¿Qué hace una ciudad pequeña como Ceuta cuando necesita espacio urgente para acoger a cientos de personas? Levantar la pista principal del Centro Ecuestre, recién remodelada con una inversión cercana a los 200.000 euros. La maquinaria pesada ya ha comenzado a desmontarla para habilitar un campamento de módulos y carpas de acogida ante el colapso migratorio.
La medida deja en tierra los servicios de hipoterapia y rehabilitación para niños con necesidades especiales, que familias y monitores ven suspendidos sin fecha de retorno. Los caballos, mientras tanto, quedarán encerrados en las cuadras colindantes al futuro asentamiento, sin garantías de seguridad. La indignación es comprensible: se ha sacrificado una dotación social por una solución que, por definición, es temporal.
La política detrás de la emergencia
El malestar no es solo asistencial. En la discusión pública hay quien señala directamente a la gestión del Gobierno, al que acusa de priorizar la acogida de migrantes sobre los servicios a los ciudadanos. Otros recuerdan que Ceuta es una ciudad pequeña y que no hay alternativa física obvia: el espacio disponible ya está ocupado. La tensión entre solidaridad y recursos propios no es nueva, pero ahora tiene un centro ecuestre por medio.
Propuestas que no salen del papel
Entre las ideas que circulan, la más llamativa es la de anclar un barco en desguace frente a la costa y alojar allí a los migrantes mientras se resuelve su situación. Caben miles de personas, argumentan sus defensores, y no se ocuparía suelo urbano. Nadie ha detallado costes, seguridad ni condiciones de habitabilidad. Por ahora, la máquina sigue trabajando en la pista de hípica.
Y con cada cucharada de asfalto levantado, la inversión de 200.000 euros se convierte en ejemplo de cómo la coyuntura se come la planificación. Si la próxima vez se les ocurre remodelar algo, quizá convenga esperar a que no haga falta derribarlo.