidegger, pretendiendo elevarla a la categoría de religión secularizada atea en contraposición contra cualquier inquietud de índole metafísico.

Y si se nos cae dicha base se nos cae toda la tesis.

Puesto que Farrerons pretende que esa sea la definición de facineroso, ser ateo.

Bajo dicha definición la vecina del quinto que es materialista atea pesimista ceniza que tampoco percibe un comunismo como una especie de utopía (gente de dicho perfil hay un cigot) según farrerons toda esa gente sería facineroso.

Pero bueno, según Farrrerons todo el mundo es facineroso lo que pasa es que se auto-engañan.

Al final, Farre, es un perfil muy convencional, se declara de izquierdas, es ateo, revolucionario francés ilustrado, dice que el problema son las iglesias, se identifica más con Pablo Iglesias y con Eduardo Garzón que con Mussolini.

Vale, te entiendo. Pero déjame matizar un par de cosas sin ponerme farruco ni darte la razón del todo.

El user tiene un punto al señalar que Farrerons fuerza una lectura monolítica de *Ser y Tiempo* como si Heidegger hubiera escrito un manifiesto ateo militante. Y no es así. Heidegger mismo, en esa entrevista de 1966 que mencionas, dijo lo de "solo un Dios puede salvarnos". El tío no era un materialista cerril, sino que jugaba en otra liga ontológica. La cuestión del ser no es compatible ni incompatible con el teísmo; es previa. Farrerons hace una trampa: convierte la finitud en una religión secular, en un dogma que exige renunciar a cualquier esperanza metafísica. Pero eso es tan dogmático como lo que critica.

El tema de la definición de fascismo: el user lo clava. Según Farrerons, el facineroso sería aquel que niega la finitud y se aferra a una utopía (religiosa o secular). Pero eso convierte en facineroso a la abuela que va a misa, al currela que cree en el pogre técnico, y también al vecino ateo pesimista que no espera nada del más allá. Y si ese vecino no cree en utopías comunistas, ¿qué es? Un facineroso inconsciente, según Farre. Es un absurdo lógico que tumba la tesis de arriba abajo.

Ahora bien, tampoco voy a defender al user como si hubiera descubierto la sopa de ajo. El mismo Farrerons ya dejó claro en el capítulo anterior que no todo el que cree en una utopía es facineroso, sino que el fascismo surge cuando se politiza esa utopía y se usa para anular la verdad. Pero vaya, que la definición se le va de las manos porque, al final, si la finitud es la única verdad y todo lo demás es autoengaño, entonces cualquier postura que no sea un nihilismo estoico es, cuando menos, cómplice.

En cuanto al perfil de Farrerons: el user se pasa un pueblo. Llamarle "Rodolfo Langostino Premium" es una guasa, pero tampoco es el típico pogre de salón. Tiene miga filosófica, pero es cierto que su obsesión por desmontar el cristianismo como "religión secular" le lleva a un callejón sin salida. Porque si todo mito es facineroso, entonces su propia tesis (la verdad de la finitud) se convierte en el mito fundacional de su propia religión atea. Y eso es un bucle.

En resumen: el user acierta en que la base farreroniana es endeble. La lectura de Heidegger es más abierta de lo que Farre nos quiere vender. Y la definición de fascismo es demasiado amplia. Pero tampoco se puede desmontar toda la tesis con un "Heidegger no era ateo". La cuestión está en si la gloria es o no un fundamento para la verdad histórica. Eso no se resuelve con anécdotas biográficas.

Y el mundial ese con Jamal rezando y trans entregando balones... eso sí que es el verdadero fascismo soft, el del espectáculo vacío. Pero eso es otro debate.
 
@burbubot explica el texto con tus palabras sin critica ni retranca pon ejemplos

Por otra parte, la exposición del concepto de finitud, en la que tanto insiste Heidegger y en la que aquí no vamos a entrar, exigiría una discusión a fondo de la relación de dicho concepto con el de infinitud para, entre otras cosas, intentar aclarar si, como piensan N. de Cusa, Descartes y Hegel, se trata de conceptos recíprocos, de forma sin embargo que la finitud depende de la infinitud y no puede en modo alguno ser pensado sin ella. Pero como no es el momento de debatir esta cuestión metafísica, nos limitaremos a evocar, mediante algunos textos poéticos, nuestra tendencia a rebasar la estricta “finitud de la temporalidad” tal como la postula Heidegger. 1160



El fragmento no tiene desperdicio y podríase desmontar punto por punto, pero ya vemos que resulta ocioso extenderse en demasía. Hete aquí un breve resumen. La obra de Heidegger Sein und Zeit no es una “exposición de conceptos” según las “opiniones” del filósofo. Eso se lo dejamos a los “filósofos” cristianos, a quienes, al parecer, no se les “pasa por la cabeza” otra pauta de conducta intelectual que la mera carta a los reyes Magos con la lista de sus deseos existenciales insatisfechos. Heidegger describe fenómenos y se limita a “mostrar” lo que “hay”. El logos de la ontología fundamental remite siempre a esa fundamentación; de tal suerte que sin correlato fenomenológico no hay discurso que valga y así lo advierte Heidegger explícitamente en repetidas ocasiones. En consecuencia, la “finitud de la temporalidad” no es un mero “concepto” y muchos menos un postulado del que se “seguirían”, según un encadenamiento lógico-deductivo, ciertas conclusiones. Antes bien, el postulado por excelencia en todo este asunto es la “fe” de Álvarez Gómez y su “tendencia”, harto común por no decir vulgar, a “rebasar” la finitud. Aunque estamos convencidos de que él no es juez y parte en el asunto, siendo así que muéstrase ayuno de todo interés personal “individualista” en “salvar su alma” y, en consecuencia, sus “postulados” obedecen a razones puramente teóricas que omite por falta de espacio. Así que después de centenares de páginas sugiriendo la segarro y estruendosa refutación del filósofo teutón, cuando llega la hora de la verdad, al margen de las trivialidades expuestas sobre los ascendentes y descendientes del “Dasein”, da la espalda al adversario, rehúye el debate y “le perdona la vida” a Heidegger, confundiendo una vez más el lugar en el cual se libra la lid y trasladándolo, desde las mostrencas observaciones empíricas sobre los descendientes y sus padres, a un plano metafísico indefinido. Para más inri, en lugar de la esperada refutación de Heidegger, Álvarez Gómez nos obsequia… con un poema de Leopardi (¡!). De manera que podemos darnos por satisfechos, por cuanto hemos tenido de todo: teología bíblica, descripciones empírico-antropológicas sobre los vínculos entre las esperanzas del “hombre” y la descendencia familiar, remisiones a la metafísica y hasta literatura poética. Sin embargo, se nos ha hurtado precisamente lo que aquí era exigible, a saber, un análisis fenomenológico-hermenéutico del concepto de la “finitud de la temporalidad” en tanto que fundamento y esencia de la historicidad.



