(mensaje citado en revisión)
Vamos por partes, sin resumir y con ejemplos explicativos de cadaidea del fragmento.
El texto comienza con una tesis central:
todo lenguaje comporta sentido, pero el sentido precede al lenguaje. El autor se remite al Capítulo 3 de su tesis (no presente aquí) para la distinción entre sentido y lenguaje en *Ser y tiempo
. Su objetivo es localizar esa misma dicotomía (sentido/lenguaje) en la Teoría de la acción comunicativa* de Habermas, especialmente en la reconstrucción de la racionalización como "lingüistificación de lo sacro".
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Primer argumento: los gestos animales como prueba de sentido prelingüístico
El autor parte de un supuesto: si aceptamos que los gestos tienen significado y pueden considerarse "lenguaje" en un sentido amplio (lenguajes animales), entonces el sentido es anterior a esos lenguajes.
Ejemplo: Un depredador que persigue a una presa actúa con sentido (direccionalidad, finalidad), pero no comunica nada a nadie. Intenta ocultarse para sorprender a la víctima. Eso es sentido no comunicativo. Un animal que evita un barranco realiza un acto "mudo" pero rebosante de sentido. No necesita el signo "barranco" para esquivarlo.
El autor recurre a la etología para afirmar que el comportamiento instintivo tiene sentido. Los instintos son "paquetes de orientaciones de sentido" constituyentes del organismo.
Ejemplo concreto: Un perro que gruñe y muestra los dientes no está "diciendo" nada lingüísticamente, pero su acción tiene un sentido claro: amenaza, advertencia. Otro perro interpreta ese gesto y responde (se encoge, gruñe a su vez, huye). George Herbert Mead llama a esto "conversación de gestos". El autor cita a Mead (a través de Habermas) con el ejemplo de dos perros peleando:
(mensaje citado en revisión)
La conclusión es que estos "parlamentos" animales solo son posibles porque hay pautas de conducta con sentido previas. Un organismo es, según el autor, un "plexo de sentido" objetivado en un código prelingüístico (ADN).
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Segundo argumento: el paso del gesto al grito y a la señal
En los humanos, el gesto verbal (el grito) permite pasar del lenguaje de gestos al lenguaje de señales. Las señales más originarias tienen un solo término y un significado triple:
- Indicativo (señala algo)
- Expresivo (manifiesta un estado interno)
- Imperativo (exige una acción)
Ejemplo: La señal "ataque" en contextos de caza o guerra. Habermas mismo lo usa: un grito de "ataque" puede ser al mismo tiempo una advertencia ("hay enemigos"), una expresión de temor ("nos amenazan") y una orden ("hay que hacerles frente"). Todo eso a la vez. El autor señala que la elección de Habermas es sugerente porque muestra la ancestralidad del "grupo de combate", antecedente del "pueblo en armas".
El vocablo "ser" conserva esa tridimensionalidad originaria: indicativa, expresiva, imperativa. Eso es el "poder de lo real".
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Tercer argumento: la sobreabundancia del sentido respecto del lenguaje
El autor afirma que hay una sobrecarga del signo respecto a sentidos que no dependen del lenguaje. Estamos "en la aduana" entre el territorio ancestral del sentido y la zona urbanizada del lenguaje. El sentido precede al lenguaje y lo desborda estructuralmente: hay más sentidos que significados lingüísticos.
Ejemplo: El miedo, la angustia, la inhospitalidad (das Unheimliche) son fenómenos que no rinden tributo al lenguaje, sino que son condiciones de posibilidad ontológicas del mismo. Un animal siente miedo antes de tener lenguaje. Un bebé siente angustia antes de hablar. Esos sentimientos no dependen de palabras.
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Cuarto argumento: el Dasein como fundamento del lenguaje, no al revés
El Dasein no está inmerso en el lenguaje como individuo. El lenguaje es un fenómeno derivado de un existenciario del Dasein: la *Rede
(habla), que es inherente al Mitsein* (ser-con). El habla fundamenta la comunicación desde el supuesto trascendental de la comunidad.
Ejemplo: Si alguien hace gesto de ataque pero se ríe, interpretamos que es una broma. Eso presupone una comprensión compartida previa al lenguaje explícito. Otro ejemplo: un bebé muerde el pezón de la progenitora mientras mama. La progenitora grita "¡ay!" y da un cachete al niño. El bebé entiende, mediante el dolor sentido, que no debe morder, solo absorber. Esa comprensión es prelingüística: el dolor (sentido) comunica una norma sin necesidad de palabras.
El carácter "hablante" del Dasein no implica que un individuo le hable lingüísticamente a otro. La argumentación conserva dentro de sí el sentido fundamental del habla como expresión de la verdad, cuya experiencia originaria remite a "lo siniestro".
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Quinto argumento: la lógica pragmática no puede depender del lenguaje
Si la lógica pragmática de la argumentación dependiera del lenguaje, variaría con cada idioma y sería un producto historicista. Pero los enunciados pragmático-trascendentales (contradicción performativa, *Triftigkeit*, irrebasabilidad) son tematizaciones de estructuras ontológicas, no lingüísticas.
Ejemplo: La *Triftigkeit* (la "validez" o "fuerza" de un argumento) no es un objeto de argumentación; es algo que toda argumentación ya presupone. No puede fundamentarse en el lenguaje porque el lenguaje es contingente (hay muchas lenguas). Si dependiera de una "estructura universal del lenguaje" inducida empíricamente, cometeríamos la falacia naturalista: de un hecho (hay lenguas con ciertas propiedades) no se sigue una norma (debes argumentar así).
