Antiparticula
Será en Octubre
En la playa del Trampolín, entre porterías improvisadas y partidos que empiezan sin árbitro ni hora, hay una lección que conviene no olvidar: la dignidad no entiende de fronteras. Defender los derechos de las personas migrantes no es una concesión sentimental, sino una obligación democrática. Quien llega, trabaja, juega y comparte ciudad no es un invitado de segunda, sino parte del presente común.
Quizá hoy sea un chaval anónimo el que regatea entre chiringuitos y arena. Quizá mañana sea una estrella. Pero antes que promesa o titular, es persona. Y ese debería ser siempre el punto de partida: no preguntar de dónde viene alguien para decidir cuánto vale, sino reconocerle desde el principio los mismos derechos que a cualquiera.
La convivencia no se construye con discursos de exclusión, sino con espacios donde todos puedan entrar. También una playa, también un partido, también una sociedad.
Quizá hoy sea un chaval anónimo el que regatea entre chiringuitos y arena. Quizá mañana sea una estrella. Pero antes que promesa o titular, es persona. Y ese debería ser siempre el punto de partida: no preguntar de dónde viene alguien para decidir cuánto vale, sino reconocerle desde el principio los mismos derechos que a cualquiera.
La convivencia no se construye con discursos de exclusión, sino con espacios donde todos puedan entrar. También una playa, también un partido, también una sociedad.
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