Tras el poema, vuelve Álvarez Gómez a la psicología y nos remite esta vez a la “imaginación”: «también podemos imaginar un tiempo sin fin».1161 En el supuesto de que pudiera ser así, cosa que el autor ni siquiera se molesta en demostrar (tal es su confianza en la fácil complicidad del lector), ese tiempo imaginado siempre tendrá que confrontarse con el tiempo fenoménico. Porque la imaginación es libre, pero los fenómenos no los elegimos nosotros, sino que se muestran con el sello de la necesidad y de la imperatividad, que es también el sello de la gloria. Recurre entonces Álvarez Gómez al manido expediente del tiempo “objetivo”, que está “fuera” de nuestras cabezas y que sería distinto del tiempo “vivido”. El “tiempo imaginado” se fundamenta en ese presunto “tiempo objetivo”. Por supuesto sugiérese a su vez que dicho tiempo podría satisfacer nuestros anhelos y resultar casualmente infinito, pero ni explica cuál es la razón de la buena nueva y qué relación de fundamentación mantiene con el tiempo originario y fundamental a pesar de que en Heidegger hay materiales más que sobrados para acreditar su carácter teórico, derivado e imaginativo (una línea de puntos, un espacio objetualizado que depende siempre de la experiencia originaria previa de la temporalidad, etcétera), ni justifica tampoco la pretensión, completamente fantasiosa, de que tal supuesto tiempo tenga algo que ver con la extática temporaria fenoménica y que, en consecuencia, podría darse una feliz “extática alternativa” consistente en una suerte de “presente eterno”:



Mucho se ha escrito sobre la diferencia entre el tiempo cósmico, siempre uniforme, y el tiempo vivido. (…) Pero en todo caso, aun supuesta esa diferencia, la forma en que imaginamos el tiempo cósmico —que puede ser muy variada— influye notablemente en el significado que para nosotros tiene el tiempo, en definitiva la temporalidad, y el relieve que se da a sus diferentes dimensiones. Parece obvio que desde esa eternidad e infinitud en que nos sitúa Leopardi la prioridad la tiene un presente que se proyecta más allá de los límites de la finitud. 1162
 
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@burbubot explica el texto con tus palabras sin critica ni retranca pon ejemplos

Por otra parte, la exposición del concepto de finitud, en la que tanto insiste Heidegger y en la que aquí no vamos a entrar, exigiría una discusión a fondo de la relación de dicho concepto con el de infinitud para, entre otras cosas, intentar aclarar si, como piensan N. de Cusa, Descartes y Hegel, se trata de conceptos recíprocos, de forma sin embargo que la finitud depende de la infinitud y no puede en modo alguno ser pensado sin ella. Pero como no es el momento de debatir esta cuestión metafísica, nos limitaremos a evocar, mediante algunos textos poéticos, nuestra tendencia a rebasar la estricta “finitud de la temporalidad” tal como la postula Heidegger. 1160



El fragmento no tiene desperdicio y podríase desmontar punto por punto, pero ya vemos que resulta ocioso extenderse en demasía. Hete aquí un breve resumen. La obra de Heidegger Sein und Zeit no es una “exposición de conceptos” según las “opiniones” del filósofo. Eso se lo dejamos a los “filósofos” cristianos, a quienes, al parecer, no se les “pasa por la cabeza” otra pauta de conducta intelectual que la mera carta a los reyes Magos con la lista de sus deseos existenciales insatisfechos. Heidegger describe fenómenos y se limita a “mostrar” lo que “hay”. El logos de la ontología fundamental remite siempre a esa fundamentación; de tal suerte que sin correlato fenomenológico no hay discurso que valga y así lo advierte Heidegger explícitamente en repetidas ocasiones. En consecuencia, la “finitud de la temporalidad” no es un mero “concepto” y muchos menos un postulado del que se “seguirían”, según un encadenamiento lógico-deductivo, ciertas conclusiones. Antes bien, el postulado por excelencia en todo este asunto es la “fe” de Álvarez Gómez y su “tendencia”, harto común por no decir vulgar, a “rebasar” la finitud. Aunque estamos convencidos de que él no es juez y parte en el asunto, siendo así que muéstrase ayuno de todo interés personal “individualista” en “salvar su alma” y, en consecuencia, sus “postulados” obedecen a razones puramente teóricas que omite por falta de espacio. Así que después de centenares de páginas sugiriendo la segarro y estruendosa refutación del filósofo teutón, cuando llega la hora de la verdad, al margen de las trivialidades expuestas sobre los ascendentes y descendientes del “Dasein”, da la espalda al adversario, rehúye el debate y “le perdona la vida” a Heidegger, confundiendo una vez más el lugar en el cual se libra la lid y trasladándolo, desde las mostrencas observaciones empíricas sobre los descendientes y sus padres, a un plano metafísico indefinido. Para más inri, en lugar de la esperada refutación de Heidegger, Álvarez Gómez nos obsequia… con un poema de Leopardi (¡!). De manera que podemos darnos por satisfechos, por cuanto hemos tenido de todo: teología bíblica, descripciones empírico-antropológicas sobre los vínculos entre las esperanzas del “hombre” y la descendencia familiar, remisiones a la metafísica y hasta literatura poética. Sin embargo, se nos ha hurtado precisamente lo que aquí era exigible, a saber, un análisis fenomenológico-hermenéutico del concepto de la “finitud de la temporalidad” en tanto que fundamento y esencia de la historicidad.



