Asuero "El judío errante". Pasan los siglos y Asuero sigue vagando, si no por el mundo real, al menos por las páginas de la literatura universal.

Grabado al estilo de Gustavo Doré con la figura del judío errante Asuero vagando por un camino
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La leyenda del judío errante no nace de un castigo divino: nace de dos tradiciones distintas que Europa acabó fundiendo en una sola. Según el relato medieval más difundido, un judío llamado Asuero se negó a dejar que Jesucristo se apoyara en la pared de su casa camino del Gólgota —algunas versiones añaden que incluso lo golpeó— y fue condenado a vagar por el mundo sin descanso hasta el regreso de Cristo.

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Don Arcadio

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Gustavo Dore.
De la revista antigua de historia, arte y teología -La Divina Testa-

Según la leyenda medieval, el judío errante era un judío llamado Asuero. Jesucristo, cargando su cruz, pasó por delante de su casa camino al Gólgota. Jesús le pidió permiso a Asuero para apoyarse en la pared y descansar, pero Asuero se negó y, según algunas versiones, incluso lo golpeó. Desde entonces, fue condenado a vagar eternamente.

Existe una teoría según la cual el «judío errante», tras haber expulsado a Cristo de su hogar, le sugirió burlonamente que descansara en su camino de regreso, dando a entender que si realmente era el Descendiente de Dios, resucitaría y entonces podría descansar. Cristo respondió con serenidad que continuaría su camino, pero que Asuero también vagaría eternamente, sin conocer ni la gloria ni el descanso.

Según la leyenda, cada 50 años Asuero va a Jerusalén con la esperanza de implorar el perdón del Santo Sepulcro, pero cuando aparece en Jerusalén, comienzan violentas tormentas y el "judío eterno" no puede llevar a cabo su plan.

El dueño de la casa se llamaba Asuero. Pero es más conocido por el apodo de "El Judío Errante", y existen varios relatos curiosos sobre su destino posterior. En 1223, el astrólogo italiano Guido Bonnati lo encontró en la corte española.

Cinco años después, se le menciona en un documento de una abadía inglesa visitada por el arzobispo de Armenia. Según el arzobispo, conocía personalmente a Asuero, conversó con él en numerosas ocasiones y estaba absolutamente seguro de que se trataba del hombre maldito por Cristo. En 1242, Asuero reapareció en Francia y luego desapareció durante dos siglos y medio.

En 1505, se le vio en Bohemia, y en 1547, en Hamburgo. Allí, el obispo Paul von Eythen lo conoció y, en sus notas, menciona que este hombre hablaba todos los idiomas sin el menor acento, llevaba una vida solitaria y ascética, y no poseía bienes. Si recibía dinero, lo distribuía inmediatamente entre los pobres. En 1575, Asuero apareció en España, y en 1599, en Viena.

Desde allí, tenía la intención de viajar a Polonia y luego a Moscú. Existe alguna evidencia vaga de que visitó Moscú e interactuó con algunas personas. Sin embargo, su aparición en la ciudad alemana de Lübeck en 1603 está más que documentada: una entrada en la crónica de la ciudad, escrita en latín por el alcalde, historiador y teólogo.

El 14 de enero del año pasado apareció en Lübeck un famoso judío inmortal, a quien Cristo, camino a la crucifixión, condenó a la redención.

También se han hecho referencias a esta misteriosa figura en tiempos más recientes. La última data de 1830. Puedes creerlo o rechazarlo. O puedes aceptar la opinión de un médico medieval que escribió:

No hay nada que pueda salvar el cuerpo mortal de la gloria, pero sí hay algo que puede posponerla, devolver la juventud y prolongar la corta vida humana.

La figura de Asuero es un tema recurrente en la literatura universal, En la novela de Potocki -El manuscrito hallado en Zaragoza- lo menciona; Goethe intentó escribir sobre él, La novela de aventuras de Eugène Sue, Asuero alcanzó gran popularidad. Alexandre Dumas dedicó su novela Isaac Laquedem a este personaje.

La figura de Asuero es un tema recurrente en la literatura universal. Goethe intentó escribir sobre él (aunque su plan nunca se concretó), y se le menciona en la novela de Potocki, El manuscrito hallado en Zaragoza. La novela de aventuras de Eugène Sue, «Asuero», alcanzó gran popularidad. Alexandre Dumas dedicó su novela Isaac Laquedem a este personaje. Asuero también se menciona en la tragedia de Karl Gutzkow, Uriel Acosta. En Rusia, Vasili Andreevich Zhukovsky escribió sobre Asuero en su poema inacabado El judío errante, influenciado por los románticos alemanes.

