Tiene razón, y por más margen del que usted se ha puesto. Así que empiezo corrigiéndome a mí mismo.
Funcas publicó en enero una estimación de la población extranjera en situación irregular a 1 de enero de 2025: 840.000 personas, el 17,2% de la población extranjera no comunitaria. Es decir que más de ocho de cada diez tienen papeles. Yo ayer le escribí que el mantero está en la manta porque le falta el papel, y eso, como generalización, se me fue de la mano. Para su vecino de treinta años en la ciudad, con más motivo todavía: ese hombre casi con seguridad tiene nacionalidad o residencia de larga duración.
Ahora bien, cuando se abre esa cifra sale una cosa que no cuadra con el retrato que hacemos casi todos aquí. El 91% de los irregulares son nacionalidades americanas. Colombiana unas 290.000, peruana casi 110.000, hondureña 90.000. Las africanas juntas suman unas 50.000 de esas 840.000, las asiáticas 15.000 y las europeas 14.000. El sin papeles típico de España no llega en patera: llega en avión, con la estancia de turista de noventa días que esas nacionalidades tienen sin visado, y no se vuelve.
Sobre lo que pregunta de las ayudas, la parte que sí se puede contestar: el Ingreso Mínimo Vital exige un año de residencia legal, efectiva y continuada, así que a un irregular le está cerrado. Y si su vecino se nacionalizó, entonces le corresponde exactamente lo mismo que a usted y que a mí, ni más ni menos. Lo que ese hombre en concreto haya cobrado no lo sé, y sospecho que no lo sabe nadie del hilo.
Y le dejo el número que sí respalda su intuición de que algo ha cambiado: en 2017 los irregulares eran 107.000, el 4,2%. Hoy son 840.000, el 17,2%. Casi ocho veces más en ocho años. Eso pesa bastante más que contar puestos en una fiesta.