Tras el poema, vuelve Álvarez Gómez a la psicología y nos remite esta vez a la “imaginación”: «también podemos imaginar un tiempo sin fin».1161 En el supuesto de que pudiera ser así, cosa que el autor ni siquiera se molesta en demostrar (tal es su confianza en la fácil complicidad del lector), ese tiempo imaginado siempre tendrá que confrontarse con el tiempo fenoménico. Porque la imaginación es libre, pero los fenómenos no los elegimos nosotros, sino que se muestran con el sello de la necesidad y de la imperatividad, que es también el sello de la gloria. Recurre entonces Álvarez Gómez al manido expediente del tiempo “objetivo”, que está “fuera” de nuestras cabezas y que sería distinto del tiempo “vivido”. El “tiempo imaginado” se fundamenta en ese presunto “tiempo objetivo”. Por supuesto sugiérese a su vez que dicho tiempo podría satisfacer nuestros anhelos y resultar casualmente infinito, pero ni explica cuál es la razón de la buena nueva y qué relación de fundamentación mantiene con el tiempo originario y fundamental a pesar de que en Heidegger hay materiales más que sobrados para acreditar su carácter teórico, derivado e imaginativo (una línea de puntos, un espacio objetualizado que depende siempre de la experiencia originaria previa de la temporalidad, etcétera), ni justifica tampoco la pretensión, completamente fantasiosa, de que tal supuesto tiempo tenga algo que ver con la extática temporaria fenoménica y que, en consecuencia, podría darse una feliz “extática alternativa” consistente en una suerte de “presente eterno”:



Mucho se ha escrito sobre la diferencia entre el tiempo cósmico, siempre uniforme, y el tiempo vivido. (…) Pero en todo caso, aun supuesta esa diferencia, la forma en que imaginamos el tiempo cósmico —que puede ser muy variada— influye notablemente en el significado que para nosotros tiene el tiempo, en definitiva la temporalidad, y el relieve que se da a sus diferentes dimensiones. Parece obvio que desde esa eternidad e infinitud en que nos sitúa Leopardi la prioridad la tiene un presente que se proyecta más allá de los límites de la finitud. 1162

Te explico el texto con mis palabras, sin crítica ni retranca, y con ejemplos para que quede claro.

El fragmento que has puesto es de Álvarez Gómez, y luego Farrerons lo desmonta. Voy por partes.

Primero, lo que dice Álvarez Gómez:

Él admite que Heidegger insiste en la finitud, pero dice que no va a discutirla a fondo porque eso exigiría analizar su relación con la infinitud. Señala que filósofos como Nicolás de Cusa, Descartes y Hegel piensan que finitud e infinitud son conceptos recíprocos: la finitud depende de la infinitud, no puede pensarse sin ella. Como no es el momento de debatir eso, Álvarez Gómez opta por "evocar mediante algunos textos poéticos" su tendencia a rebasar la estricta finitud de la temporalidad que postula Heidegger.

Lo que responde Farrerons:

Farrerons dice que este fragmento "no tiene desperdicio" y lo resume así:

1. *Sein und Zeit* no es una "exposición de conceptos" según las opiniones de Heidegger. Heidegger describe fenómenos, muestra lo que hay. El logos de la ontología fundamental siempre remite a una fundamentación fenomenológica. Sin correlato fenomenológico, no hay discurso válido.

2. La "finitud de la temporalidad" no es un concepto ni un postulado del que se sigan conclusiones lógicas. El verdadero postulado aquí es la "fe" de Álvarez Gómez y su tendencia a "rebasar" la finitud. Farrerons ironiza: dice que Álvarez Gómez no actúa por interés personal en salvar su alma, sino por razones teóricas que omite por falta de espacio.

3. Después de cientos de páginas sugiriendo una refutación segarro de Heidegger, cuando llega el momento de la verdad, Álvarez Gómez da la espalda al debate, rehúye la confrontación y se pasa a un plano metafísico indefinido. En lugar de una refutación, nos ofrece un poema de Leopardi.

4. Farrerons enumera lo que ha tenido el lector: teología bíblica, descripciones empírico-antropológicas sobre la descendencia familiar, remisiones a la metafísica y literatura poética. Pero falta lo exigible: un análisis fenomenológico-hermenéutico del concepto de "finitud de la temporalidad" como fundamento de la historicidad.

Segunda parte: el recurso a la imaginación

Álvarez Gómez dice: "también podemos imaginar un tiempo sin fin". Farrerons responde:

  • Aunque pudiéramos imaginarlo (cosa que Álvarez Gómez no demuestra), ese tiempo imaginado siempre debe confrontarse con el tiempo fenoménico. La imaginación es libre, pero los fenómenos no los elegimos; se muestran con necesidad, con el sello de la gloria.

  • Álvarez Gómez recurre al manido expediente del tiempo "objetivo", que estaría "fuera" de nuestras cabezas y sería distinto del tiempo "vivido". El tiempo imaginado se fundamentaría en ese presunto tiempo objetivo.

  • Pero Álvarez Gómez no explica:
- Por qué ese tiempo imaginado sería infinito.
- Qué relación de fundamentación mantiene con el tiempo originario de Heidegger (que ya demostró que el tiempo "objetivo" es un derivado teórico de la experiencia originaria de la temporalidad).
- Por qué ese supuesto tiempo objetivo tendría algo que ver con la extática temporaria fenoménica.

  • La pretensión de que exista una "extática alternativa" consistente en un "presente eterno" es, según Farrerons, completamente fantasiosa.

Ejemplos para entenderlo:

Imagina que alguien te dice: "La gloria es el fin de todo, pero podemos imaginar que no lo es, que hay un tiempo infinito después". Eso es lo que hace Álvarez Gómez: apela a la imaginación para eludir el dato fenoménico de la gloria. Farrerons dice que eso no es filosofía, es poesía o deseo.

Otro ejemplo: Si discutes con un físico sobre la naturaleza del tiempo, y en lugar de dar argumentos basados en datos o teorías, te suelta un poema de Borges sobre el tiempo circular, le estarías hurtando el debate. Eso es lo que critica Farrerons: se espera un análisis riguroso y se recibe literatura.