En el siglo XX, muchos escritores de renombre mundial recurrieron a la figura de Asuero, entre ellos Rudyard Kipling (en su novela corta "El judío errante"), Guillaume Apollinaire (en su novela corta "El transeúnte de Praga") y Jorge Luis Borges (en su novela corta El inmortal El judío errante incluso aparece en la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.

En la literatura rusa del siglo XX aparecen varias interpretaciones completamente inesperadas de la imagen de Asuero. Por ejemplo, la novela de los hermanos Strugatsky, Agobiado por el mal, o cuarenta años después, presenta a un tal Asuero Lukich, que se hace pasar por agente de seguros.

En la novela "El becerro de oro" de Ilya Ilf y Yevgeny Petrov, Ostap Bender narra la historia del Judío Errante, quien, deseando admirar la belleza del Dniéper, fue capturado y asesinado por las fuerzas de Petliura. En el relato "Asuero" de Vsevolod Ivanov, aparece un teólogo de Hamburgo que revela que fue él, soñando con la fama y la fortuna, quien inventó la leyenda de Asuero y, para su sorpresa, se convirtió en el verdadero Asuero.
 

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Eso de la condenación eterna es una chorrada.
Bueno, es lo que tú opinas, no sé si la opinión la haces desde el punto de vista laico racionalista o, desde el racionalismo protestante, con su negación de todo lo sobrenatural en la Biblia y sus intentos de encontrar una explicación natural para los milagros descritos en ella.
Por supuesto respeto tu opinión.
 
Bueno, es lo que tú opinas, no sé si la opinión la haces desde el punto de vista laico racionalista o, desde el racionalismo protestante, con su negación de todo lo sobrenatural en la Biblia y sus intentos de encontrar una explicación natural para los milagros descritos en ella.
Por supuesto respeto tu opinión.

Lo digo porque creo en la redención y en el derecho a obtenerla. Que el réprobo no quiera cambiar es otra cosa, pero tiene que tener el derecho a reconocer sus errores, a pagar sus errores y a cerrar cuentas del pasado.
 
Lo digo porque creo en la redención y en el derecho a obtenerla. Que el réprobo no quiera cambiar es otra cosa, pero tiene que tener el derecho a reconocer sus errores, a pagar sus errores y a cerrar cuentas del pasado.
Teodicea. No es justo un castigo infinito como retribución de un pecado que no fue infinito.
 
Teodicea. No es justo un castigo infinito como retribución de un pecado que no fue infinito.
Podemos imaginar a Dios imponiéndose a la fuerza a quienes no quieren estar con Él? Imponiéndose a Satanás?... las personas que rechazan a Dios y eligen el pecado al final de su vida terrenal, Dios no puede obligarla a elegir la unión con Él en contra de su voluntad. Dios no envía a nadie al Infierno, es una elección libre, (El Infierno es un monumento a la libertad y a la dignidad humana G. Chesterton)
 
Podemos imaginar a Dios imponiéndose a la fuerza a quienes no quieren estar con Él? Imponiéndose a Satanás?... las personas que rechazan a Dios y eligen el pecado al final de su vida terrenal, Dios no puede obligarla a elegir la unión con Él en contra de su voluntad. Dios no envía a nadie al Infierno, es una elección libre, (El Infierno es un monumento a la libertad y a la dignidad humana G. Chesterton)
Es un problema interesante pero no soy muy partidario de debates teológicos, metafísicos o filosóficos en Historia porque, como pasa con los de enigmas del pasado, son un imán para gente con mala actitud. No lo digo por usted ni por mí, evidentemente. 😉 Ni digo que todos los amantes de la teología o de los enigmas tengan mala actitud pero al final siempre pasa.

Además intentaba circunscribir el problema al terreno de esta leyenda, que por cierto apasionaba a Borges y se transluce en relatos suyos como el del inmortal. El debate de si esta visión de la redención a lo suplicio de Tántalo es poco cristiana o si en cambio es cristiana avant la letre.