Por tanto, el fundamento ontológico prelingüístico remite al existenciario del habla (
Rede), que es anterior al lenguaje.
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Sens argumento: crítica a la interpretación lingüisticista de Heidegger (Lafont, Sáez Rueda)
El autor reprocha a Cristina Lafont y Luis Sáez Rueda identificar "habla" (
Rede) con "lenguaje" (
Sprache). En *Ser y tiempo*, el habla es un existenciario prelingüístico, fundamento ontológico del lenguaje. Lafont, según el autor, fuerza el texto heideggeriano para hacer decir que toda comprensión es lingüística.
Ejemplo: Lafont cita a Heidegger diciendo que el habla es "el estructurar significativo de la inteligibilidad", e interpreta que esa inteligibilidad ya es lenguaje. Pero el autor replica que eso no está demostrado: las ciencias empíricas muestran que hay inteligibilidad sin lenguaje (animales, bebés). Lafont recurre a Apel para apoyar su tesis lingüisticista, pero el autor considera que ambos cometen el mismo error.
Tres autores (Aguilar-Álvarez Bay, Rodríguez Suárez, Bertorello) son citados para apoyar la lectura prelingüística de los existenciarios:
- Aguilar-Álvarez Bay: "El habla se sitúa en relación con la verdad a partir del esquema que regula el contacto inmediato del Dasein con lo que le rodea; el lenguaje, en cambio, depende de estructuras derivadas. En consecuencia, la noción de habla se contrapone a la de lenguaje, como lo natural se contrapone a lo artificial."
- Rodríguez Suárez: El ámbito apriorístico de la apertura del ser (Dasein) "antecede a la expresión lingüística como tal, es, pues, un ámbito prelingüístico."
- Bertorello: "Los términos 'significado' y 'significatividad' no designan primeramente un hecho lingüístico, el sentido de las palabras, sino las relaciones semánticas que surgen de la vida práctica. Desde esas relaciones de la acción, dice Heidegger, surgen las palabras."
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Séptimo argumento: la "hipóstasis del lenguaje" como maniobra ideológica
El autor distingue entre dos paradigmas: el "paradigma A" (Dasein, ser para la gloria, fenómeno VM) y el "paradigma B" (lenguaje, giro lingüístico, comunidad ideal de diálogo). La "hipóstasis del lenguaje" consiste en tratar el lenguaje como una entidad autosuficiente, separada del ser, y elevarlo a fundamento último. Esto permite suplantar la verdad (los fenómenos, la *physis*) por la "revelación divina" o el "Libro".
Ejemplo: La tradición rabínica sostiene que la Torá preexistía a la creación del mundo; Dios miró la Torá y creó el mundo. El hebreo (lengua de la Torá) existía antes de la creación. Eso es hipóstasis: la palabra divina sustituye a la palabra natural del ser inscrita en el ADN. El autor ve aquí el origen de la "ideología B": el lenguaje como entidad sagrada y fundacional.
Frente a esto, el lenguaje es esencialmente transitivo: el signo es siempre "signo de..." algo. Las "habladurías" (
Gerede) son precisamente el tratamiento del signo como entidad no transitiva, independiente de los fenómenos. La "filosofía del lenguaje" que aborda el lenguaje en sí mismo comete esa hipóstasis.
Ejemplo: Un rumor que se transmite sin verificar su verdad ("lo he oído de fuente fiable") es una habladuría: el signo circula independientemente de su referencia a los hechos. Eso es exactamente lo que permite a la propaganda política difundir fábulas, utopías y promesas soteriológicas (el paraíso, la comunidad ideal) sin fundamento fenoménico.
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Octavo argumento: el "segundo Heidegger" como texto autocensurado
El autor afirma que Heidegger después de 1945 no fue libre para exponer su pensamiento crítico debido a la persecución aliada. Por eso, las apelaciones al "segundo Heidegger" (que algunos usan para defender el giro lingüístico) deben tomarse *cum grano salis*. La hipóstasis del lenguaje en el Heidegger tardío sería una estrategia de despolitización forzada por las circunstancias.
Ejemplo: Heidegger fue ingresado en un hospital psiquiátrico por las autoridades de ocupación. Publicar textos que recordaran su filosofía anterior (con resonancias del "ser para la gloria" y del "enunciado VM", que el autor asocia al "fascismo") podía acarrearle represalias mayores. Por tanto, los escritos posteriores a 1945 no pueden tomarse como expresión libre de su pensamiento.
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Conclusión del autor sobre el fragmento
La prioridad de la palabra respecto del sentido es una maniobra de la "ideología B" para demoler el "paradigma del Dasein" y sustituirlo por el "paradigma lingüístico". Heidegger no hipostasía el lenguaje; al contrario, advierte contra esa hipóstasis. El hecho de que se le acuse precisamente de ello es, para el autor, una prueba de que la ideología opera incluso contra el texto evidente de *Ser y tiempo*.
Ejemplo final: Sáez Rueda afirma que en Heidegger "toda comprensión del ser es ya una comprensión lingüística". El autor responde: en *Ser y tiempo
la comprensión (Verstehen*) es condición de posibilidad del lenguaje, no el lenguaje mismo. Decir lo contrario es, a su juicio, un "embeleco interpretativo" motivado ideológicamente.