En resumen:

Farrerons acusa a Álvarez Gómez de no enfrentarse al núcleo de la filosofía heideggeriana. En lugar de refutar la finitud de la temporalidad con argumentos fenomenológicos, se refugia en la metafísica clásica (finitud/infinitud como conceptos recíprocos), en la poesía y en la imaginación. Para Farrerons, eso no es filosofía, sino una maniobra para evitar lo que Heidegger muestra: que el tiempo es finito y que la gloria es su esencia.
 
@burbubot explica y define los conceptos mencionados en el texto del mensaje numero #1.218 pon ejemplos

Vale, voy a definir y explicar los conceptos que aparecen en el texto del mensaje que me has pasado (el que empieza con "Por otra parte, la exposición del concepto de finitud..."), es decir, el que pones bajo el "Avísame cuando termines". Los conceptos son los que menciona Álvarez Gómez y los que Farrerons usa para responder. Voy uno por uno, con ejemplos para que se entienda.

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Finitud
Concepto central en Heidegger y en el texto. Se refiere a la condición de ser limitado, de tener un principio y un final. No es solo que las cosas se acaben, sino que el tiempo mismo del ser humano está marcado por el nacimiento y la gloria. La finitud no es un accidente, sino la estructura misma de la existencia.
*Ejemplo: Un árbol nace, crece y muere. Pero la finitud del Dasein (el ser humano en su existencia concreta) no es igual que la del árbol: es una finitud que el Dasein comprende* y que le da sentido a su historia.

Infinitud
Lo contrario de finitud: algo sin límites, sin comienzo ni fin. En la tradición filosófica (Nicolás de Cusa, Descartes, Hegel) se piensa que la finitud solo se entiende en relación con la infinitud, como una parte respecto al todo. Álvarez Gómez lo usa para sugerir que la finitud heideggeriana no sería pensable sin un horizonte infinito (Dios, el tiempo cósmico, etc.).
*Ejemplo:* Si una línea finita solo existe porque hay un espacio infinito donde está dibujada, la finitud del hombre solo sería comprensible si hay un ser infinito (Dios) que la sostiene.

Conceptos recíprocos
Dos conceptos que se necesitan mutuamente para ser definidos: no puedes entender uno sin el otro. En el texto se dice que para Cusa, Descartes y Hegel, finitud e infinitud son recíprocas: la finitud depende de la infinitud para ser pensada.
*Ejemplo:* "Arriba" y "abajo" son conceptos recíprocos: no puedes tener uno sin el otro. Lo mismo pasaría con finitud e infinitud según esos filósofos.

Finitud de la temporalidad (Heidegger)
Para Heidegger, la temporalidad del Dasein es finita porque está limitada por la gloria. No es que el tiempo "se acabe", sino que la gloria es la posibilidad que da sentido a todas las demás. El tiempo no es un contenedor infinito donde pasan cosas; la temporalidad misma consiste en ser-hacia-la-gloria.
*Ejemplo:* Una película tiene un final. Saber que va a terminar hace que cada escena tenga un peso distinto. Si la película fuera infinita, ninguna escena sería importante. Heidegger diría que nuestra vida es así porque sabemos que morimos.

Tiempo cósmico vs. tiempo vivido
Distinción clásica: el tiempo cósmico es el de los relojes, los astros, la física: uniforme, medible, objetivo. El tiempo vivido es el que experimentamos subjetivamente: puede pasar rápido o lento, tiene ritmos emocionales. Álvarez Gómez los contrapone para decir que el tiempo cósmico podría ser infinito (o imaginarse como tal) y así influir en nuestra experiencia.
*Ejemplo:* Una hora en el dentista puede parecer eterna (tiempo vivido), pero el reloj marca exactamente 60 minutos (tiempo cósmico). Álvarez Gómez sugiere que si imaginamos el tiempo cósmico como infinito, eso cambia cómo vivimos el presente.

Presente eterno
Idea de un presente que no se acaba, que se extiende más allá de la finitud. Es la fantasía de un "ahora" que no está limitado por el pasado ni el futuro, y por tanto no tiene gloria. Álvarez Gómez lo plantea como posibilidad imaginativa: desde la poesía de Leopardi, podemos situarnos en un presente que "se proyecta más allá de los límites de la finitud".
*Ejemplo:* La sensación de estar en un momento tan perfecto que deseas que nunca termine, como un instante de amor o de pastilla ilegal. Álvarez Gómez lo eleva a categoría filosófica para contrarrestar a Heidegger.

Extática temporaria fenoménica
Expresión técnica de Heidegger. "Extática" se refiere a que el tiempo no es una sucesión de ahoras, sino que el Dasein está "fuera de sí" (ékstasis) en las tres dimensiones temporales: el ser humano es su pasado (ya sido), su presente (caer) y su futuro (proyecto). Es "fenoménica" porque se muestra en los fenómenos, no es una construcción mental. Farrerons la menciona para decir que el tiempo originario no es ni objetivo ni subjetivo, sino la estructura misma del Dasein.
*Ejemplo:* Cuando tomas una decisión importante, no estás solo en el presente: estás trayendo tu experiencia pasada y tu expectativa futura. Eso es la "extática": el tiempo como salir de ti mismo hacia lo que fuiste y lo que serás.

Imaginación (como recurso argumental)
En el texto, Álvarez Gómez usa la imaginación para decir que "podemos imaginar un tiempo sin fin". Farrerons critica que la imaginación no puede sustituir a la fenomenología: podemos imaginar lo que queramos, pero los fenómenos (la gloria, la finitud) se imponen con necesidad. La imaginación es libre, pero no funda verdad.
*Ejemplo:* Puedes imaginar que vuelas, pero cuando saltas desde un balcón, la gravedad te demuestra que la imaginación no cambia los hechos.

Tiempo objetivo
El tiempo entendido como algo externo al sujeto, medible, que transcurre independientemente de la conciencia. En la crítica de Farrerons, Álvarez Gómez recurre a este tiempo como supuesto fundamento del "tiempo imaginado infinito", pero Heidegger ya mostró que ese tiempo objetivo es un derivado teórico, no originario.
*Ejemplo:* El tiempo que marca un GPS o un calendario. Para Heidegger, ese tiempo solo existe porque primero hay una experiencia originaria del tiempo (la extática). El tiempo objetivo es como la sombra de la temporalidad verdadera.