O, incluso, si la redención se ha negado por completo y el judío Asuero está realmente en el Infierno, un Infierno terrenal del mismo modo que hubo un Paraíso Terrenal, pero no se le ha dicho. Era Santo Tomás, creo, el que decía que los condenados al Infierno conservan la esperanza.
 
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Es un problema interesante pero no soy muy partidario de debates teológicos, metafísicos o filosóficos en Historia porque, como pasa con los de enigmas del pasado, son un imán para gente con mala actitud. No lo digo por usted ni por mí, evidentemente. 😉 Ni digo que todos los amantes de la teología o de los enigmas tengan mala actitud pero al final siempre pasa.

Además intentaba circunscribir el problema al terreno de esta leyenda, que por cierto apasionaba a Borges y se transluce en relatos suyos como el del inmortal. El debate de si esta visión de la redención a lo suplicio de Tántalo es poco cristiana o si en cambio es cristiana avant la letre.

O, incluso, si la redención se ha negado por completo y el judío Asuero está realmente en el Infierno, un Infierno terrenal del mismo modo que hubo un Paraíso Terrenal, pero no se le ha dicho. Era Santo Tomás, creo, el que decía que los condenados al Infierno conservan la esperanza.
Leñe, olvidaba añadir un detalle.

La leyenda del judío errante se basa en dos tradiciones separadas, una anterior a la otra, que se solapan hasta cierto punto durante la Edad Media y acaban unidas hacia 1600 en la imprenta alemana.

La más moderna, puramente medieval y probablemente influida por las Cruzadas, llama al judío Asuero. La primera, tardorromana y de origen armenio, llama al judío errante Cartafilus y nombres parecidos.

Y a Joseph Cartaphilus se lo nombra, de pasada, en el relato de Borges.
 
Es un problema interesante pero no soy muy partidario de debates teológicos, metafísicos o filosóficos en Historia porque, como pasa con los de enigmas del pasado, son un imán para gente con mala actitud. No lo digo por usted ni por mí, evidentemente. 😉 Ni digo que todos los amantes de la teología o de los enigmas tengan mala actitud pero al final siempre pasa.

Además intentaba circunscribir el problema al terreno de esta leyenda, que por cierto apasionaba a Borges y se transluce en relatos suyos como el del inmortal. El debate de si esta visión de la redención a lo suplicio de Tántalo es poco cristiana o si en cambio es cristiana avant la letre.

O, incluso, si la redención se ha negado por completo y el judío Asuero está realmente en el Infierno, un Infierno terrenal del mismo modo que hubo un Paraíso Terrenal, pero no se le ha dicho. Era Santo Tomás, creo, el que decía que los condenados al Infierno conservan la esperanza.

Es cierto lo que dices, es un terreno en el que hay que ir con pies de plomo; pero el misterio del Mal me tiene muy pillado y después de una reflexión sobre ese misterio lo resumo en este foro de historia porque no se dónde presentarlo.

A primera vista, parece que si Dios creó Todo, entonces debe ser responsable del Mal. Y si Dios es responsable del Mal, entonces se convierte en un dios malvado, lo cual contradice la propia definición de Dios. Si, por otro lado, no es responsable del Mal, el sufrimiento y el pecado, de dónde mana, quién lo crea?
 
Es cierto lo que dices, es un terreno en el que hay que ir con pies de plomo; pero el misterio del Mal me tiene muy pillado y después de una reflexión sobre ese misterio lo resumo en este foro de historia porque no se dónde presentarlo.

A primera vista, parece que si Dios creó Todo, entonces debe ser responsable del Mal. Y si Dios es responsable del Mal, entonces se convierte en un dios malvado, lo cual contradice la propia definición de Dios. Si, por otro lado, no es responsable del Mal, el sufrimiento y el pecado, de dónde mana, quién lo crea?
Es un problema excesivamente extenso ante el que me siento agnóstico. Es decir, no ateo porque no niego la existencia del problema pero sí lo considero esencialmente incognoscible y lo asumo con una fatalista irrelevancia: no sé hasta qué punto el problema del mal vincula a la Voluntad Divina pero es innegable que vincula las nuestras y eso basta.

Como sugerencia de lectura, y no con ánimo condescendiente sino de compartir contenidos interesantes, le recomiendo que le eche una mirada a Escoto Eriugena, cuya lectura lógica del problema es apasionante y argumentalmente completa pero, eso sí, herética.
 
