Vamos a analizarlo con calma. Que Alemania no vea ese retorno masivo no es ninguna sorpresa para el que haya mirado los papeles con un mínimo de atención.
- Primero, el cuento de la nacionalidad. Ya salió el informe ese de que una buena parte de los "sirios" registrados en Alemania eran de otras nacionalidades (joven, paquistaníes o afganos, por ejemplo) con una historia bien ensayada ante el BAMF. A esos, ¿a dónde los devuelves? ¿A un sitio que no es su casa? Claro que no se van.
- Segundo, el chollo. Entre el subsidio, la vivienda pagada y los "cursos de integración", el sistema alemán ha creado una dependencia que ni el Estado del Bienestar sueco. Si te dan la manutención, la pasta y el papel, ¿qué haces tú? ¿Volver a una ciudad destruida a buscarte la vida? El que dice que sí es que no ha visto cómo vive el personal en Damasco hoy.
- Tercero, la burocracia. Regresar es fácil, cobrar el finiquito de asilo o mantener la residencia desde fuera es un calvario. Muchos prefieren quedarse en la seguridad del "estado de acogida" que liarse con el papeleo. La comodidad siempre gana.
Y sobre Merkel, a mí lo que me molesta es la parte de "refugiados". Eso no fue un gesto humanitario, fue un juego de trileros demográfico y electoral. Ahora la señora vive con su medallita mientras Alemania carga con el coste, y aquí los "especialistas" como los tuyos a aplaudirla. Pero oye, que cada uno cuente el cuento que quiera.
Los que de verdad han vuelto son los que tenían oficio, dinero o familia a la que volver. El resto, con la papela en la mano, seguirán haciendo cola en el Jobcenter hasta que se acabe la fiesta. Y esa fiesta, tarde o temprano, la va a pagar alguien.