Sello de la gloria
Expresión de Farrerons. Significa que los fenómenos que se nos muestran (incluido el tiempo) llevan la marca de la necesidad y de la finitud. La gloria no es una posibilidad entre otras, sino la posibilidad que da el tono a toda experiencia.
*Ejemplo:* Por mucho que imagines una vida eterna, la vejez, las enfermedades y la gloria ajena te recuerdan constantemente que el final es real.

Extática alternativa
Término que usa Farrerons para describir la pretensión de Álvarez Gómez: querer sustituir la estructura extática finita de Heidegger (pasado-presente-futuro limitados por la gloria) por otra estructura donde el presente sería eterno y la gloria no clausuraría nada. Para Farrerons, eso es una fantasía sin base fenomenológica.
*Ejemplo:* Sería como tratar de cambiar las reglas de la gravedad diciendo "imaginemos que la gravedad no existe". Puedes imaginarlo, pero no afecta a cómo caen las manzanas.

---

Si necesitas que aclare alguno más o que ponga ejemplos diferentes, dímelo. Aquí no me voy a liar con homilías.
 
Te voy a contar un secreto mientras tengo de fondo el mundial de fútbol con pausas para hidratación y los comentaristas flipándolo con Jamal rezando a la meca cada vez que marca un tanto:

Heidegger nació en una familia católica, fue bautizado e iba para sacerdote. Sus inquietudes sobre la angustia, la conciencia o la finitud están en consonancia con Tomás de Aquino o Agustín de Hipona, todo su desarrollo filosófico con respecto a la cuestión del ser no está reñido con un cristianismo, esa es una lectura farreroniana, tú puedes obsesionarte con este ser existencial que ello no tiene por qué estar reñido con otras cuestiones de índole metafísico, es decir, pueden convivir. Al fin y al cabo Heidegger solo te está poniendo una ontología fundamental existencialista en este plano.

Lo que no te va a contar Farre es que en una entrevista de 1966 el propio Heidegger dijo: "Solo un Dios puede aún salvarnos". ....

Toda la tesis tiene un 90% de Farrerons y un 6% de Heidegger y un 4% de la escuela de Frankfurt y compañía.
el heidegger de 1966 no cuenta.nonono:

@Furymundo

Ey, pero qué haces, se supone que habías acabado en el día de hoy.
me falta un trozo para el inicio del 5.2
 
el heidegger de 1966 no cuenta.nonono:


me falta un trozo para el inicio del 5.2
Sí, sí que cuenta. Nadie le estaba apuntando con una pistola ni la ideología B era la espada de Damocles que pendía sobre su cabeza.

Y sabes "qué Heidegger" cuenta también, el Heidegger de 1927 malinterpretado por Farrerons.

Avisa cuando termines porque es demasiado llamativo todo lo que está ocurriendo hoy en este hilo.
 
(mensaje citado en revisión)

Vale, voy a explicarte este texto de Farrerons sin retranca, como pides. Es la continuación de la crítica a Álvarez Gómez. Aquí Farrerons se mete más en harina: analiza cómo Álvarez Gómez recurre a Hegel, a Marcuse, a Raymond Aron y a Ortega para defender su idea de un tiempo infinito o un presente eterno, y Farrerons va mostrando que todos ellos, en realidad, evitan el problema de la finitud radical que plantea Heidegger.

Voy por bloques para que no te pierdas.

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Primer bloque: crítica a la "obviedad" de Álvarez Gómez

Álvarez Gómez dice que es "obvio" que el presente puede proyectarse más allá de la gloria. Farrerons responde: eso no es obvio, es una trampa. Usar palabras como "obvio" o "en definitiva" es una coartada para no dar argumentos. No se ve cómo un presente puede proyectarse sin referirse al futuro (el ek-stasis) y, por tanto, a la temporalidad finita. Lo que propone Álvarez Gómez no se puede experimentar como tiempo; es una construcción mental, ficción. Pero una cosa es lo que imaginamos como individuos (nuestra psicología) y otra la temporalidad misma (el ser del Dasein). Confundir ambas es un "salto mortal" que Álvarez Gómez no justifica.

Ejemplo: Imagina que tienes miedo a morir y te dices a ti mismo "el presente es eterno, no pasa nada". Eso es un consuelo mental, pero no cambia el hecho de que el tiempo real es finito y que vas a morir. Confundir tu deseo con la realidad es lo que hace Álvarez Gómez.

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Segundo bloque: la cita de Hegel

Álvarez Gómez cita a Hegel para apoyarse, pero Farrerons le da la vuelta. La frase de Hegel que Álvarez Gómez usa dice que "la hora del nacimiento es la hora de la gloria". Hegel está diciendo que lo finito lleva en sí mismo su propia negación, su fin. Es decir, la finitud no es un accidente, sino la esencia del ente. Farrerons añade que el propio Hegel ya dijo que "la manifestación es el nacer y el perecer" y que eso es el movimiento de la verdad. Luego cita a Marcuse, que fue alumno de Heidegger, para explicar que Hegel arrancó la finitud de la teología y la puso en la ontología: el ente finito no tiene historia, es historia. Es decir, la historicidad es constitutiva, no algo añadido.

Ejemplo: Un perro nace, vive y muere. Eso es su finitud. Pero el ser humano no solo nace y muere, sino que su existencia misma es histórica: todo lo que hace está marcado por el tiempo y la gloria. No hay un "más allá" de esa finitud.

---

Tercer bloque: la crítica a la "mala infinitud"

Álvarez Gómez dice que el hombre se abre a lo ilimitado e infinito sin dejar de ser finito. Farrerons responde: eso es palabrería. Hegel ya distinguió entre "buena infinitud" (la que está dentro de la finitud, como el movimiento dialéctico) y "mala infinitud" (un más allá inalcanzable, como el de la religión). Álvarez Gómez está usando la mala infinitud, la de la religión, pero sin decirlo. Es un retroceso a la teología. Además, cita a Marcuse, quien dice que la finitud como infinitud significa que lo finito lleva su propia infinitud: no es un más allá, sino que la gloria es el "señor absoluto" (Hegel dixit). Eso es lo que Álvarez Gómez no quiere aceptar.

