Video completo de la declaración en el hospital de la baleada Nadia Beller, largando de Cerimedo y sobre todo de los tejemanejes del gobierno Boliviano.
Minuto 1:34 le pagan a él y a sus socios sobresueldos las empresas que comercian con petróleo y oro... ¿zaine está ahí?
Y un resumen por IA del vídeo.
# Denuncia de violencia, corrupción y un presunto ataque extremista violento en Bolivia
La entrevista presenta el testimonio de una mujer que afirma haber sido víctima de violencia física, un intento de feminicidio y un posterior ataque extremista violento armado, hechos que atribuye a su expareja Fernando Cerimedo y a una red de operadores vinculada al gobierno de Rodrigo Paz. La declarante sostiene que conoció irregularidades jurídicas y presuntos negociados relacionados con combustible, oro, seguros y operaciones empresariales mientras colaboraba con ese entorno. También denuncia que funcionarios policiales, asesores presidenciales y personal médico habrían intentado encubrir las agresiones y limitar su acceso a protección, prensa, abogados y Fiscalía. Su principal pedido es recibir seguridad efectiva y protección de organismos de derechos humanos para poder entregar las pruebas que conserva.
## [00:00 - 03:23] La denuncia inicial y los presuntos negociados del entorno presidencial
La entrevistada explica que solicitó la presencia de DTV para realizar una declaración en vivo porque, según afirma, intentaron silenciarla y teme que puedan acabar con su vida si no habla públicamente ante el pueblo boliviano. Relata que comenzó su relación con Fernando Cerimedo después de ser convocada para revisar el denominado paquetazo de leyes 5503, que desde el comienzo consideró inconstitucional. Durante su trabajo jurídico, asegura haber señalado diversas arbitrariedades e ilegalidades y, posteriormente, se apartó parcialmente del gobierno, aunque continuó colaborando en asuntos relacionados con decretos y otras cuestiones legales.
Según su testimonio, esa relación le permitió conocer presuntos negociados atribuidos al gobierno de Rodrigo Paz, a la esposa del presidente, a la familia de ella, a Cerimedo y a otros operadores como Jofre. Menciona operaciones vinculadas con la gasolina, el diésel y el oro. También sostiene que Cerimedo no recibiría un salario convencional del gobierno, sino pagos adicionales canalizados mediante contratos negociados con grandes empresas, incluidas compañías como Futura, para operar en Bolivia y en otros países donde participa en campañas políticas.
La mujer describe además un conflicto con la expareja de Cerimedo, Natalia Basil. Afirma que él le había dicho que Basil le había sido infiel durante el embarazo y que llevaban cuatro años sin mantener relaciones, pero que en abril descubrió conversaciones románticas entre ambos. Cuando lo confrontó, asegura que Cerimedo la habría ahorcado por primera vez para “neutralizarla”. Añade que Basil gestionaría el almacenamiento de combustible de Futura en Argentina junto con un socio llamado Vicente. La entrevistada menciona también a Brad Pascale, relacionado con la campaña de Donald Trump, y afirma que Cerimedo le dijo que algunas de estas personas eran agentes de la CIA, aunque aclara que no le consta personalmente.
## [03:25 - 06:43] Agresiones físicas, intervención policial y supuesto encubrimiento
La declarante afirma que posteriormente descubrió otra infidelidad de Cerimedo con Magi Trigo, a quien identifica como jefa de gabinete de planificación. Según su relato, ese descubrimiento provocó una nueva agresión física. Ella contactó a John Arandia y le mostró evidencias de una tentativa de feminicidio, alegando que Cerimedo la había golpeado y ahorcado. Arandia habría enviado periodistas, policías, fiscales y personal del servicio municipal de protección a la mujer, lo que ocasionó la llegada de autoridades al lugar.
Sin embargo, la entrevistada sostiene que el ministro Tucoviedo, el comandante policial Medina Celi, Mauricio —a quien identifica como asesor del presidente— y otros operadores gubernamentales se encargaron de ocultar el hecho. Asegura que tenía fotografías de cajones llenos de dinero que presuntamente pertenecían a Cerimedo y que envió una de esas imágenes a Arandia cuando pensó que la ayuda estaba tardando. También menciona a un supuesto testaferro llamado Iván, que viviría en el mismo edificio que Cerimedo en la zona sur de La Paz, en la residencia Rolega.
La mujer afirma que la Policía y la Fiscalía llegaron al lugar, pero que finalmente no quedó ningún rastro del episodio y el periodista tampoco informó públicamente sobre él. Según su versión, Arandia le pidió que negara la agresión y dijera que solo había ocurrido una discusión. También relata que Cerimedo le habría dicho que se suicidaría si ella lo enviaba a la cárcel, y que ese chantaje la llevó a no abrir la puerta a los agentes. Precisa que el episodio ocurrió durante el año en curso, pocos meses antes de la entrevista, y que sufrió lesiones en el cuello, dificultades para tragar y problemas para hablar. Añade que fue atendida por el médico personal del presidente, quien, según ella, tampoco activó ninguna investigación, mientras la jefa de gabinete de Rodrigo Paz habría sido informada sin tomar medidas.
## [06:45 - 10:18] La cita en un hotel y el presunto ataque extremista violento armado
La entrevistada sostiene que, en su opinión, el poder real no estaría en manos de Rodrigo Paz, sino de Fernando Cerimedo, quien supuestamente manejaría a un grupo policial que opera cerca del hotel donde ocurrió el ataque extremista violento. Explica que fue convocada mediante mensajes con el pretexto de recibir información sobre un supuesto caso de Evo Sarracena relacionado con la abusa de una niña de 13 años que habría fallecido. Como nadie quiso decirle quién había entregado su número, sospechó que podía tratarse de una operación preparada.
