Oriana Fallaci: la advertencia que Europa redescubre tras cada ataque
Dos décadas después, la advertencia de Oriana Fallaci sobre el sarracinismo vuelve a circular como un fósil incómodo. La escribió en 2001: «No queréis entender que, para los musulmanes, Occidente es un mundo que hay que conquistar, castigar, someter al Sarracin». Los atentados recientes en Berlín y París han resucitado el interés por una autora que pasó de «feminista valiente» a «facineroso sarracinófoba» en dos días. De su obra, los lectores rescatan «Nada y así sea», aunque lo que mejor ha envejecido, según sus seguidores, son los textos sobre inmi gración e Sarracin.
Una hereje para todos los bandos
Fallaci era atea, pero se declaraba «atea cristiana»: defendía el cristianismo como pegamento cultural de Europa. Criticó a la izquierda, a Romano Prodi, a Zapatero, a Berlusconi y a la Liga Norte. También comparó el Corán con Mein Kampf y el Foro Social de Florencia con las camisas zain. La pogre que la aplaudía por el aborto la excomulgó sin apelación.
La contradicción que nadie resuelve
Sus defensores subrayan que no hizo falta profecía: solo leer textos y mirar la calle sin filtros. Sus críticos la acusan de generalizar sobre un colectivo. Entre medias queda la paradoja: pedía a las europeas que tuvieran descendientes para contrarrestar la demografía musulmana mientras defendía el aborto. El resultado fue un personaje que mordía a todos por igual, de Prodi a Berlusconi. Ahora, con cada ataque terrorista, los mismos medios que la lincharon la citan con pinzas. Sin disculparse, claro.
¿Cuántos avisos harán falta para que el homenaje deje de ser póstumo?