Es un problema excesivamente extenso ante el que me siento agnóstico. Es decir, no ateo porque no niego la existencia del problema pero sí lo considero esencialmente incognoscible y lo asumo con una fatalista irrelevancia: no sé hasta qué punto el problema del mal vincula a la Voluntad Divina pero es innegable que vincula las nuestras y eso basta.

Como sugerencia de lectura, y no con ánimo condescendiente sino de compartir contenidos interesantes, le recomiendo que le eche una mirada a Escoto Eriugena, cuya lectura lógica del problema es apasionante y argumentalmente completa pero, eso sí, herética.
Bueno Juan Escoto tiene mucha miga.
 
Es un problema interesante pero no soy muy partidario de debates teológicos, metafísicos o filosóficos en Historia porque, como pasa con los de enigmas del pasado, son un imán para gente con mala actitud. No lo digo por usted ni por mí, evidentemente. 😉 Ni digo que todos los amantes de la teología o de los enigmas tengan mala actitud pero al final siempre pasa.

Además intentaba circunscribir el problema al terreno de esta leyenda, que por cierto apasionaba a Borges y se transluce en relatos suyos como el del inmortal. El debate de si esta visión de la redención a lo suplicio de Tántalo es poco cristiana o si en cambio es cristiana avant la letre.

O, incluso, si la redención se ha negado por completo y el judío Asuero está realmente en el Infierno, un Infierno terrenal del mismo modo que hubo un Paraíso Terrenal, pero no se le ha dicho. Era Santo Tomás, creo, el que decía que los condenados al Infierno conservan la esperanza.
Esto es Falso. Santo Tomás de Aquino afirmaba categóricamente todo lo contrario: los condenados al Infierno no conservan ningún tipo de esperanza.
Suma Teológica (específicamente en la Segunda Parte de la Segunda Parte, Cuestión 18, Artículo 2), el teólogo explica las razones filosóficas y teológicas de esto:
  • Conocimiento de su situación: Para que exista la esperanza, el individuo debe percibir un bien futuro como algo posible de alcanzar. [1, 2]
  • Imposibilidad de la salvación: Los condenados en el Infierno son plenamente conscientes de que su castigo es eterno y de que jamás podrán salir de allí ni alcanzar la bienaventuranza (la unión con Dios). [1, 2]
  • Desesperación absoluta: Al saber que la felicidad eterna es un bien completamente imposible para ellos, la esperanza desaparece por completo y es sustituida por una desesperación total. [1, 2]

de otro modo la Divina Comedia estaría en contradicción con la Summa y eso es imposible.

"Por esta razón, la teología tomista sostiene que la esperanza es una virtud exclusiva de los "viadores" (los seres humanos que aún peregrinan en la Tierra) y de las almas del Purgatorio, ya que ambos tienen la posibilidad real de alcanzar el cielo. En cambio, ni los santos en el Cielo (que ya poseen lo que esperaban) ni los condenados en el Infierno (que ya lo perdieron para siempre) tienen esperanza"
 
Esto es Falso. Santo Tomás de Aquino afirmaba categóricamente todo lo contrario: los condenados al Infierno no conservan ningún tipo de esperanza.
Suma Teológica (específicamente en la Segunda Parte de la Segunda Parte, Cuestión 18, Artículo 2), el teólogo explica las razones filosóficas y teológicas de esto:
  • Conocimiento de su situación: Para que exista la esperanza, el individuo debe percibir un bien futuro como algo posible de alcanzar. [1, 2]
  • Imposibilidad de la salvación: Los condenados en el Infierno son plenamente conscientes de que su castigo es eterno y de que jamás podrán salir de allí ni alcanzar la bienaventuranza (la unión con Dios). [1, 2]
  • Desesperación absoluta: Al saber que la felicidad eterna es un bien completamente imposible para ellos, la esperanza desaparece por completo y es sustituida por una desesperación total. [1, 2]

de otro modo la Divina Comedia estaría en contradicción con la Summa y eso es imposible.