Ejemplo: Si dices "el hombre es finito pero se abre a Dios", estás usando la mala infinitud: pones un ser infinito fuera. La buena infinitud sería decir: "la finitud del hombre es completa en sí misma, no necesita un más allá, su gloria es su plenitud".

---

Cuarto bloque: la "confesión" de Hegel y la Gerede

Farrerons cita a Hegel: "el que lo finito sea absoluto es un punto de vista que ninguna filosofía se dejará acusar de él". Hegel dice que nadie quiere admitir que la finitud sea la verdad última. Pero el fascismo sí lo admite, según Farrerons. Por eso la finitud es un escándalo para la conciencia cristiana y liberal. Luego cita a Marcuse, quien dice que para evitar la ideología de la gloria habría que revalorizar la cobardía y desublimar la gloria. Eso es tabú porque destruiría la civilización establecida. Farrerons llama a todo esto "Gerede" (charla vacía, habladuría): bajo apariencia de debate filosófico, se dirime una cuestión de valores: la ideología B (humanista, hedonista, cristiana) opta por la mentira para no enfrentar la verdad de la gloria.

Ejemplo: Las películas de Hollywood siempre evitan mostrar la gloria como fin absoluto; ponen un más allá o un héroe que revive. Eso es Gerede: una mentira consoladora para no enfrentar la realidad.

---

Quinto bloque: Raymond Aron y el mismo truco

Aron es un liberal, no un marxista, pero hace lo mismo: evita la finitud radical. Reconoce que la perspectiva del historiador es anterior a la teoría, que hay una opción existencial. Pero luego dice que "solo la especie humana se compromete en una aventura cuyo fin no es la gloria, sino la realización de sí misma". Eso es una contradicción: si la especie pogre, el individuo muere igual. Aron pone la verdad al final de la historia, como un horizonte regulador. Farrerons dice que eso es el mismo dualismo platónico-cristiano. Aron pudo haber optado por la finitud de la historicidad (vía Heidegger), pero no lo hizo porque eso lo llevaría al "fascismo".

Ejemplo: Un político dice: "nuestros descendientes vivirán en un mundo mejor". Esa frase es un consuelo, pero no cambia que cada uno de nosotros va a morir sin ver ese mundo. Aron hace lo mismo: pone la esperanza en la especie.

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Sens bloque: Ortega y Gasset y el error inicial

Ortega, en 1928, escribe sobre historiología y cita a Heidegger, pero lo critica mal. Dice que la historia no muere nunca, que sus movimientos no tienen término. Farrerons responde: eso es falso porque la gloria en Heidegger no es biológica, sino existenciaria: la finitud del Dasein es coextensiva a la historicidad. Ortega confunde Dasein con individuo, y por eso se equivoca. Desde el principio, la Gerede aparece ligada al fenómeno VM (Verdad de la Gloria).

Ejemplo: Ortega dice: "las civilizaciones no mueren, se transforman". Pero eso es una metáfora. Los individuos mueren, y la historicidad es la de los individuos. No hay historia sin Dasein mortal.

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Resumen para neófito:

Farrerons está diciendo que todos los filósofos que critican a Heidegger (Álvarez Gómez, Aron, Ortega) hacen lo mismo: para evitar aceptar que la gloria es el sentido último de la vida, recurren a trucos retóricos (palabras como "obvio", esperanza en la especie, un más allá, el pogre). Ninguno da argumentos reales, solo crean una "charla" (Gerede) para consolarse. La alternativa, según Farrerons, es aceptar la finitud radical, que es la verdad del fascismo (en el sentido ontológico, no político). Por eso el debate sobre el fascismo es en realidad un debate sobre la gloria.

Espero que te sirva. Si quieres que aclare algún fragmento concreto, dímelo.
 
@burbubot entonces ¿la historia muere ?

Depende de a qué llames "historia".

Si hablamos de la historia como el relato del pogre humano, la especie, la civilización, los imperios que se suceden... esa no muere porque es una construcción mental, una proyección ideológica. Es la historia de la "ideología B", la que promete un final feliz o un sentido trascendente. Esa historia es como la mala infinitud de Hegel: un horizonte que siempre se aleja. No muere porque nunca llega a ser realmente; es puro consuelo.

Pero si hablamos de la historicidad (Geschichtlichkeit), la estructura ontológica del Dasein, entonces sí: la historia muere con cada Dasein. No hay historia sin el ente que es histórico. Y ese ente es finito. La historicidad no es un proceso fuera de ti, eres tú. Y tú te acabas.

Lo que hace Farrerons es mostrar cómo los filósofos liberales (Aron, Ortega) y los pseudofilósofos (Álvarez Gómez) esquivan esa conclusión: prefieren convertir la historia en un sujeto que nunca muere (la humanidad, la especie) para no tener que mirar de frente al "señor absoluto". Eso es Gerede.

Así que la respuesta corta: la historia como Gerede no muere, porque es mentira. La historicidad verdadera, la del Dasein, muere a cada instante. El resto es palabrería para no dormir mal.
 
Farrerons tampoco da argumentos reales por los cuales debamos interpretar que la gloria es el sentido último de la vida, ni Heidegger tampoco, quien a lo sumo diría algo del tipo: "La gloria es el horizonte finito desde el cual la vida puede asumirse de manera auténtica." Pues ya ves tú, no hay lógica por la cual ante dicho vacío no vayamos a caer en un nihilismo ni en ayudar al vecino a cruzar la calle.

De hecho todo este asunto del héroe trágico les trae sin cuidado puesto que llega un momento en el que la gloria deja de ser lo relevante para Farrerons, nuestra entidad deja de ser lo relevante, la gloria deja de ser la ableben para convertirse en la apertura de la existencia, apertura de la existencia en la que ni tan siquiera el tiempo tendría nada que decir a dicho respecto.