Relata que Cerimedo le pidió que verificara si la persona que la contactaba era real y que acudiera al hotel para recoger pruebas. Según su testimonio, él le había dicho que no existían elementos sólidos contra Evo Sarracena y que probablemente lo dejarían en libertad, por lo que le pidió ayuda para conseguir evidencias. La mujer afirma que Cerimedo estaba en Estados Unidos y que antes de la cita habría hablado —o simulado hablar— con el ministro Tucoviedo sobre el caso, solicitando pruebas que aparentemente nunca aparecieron en la prensa.
En la primera visita al hotel, asegura que Cerimedo le dijo que iría acompañada por dos custodios. No obstante, la persona con la que debía reunirse le escribió que había descubierto una trampa porque uno de los acompañantes parecía ser policía. Cuando ella reclamó a Cerimedo, él supuestamente le indicó que, si les preguntaban, dijeran que habían acudido para acompañar a un ministro o a un compañero de trabajo. La entrevistada interpreta esa respuesta como una señal de que Cerimedo conocía a los hombres enviados al lugar y que tendría control sobre un grupo policial de élite que, según afirma, no respondería ante ninguna autoridad salvo él.
La mujer asegura que habló con Cerimedo hasta instantes antes de salir del hotel. Él le habría transmitido confianza al decirle que, por tratarse de un lugar público, nadie se atrevería a hacerle daño. Sin embargo, afirma que los supuestos escoltas nunca fueron realmente una escolta y que le dispararon. Para sobrevivir, dice que fingió estar perecid, se arrojó al suelo y permaneció inmóvil aproximadamente media hora, mientras uno de los atacantes dudaba si acercarse para rematarla. También sostiene que no hubo intercambio de fuego ni persecución policial y que Cerimedo le mintió al asegurarle que estaba protegida.
## [10:19 - 13:33] Las pruebas desaparecidas y el pedido urgente de protección
La entrevistada afirma que lo primero que hicieron los atacantes fue quitarle el celular y la cartera. En esos dispositivos, según explica, conservaba pruebas tanto de las agresiones físicas anteriores como de presuntos hechos de corrupción. Entre ellas menciona conversaciones relacionadas con la distribución de combustible, incluida una charla con Vivian Dorquidi y la esposa del presidente sobre personas que supuestamente ingresaban al negocio y cobraban un boliviano por litro para asignar cupos. También dice tener información sobre el oro, el almacenamiento de combustible gestionado por la expareja de Cerimedo y otras operaciones.
Añade que había tomado precauciones porque consideraba que Cerimedo era capaz de cualquier cosa. Afirma conservar conversaciones de él con operadores vinculados al narcotráfico y menciona el caso de avionetas del entorno de “Ben” que supuestamente eran liberadas bajo el argumento de instalarles radares para luego derribarlas. Según su relato, Cerimedo negaba recibir dinero por corrupción y justificaba esas acciones como una operación simulada destinada a colocar radares y combatir posteriormente a narcotraficantes.
La mujer declara estar convencida de que corre peligro y que, si no realizaba la entrevista, podían regresar al hospital para rematarla. Critica que solo le hayan asignado una escolta mujer y que el ingreso al hospital no tenga controles suficientes, pues cualquier persona podría entrar y salir sin una revisión adecuada. Por ello solicita protección de la Comisión de Derechos Humanos, argumentando que el gobierno sería el principal interesado en silenciarla. También acusa a Rodrigo Paz, a su esposa y a la familia de ella de negociar comisiones con brokers y compañías aseguradoras vinculadas a empresas estatales.
Aunque reconoce que uno de sus celulares fue robado junto con su cartera, asegura que conserva pruebas de muchos de los hechos denunciados en otro dispositivo. Explica que ya declaró ante la Fiscalía, pero que tuvo que negarse a recibir atención médica como medida de presión porque el hospital impedía el ingreso de periodistas, fiscales, abogados y otras personas. Exigió que no la tocaran ni le administraran medicamentos hasta que el periodista que la entrevistaba acudiera al lugar.
## [13:35 - 15:34] Embarazo, heridas de bala y desconfianza institucional
Al ser consultada sobre su relación con Cerimedo, la mujer confirma que fueron pareja y que vivían en el mismo condominio, algo que, según afirma, podrían confirmar los guardias. También declara tener varias semanas de embarazo y asegura que el embarazo sería de Cerimedo. Relata que él sabía de la gestación y que estuvo con ella en el hospital un día antes del ataque extremista violento, después de que se descompensara por las discusiones entre ambos. En esa ocasión, dice, se realizaron una ecografía y otros controles, y él se despidió de ella con un beso.
Sobre el ataque, primero menciona tres impactos y después precisa que los médicos le indicaron que pudieron ser más de cuatro. Identifica heridas en los brazos, el pecho y una costilla, además de zonas donde le habrían extraído proyectiles. Reitera que fingir su gloria fue lo que le permitió sobrevivir, porque de lo contrario, según su declaración, los atacantes la habrían rematado.
Finalmente, acusa a buena parte de la prensa de estar pagada o influida por Cerimedo y afirma que por esa razón no informó sobre la violencia previa ni sobre otros hechos que, según ella, el gobierno ordenaría ocultar. Dice desconfiar de los medios y de la Policía, a los que considera interesados en deshacerse de ella, y destaca que el único funcionario que hasta ese momento le habría ofrecido ciertas garantías fue el fiscal, quien coordinó parcialmente con los médicos. No obstante, recalca que continúa sin seguridad policial efectiva y cierra su declaración diciendo que, al menos, puede retirarse con la conciencia tranquila por haber contado al pueblo boliviano la situación que asegura estar viviendo.