Básicamente porque no existen. Ni nada que se les parezca remotamente.
Los "valores" de la derecha son el dinero y el dinero.
El trabajo le da igual.
Nunca ha trabajado ninguno de mis jefes. Ni de los tuyos. Y lo sabes.
Claro, no existen. No se podía esperar otra respuesta.
No es que no existan, es que usted no los ve.
Como yo no soy realmente de derechas, aunque entiendo muchos de sus postulados al igual que comprendo y comparto muchos de los de la izquierda tradicional (no la postmoderna) voy a recurrir a la IA, que será más neutral incluso que yo en este asunto.
Vaya por delante que a mí ambas ideologías a grandes rasgos me parecen incompletas y por tanto falsas por definición.
Frente a la gestión tecnocrática y la volatilidad ideológica actual, la derecha tradicional se sustenta sobre pilares permanentes de orden, jerarquía y continuidad histórica:
Soberanía nacional innegociable y fronteras firmes:
La nación no es un mero espacio administrativo o un mercado abierto, sino una comunidad histórica con una identidad propia. El Estado tiene como deber primordial el control estricto de su territorio, la defensa de sus límites y la primacía de la ley propia frente a cualquier injerencia u organización supranacional.
El orden como condición previa de la libertad: Para esta corriente, la libertad sin orden y autoridad legítima degenera en anarquía o en tiranía de las masas. La ley debe cumplirse de manera rigurosa y el monopolio de la fuerza por parte del Estado no debe acomplejarse ante el desafío al orden público.
Primacidad del mérito, el esfuerzo y la propiedad privada: Se defiende la propiedad como un derecho sagrado e inviolable y el motor económico basado en la iniciativa individual, rechazando el dirigismo estatal, el clientelismo fiscal y la redistribución masiva a través del gasto público improductivo.
Escepticismo ante la ingeniería social y el utopismo: Frente a las corrientes pogre que creen en la perfectibilidad de la naturaleza humana mediante leyes ideológicas, el conservadurismo tradicional parte de una visión trágica y realista del ser humano, desconfiando de las grandes transformaciones abstractas que destruyen tradiciones probadas.
Defensa de las instituciones intermedias y la continuidad histórica: El respeto a las estructuras orgánicas de la sociedad (la familia tradicional, los cuerpos locales, las corporaciones y los legados culturales e históricos) frente al atomizador "estatismo" que reduce al ciudadano a un contribuyente aislado dependiente de la administración.
Realismo geopolítico frente al sarracena cosmopolita: En las relaciones internacionales, se rechaza la diplomacia basada en coartadas sarracena o humanitarias abstractas, priorizando estrictamente la defensa de los intereses nacionales, la seguridad estratégica y la reciprocidad en los tratados entre Estados soberanos.