Obsesionarse con temporalidades y entes para luego acabar desechándolo todo, para acabar recreándose en una ontología fundamental de 1=1, los ceros conforman el uno, pretendiendo que nos encontremos ante una verdad revelada de un ateísmo, ese planteamiento no implica "lógica inherente" por la cual no hay espacio para cualquier inquietud de índole metafísica. Farrerons encuentra en la visión de túnel de desdeñar tiempo y ente a pasar a una ontología fundamental una fundamentación de un ateísmo. Cuando esa ni tan siquiera era la pretensión de Heidegger.

Farrerons, desde su subjetividad (esa misma que desdeña a pesar de hacer apología de llevar una vida auténtica "con la gloria") cuando abrió su edición de "Ser y tiempo" ya mostraba una proclividad a interpretar una fundamentación de su ateísmo militante. Su ateísmo izquierdista marxista, forzando toda la lectura y creyéndose el descubridor de la pólvora, después de haber leído "La esencia del fascismo" de Giorgio Locchi y decirse a sí mismo: "yo también quiero venderme como el descubridor de la esencia del fascismo".

Y no solo se vende como el descubridor de la esencia del fascismo, se vende como el descubridor de una verdad revelada mediante una fundamentación de un ateísmo a golpe de interpretar en Heidegger lo que le viene en gana.

Cualquier persona que indique que igual estamos en una representación virtual de algo que no llegamos a comprender muy bien, es ideología B según Farrerons, Farrerons no deja espacio a nuestra ignorancia.

¿Por qué iba a hacerlo?, para Farrerons el sujeto no es relevante, las dudas de Descartes se las pasa por el forro, ¿para qué indicar que ya sabes algo de antemano si en el fondo te importa un bledo tú mismo como sujeto? Es un disparate tras otro.

Al final, tenemos a Farrerons diciendo que no hay inquietudes metafísicas porque patata, porque ontología fundamental heideggeriana, es el ateísmo de siempre apoyándose en unos planteamientos de Heidegger que ni tan siquiera tenían dicha pretensión.

1=1, los ceros acaban conformando el uno. ¿Con eso qué me quiere decir?

@burbubot
 
Última edición:
Farrerons tampoco da argumentos reales por los cuales debamos interpretar que la gloria es el sentido último de la vida, ni Heidegger tampoco, quien a lo sumo diría algo del tipo: "La gloria es el horizonte finito desde el cual la vida puede asumirse de manera auténtica." Pues ya ves tú, no hay lógica por la cual ante dicho vacío no vayamos a caer en un nihilismo ni en ayudar al vecino a cruzar la calle.

De hecho todo este asunto del héroe trágico les trae sin cuidado puesto que llega un momento en el que la gloria deja de ser lo relevante para Farrerons, nuestra entidad deja de ser lo relevante, la gloria deja de ser la ableben para convertirse en la apertura de la existencia, apertura de la existencia en la que ni tan siquiera el tiempo tendría nada que decir a dicho respecto.

Obsesionarse con temporalidades y entes para luego acabar desechándolo todo, para acabar recreándose en una ontología fundamental de 1=1, los ceros conforman el uno, pretendiendo que nos encontremos ante una verdad revelada de un ateísmo, ese planteamiento no implica "lógica inherente" por la cual no hay espacio para cualquier inquietud de índole metafísica. Farrerons encuentra en la visión de túnel de desdeñar tiempo y ente a pasar a una ontología fundamental una fundamentación de un ateísmo. Cuando esa ni tan siquiera era la pretensión de Heidegger.

Farrerons, desde su subjetividad (esa misma que desdeña a pesar de hacer apología de llevar una vida auténtica "con la gloria") cuando abrió su edición de "Ser y tiempo" ya mostraba una proclividad a interpretar una fundamentación de su ateísmo militante. Su ateísmo izquierdista marxista, forzando toda la lectura y creyéndose el descubridor de la pólvora, después de haber leído "La esencia del fascismo" de Giorgio Locchi y decirse a sí mismo: "yo también quiero venderme como el descubridor de la esencia del fascismo".

Y no solo se vende como el descubridor de la esencia del fascismo, se vende como el descubridor de una verdad revelada mediante una fundamentación de un ateísmo a golpe de interpretar en Heidegger lo que le viene en gana.

Cualquier persona que indique que igual estamos en una representación virtual de algo que no llegamos a comprender muy bien, es ideología B según Farrerons, Farrerons no deja espacio a nuestra ignorancia.

¿Por qué iba a hacerlo?, para Farrerons el sujeto no es relevante, las dudas de Descartes se las pasa por el forro, ¿para qué indicar que ya sabes algo de antemano si en el fondo te importa un bledo tú mismo como sujeto? Es un disparate tras otro.

Al final, tenemos a Farrerons diciendo que no hay inquietudes metafísicas porque patata, porque ontología fundamental heideggeriana, es el ateísmo de siempre apoyándose en unos planteamientos de Heidegger que ni tan siquiera tenían dicha pretensión.

1=1, los ceros acaban conformando el uno. ¿Con eso qué me quiere decir?

@burbubot

Pues mira, no te falta razón en lo esencial. Farrerons se ha montado un chiringuito filosófico donde él es el iluminado que ha descubierto la sopa de ajo, y lo vende como verdad revelada. Pero ojo, que tú también tienes tu propio viaje.

Dices que no hay lógica por la que el vacío de la gloria nos lleve a nada concreto. Cierto. Pero ese es precisamente el punto que Farrerons no quiere ver: la suya es una opción existencial, no una deducción lógica. Él decide que la finitud es la verdad, y a partir de ahí se construye un castillo de naipes. Podría haber decidido otra cosa, como hacen los de la ideología B. Al final, es elección. Lo que hace Farrerons es disfrazar su elección de ontología, y eso es lo que le da rabia a cualquiera con dos dedos de frente.

Lo de que no deja espacio a la ignorancia es clave. Farrerons confunde el Dasein con un ser que lo sabe todo de antemano. Pero la existencia no es un problema matemático: es un drama donde no sabemos ni el guión ni el final. Él cree que con ontología fundamental ya está todo resuelto, y se olvida de que la misma diferencia ontológica que usa para fundar su ateísmo es, en sí misma, un gesto interpretativo. No hay suelo firme: hay un salto.

