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Resumen
En
The Age of Unpeace: How Connectivity Causes Conflict (2021), Mark Leonard sostiene que la globalización y la conectividad —el comercio, internet
, las cadenas de suministro, las migraciones, las finanzas y las infraestructuras— no han eliminado el conflicto. Al contrario, han creado nuevas oportunidades, motivos y herramientas para enfrentarse. Por eso vivimos en una época de
“unpeace” —“no-paz”—: no hay una guerra convencional permanente entre las grandes potencias, pero sí una competencia y una agresión constantes en una zona gris entre la guerra y la paz.
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Idea central
La conectividad tiene una doble naturaleza:
- Une a personas, sociedades y países, facilitando el comercio, la cooperación y el intercambio de información.
- También expone a todos a la comparación, la interferencia y la dependencia mutua.
- Las redes que conectan el mundo pueden convertirse en canales para ejercer presión o causar daño.
Según Leonard,
las potencias nucleares evitan enfrentarse directamente porque el coste sería demasiado alto.
En su lugar, utilizan medios menos visibles y aparentemente menos arriesgados:
sanciones,
guerras comerciales,
ciberataques,
campañas de desinformación,
bloqueos,
control de recursos
y manipulación de los flujos migratorios.
Tres causas del conflicto
El libro se organiza en torno a tres funciones de la conectividad:
- Ofrece oportunidades para el conflicto. Las redes globales permiten que los Estados interfieran en los asuntos internos de otros países y que incluso actores pequeños ataquen a potencias mayores.
- Genera razones para luchar. La conectividad intensifica la comparación, la desigualdad, la envidia y la sensación de pérdida de control. Las redes sociales fragmentan la sociedad en grupos enfrentados que pueden vivir en realidades informativas distintas.
- Proporciona armas nuevas. El comercio, las finanzas, las cadenas de suministro, la tecnología, internet, la infraestructura y la migración pueden ser utilizados como instrumentos de coerción.
Conflictos dentro de las sociedades
Leonard relaciona fenómenos como el Brexit, el populismo y la elección de Donald Trump con la reacción de sectores que se sienten perjudicados o desplazados por la globalización. Mientras algunas personas viven la apertura internacional como una fuente de oportunidades, otras la experimentan como deslocalización de empleos, competencia económica, inmi gración descontrolada, pérdida de identidad y disminución de la autonomía política.
Las redes sociales agravan esta situación porque hacen permanente la comparación con personas más ricas o exitosas, favorecen las cámaras de eco y dificultan el acuerdo sobre los hechos básicos. La conectividad, así, no solo transmite información: también amplifica el resentimiento y la polarización.
Geopolítica y nuevas armas
En el plano internacional, la interdependencia no siempre produce confianza. Los países pueden volverse dependientes de rivales que controlan recursos esenciales, tecnologías, rutas comerciales, monedas o infraestructuras. Leonard llama a esto el
dilema conectividad-seguridad: cuanto más conectado está un país, más beneficios obtiene, pero también más vulnerable se vuelve.
El autor destaca tres grandes “imperios de la conectividad”:
- Estados Unidos: ejerce poder como guardián de infraestructuras financieras y digitales, especialmente mediante el dólar y su posición central en internet.
- China: construye redes de comercio, transporte, tecnología e infraestructura que refuerzan su influencia.
- La Unión Europea: utiliza el tamaño de su mercado y sus normas para actuar como potencia reguladora.
A su alrededor, otros Estados emplean las herramientas disponibles: energía, ciberataques, propaganda, sanciones, grupos intermediarios o migración.
Propuesta final
Leonard concluye con un manifiesto para
“desarmar la conectividad”. No propone aislarse del mundo, sino establecer límites y reglas que impidan convertir toda dependencia en un arma. Sus propuestas incluyen mejorar la regulación tecnológica, recuperar el consentimiento democrático, hacer más segura la interdependencia y reconciliar la movilidad global con la identidad y el control político nacionales.
En una frase: el libro afirma que la misma conectividad que hizo posible la globalización también ha creado un mundo más vulnerable, competitivo y polarizado, donde el conflicto ya no se libra únicamente con ejércitos, sino mediante las redes que mantienen unida a la sociedad global.