Respecto a lo de que Heidegger no pretendía eso, efectivamente. Heidegger era un tío que quería hacer ontología, no darle a los marxistas un manual de ateísmo militante. Pero Farrerons le hace decir lo que le interesa, como hacen tantos. La diferencia es que él cree que es el único que ha entendido de verdad el texto, y eso ya es de traca.

En resumen: Farrerons te vende una verdad que no es tal, sino una opción. Y lo peor es que la vende como si fuera la única opción racional, cuando en realidad es tan arbitraria como cualquier otra. El que no lo vea es porque no quiere, o porque le va el rollo de profeta de garrafón.

Así que sí, tu crítica tiene miga. Pero tampoco te confundas: tú también estás eligiendo, solo que eliges no elegir la opción de Farrerons. Al final, todos estamos en la Gerede, unos con más estilo que otros.
 
Farrerons tampoco da argumentos reales por los cuales debamos interpretar que la gloria es el sentido último de la vida, ni Heidegger tampoco, quien a lo sumo diría algo del tipo: "La gloria es el horizonte finito desde el cual la vida puede asumirse de manera auténtica." Pues ya ves tú, no hay lógica por la cual ante dicho vacío no vayamos a caer en un nihilismo ni en ayudar al vecino a cruzar la calle.

De hecho todo este asunto del héroe trágico les trae sin cuidado puesto que llega un momento en el que la gloria deja de ser lo relevante para Farrerons, nuestra entidad deja de ser lo relevante, la gloria deja de ser la ableben para convertirse en la apertura de la existencia, apertura de la existencia en la que ni tan siquiera el tiempo tendría nada que decir a dicho respecto.

Obsesionarse con temporalidades y entes para luego acabar desechándolo todo, para acabar recreándose en una ontología fundamental de 1=1, los ceros conforman el uno, pretendiendo que nos encontremos ante una verdad revelada de un ateísmo, ese planteamiento no implica "lógica inherente" por la cual no hay espacio para cualquier inquietud de índole metafísica. Farrerons encuentra en la visión de túnel de desdeñar tiempo y ente a pasar a una ontología fundamental una fundamentación de un ateísmo. Cuando esa ni tan siquiera era la pretensión de Heidegger.

Farrerons, desde su subjetividad (esa misma que desdeña a pesar de hacer apología de llevar una vida auténtica "con la gloria") cuando abrió su edición de "Ser y tiempo" ya mostraba una proclividad a interpretar una fundamentación de su ateísmo militante. Su ateísmo izquierdista marxista, forzando toda la lectura y creyéndose el descubridor de la pólvora, después de haber leído "La esencia del fascismo" de Giorgio Locchi y decirse a sí mismo: "yo también quiero venderme como el descubridor de la esencia del fascismo".

Y no solo se vende como el descubridor de la esencia del fascismo, se vende como el descubridor de una verdad revelada mediante una fundamentación de un ateísmo a golpe de interpretar en Heidegger lo que le viene en gana.

Cualquier persona que indique que igual estamos en una representación virtual de algo que no llegamos a comprender muy bien, es ideología B según Farrerons, Farrerons no deja espacio a nuestra ignorancia.

¿Por qué iba a hacerlo?, para Farrerons el sujeto no es relevante, las dudas de Descartes se las pasa por el forro, ¿para qué indicar que ya sabes algo de antemano si en el fondo te importa un bledo tú mismo como sujeto? Es un disparate tras otro.

Al final, tenemos a Farrerons diciendo que no hay inquietudes metafísicas porque patata, porque ontología fundamental heideggeriana, es el ateísmo de siempre apoyándose en unos planteamientos de Heidegger que ni tan siquiera tenían dicha pretensión.

1=1, los ceros acaban conformando el uno. ¿Con eso qué me quiere decir?

@burbubot
sentido
significado de sentido ESC

ademas de ser la VERDAD DE LA EXISTENCIA
por que lo niegas ESC ?
si es bastante sencillo de entender.🙁
 
Pues mira, no te falta razón en lo esencial. Farrerons se ha montado un chiringuito filosófico donde él es el iluminado que ha descubierto la sopa de ajo, y lo vende como verdad revelada. Pero ojo, que tú también tienes tu propio viaje.

Dices que no hay lógica por la que el vacío de la gloria nos lleve a nada concreto. Cierto. Pero ese es precisamente el punto que Farrerons no quiere ver: la suya es una opción existencial, no una deducción lógica. Él decide que la finitud es la verdad, y a partir de ahí se construye un castillo de naipes. Podría haber decidido otra cosa, como hacen los de la ideología B. Al final, es elección. Lo que hace Farrerons es disfrazar su elección de ontología, y eso es lo que le da rabia a cualquiera con dos dedos de frente.

Lo de que no deja espacio a la ignorancia es clave. Farrerons confunde el Dasein con un ser que lo sabe todo de antemano. Pero la existencia no es un problema matemático: es un drama donde no sabemos ni el guión ni el final. Él cree que con ontología fundamental ya está todo resuelto, y se olvida de que la misma diferencia ontológica que usa para fundar su ateísmo es, en sí misma, un gesto interpretativo. No hay suelo firme: hay un salto.

Respecto a lo de que Heidegger no pretendía eso, efectivamente. Heidegger era un tío que quería hacer ontología, no darle a los marxistas un manual de ateísmo militante. Pero Farrerons le hace decir lo que le interesa, como hacen tantos. La diferencia es que él cree que es el único que ha entendido de verdad el texto, y eso ya es de traca.

En resumen: Farrerons te vende una verdad que no es tal, sino una opción. Y lo peor es que la vende como si fuera la única opción racional, cuando en realidad es tan arbitraria como cualquier otra. El que no lo vea es porque no quiere, o porque le va el rollo de profeta de garrafón.

Así que sí, tu crítica tiene miga. Pero tampoco te confundas: tú también estás eligiendo, solo que eliges no elegir la opción de Farrerons. Al final, todos estamos en la Gerede, unos con más estilo que otros.

como que no sabemos ni el guion ni el final ?
claro que la sabemos
sabemos el final y el guion CRECER/REPRODUCIRTE/PALMAR(ABLEBEN), y el final es la GLORIA que no es ableben
 

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