"Por esta razón, la teología tomista sostiene que la esperanza es una virtud exclusiva de los "viadores" (los seres humanos que aún peregrinan en la Tierra) y de las almas del Purgatorio, ya que ambos tienen la posibilidad real de alcanzar el cielo. En cambio, ni los santos en el Cielo (que ya poseen lo que esperaban) ni los condenados en el Infierno (que ya lo perdieron para siempre) tienen esperanza"
Es cierto Santo Tomás de Aquino es categórico. En el Infierno de Dante está escrito a la entrada, -Abandonad toda esperanza-

Cuando se comprende los conceptos de Voluntad de Dios, Permitir y Providencia se puede comprender mejor este laberinto teológico.

El libre albeldrio te da libertad para apartarte de Dios:
(Juan 3:19) -Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas-.
El hombre que se corrompe aborrece la Luz y ama las tinieblas, su verdadero Infierno es vivir apartado y negando a Dios, vive su Infierno con la esperanza de seguir haciendo lo que más ama, el Mal con mayúsculas.

Consulta a IA sobre la Predestinación de San Agustín.
La "Massa Damnata" (La masa condenada)
El punto de partida para San Agustín es el pecado original. Tras la caída de Adán y Eve, toda la humanidad quedó corrompida, infectada por el pecado y separada de Dios.

San Agustín utiliza la expresión massa damnata (o massa peccati). Esto significa que, por pura justicia, toda la raza humana merece la condenación eterna. Si Dios decidiera no salvar a nadie, seguiría siendo absolutamente justo, porque el ser humano eligió libremente apartarse del Bien.
 
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Según la leyenda medieval, el judío errante era un judío llamado Asuero. Jesucristo, cargando su cruz, pasó por delante de su casa camino al Gólgota. Jesús le pidió permiso a Asuero para apoyarse en la pared y descansar, pero Asuero se negó y, según algunas versiones, incluso lo golpeó. Desde entonces, fue condenado a vagar eternamente.

Existe una teoría según la cual el «judío errante», tras haber expulsado a Cristo de su hogar, le sugirió burlonamente que descansara en su camino de regreso, dando a entender que si realmente era el Descendiente de Dios, resucitaría y entonces podría descansar. Cristo respondió con serenidad que continuaría su camino, pero que Asuero también vagaría eternamente, sin conocer ni la gloria ni el descanso.

Según la leyenda, cada 50 años Asuero va a Jerusalén con la esperanza de implorar el perdón del Santo Sepulcro, pero cuando aparece en Jerusalén, comienzan violentas tormentas y el "judío eterno" no puede llevar a cabo su plan.

El dueño de la casa se llamaba Asuero. Pero es más conocido por el apodo de "El Judío Errante", y existen varios relatos curiosos sobre su destino posterior. En 1223, el astrólogo italiano Guido Bonnati lo encontró en la corte española.

Cinco años después, se le menciona en un documento de una abadía inglesa visitada por el arzobispo de Armenia. Según el arzobispo, conocía personalmente a Asuero, conversó con él en numerosas ocasiones y estaba absolutamente seguro de que se trataba del hombre maldito por Cristo. En 1242, Asuero reapareció en Francia y luego desapareció durante dos siglos y medio.

En 1505, se le vio en Bohemia, y en 1547, en Hamburgo. Allí, el obispo Paul von Eythen lo conoció y, en sus notas, menciona que este hombre hablaba todos los idiomas sin el menor acento, llevaba una vida solitaria y ascética, y no poseía bienes. Si recibía dinero, lo distribuía inmediatamente entre los pobres. En 1575, Asuero apareció en España, y en 1599, en Viena.

Desde allí, tenía la intención de viajar a Polonia y luego a Moscú. Existe alguna evidencia vaga de que visitó Moscú e interactuó con algunas personas. Sin embargo, su aparición en la ciudad alemana de Lübeck en 1603 está más que documentada: una entrada en la crónica de la ciudad, escrita en latín por el alcalde, historiador y teólogo.

El 14 de enero del año pasado apareció en Lübeck un famoso judío inmortal, a quien Cristo, camino a la crucifixión, condenó a la redención.

También se han hecho referencias a esta misteriosa figura en tiempos más recientes. La última data de 1830. Puedes creerlo o rechazarlo. O puedes aceptar la opinión de un médico medieval que escribió:

No hay nada que pueda salvar el cuerpo mortal de la gloria, pero sí hay algo que puede posponerla, devolver la juventud y prolongar la corta vida humana.

La figura de Asuero es un tema recurrente en la literatura universal, En la novela de Potocki -El manuscrito hallado en Zaragoza- lo menciona; Goethe intentó escribir sobre él, La novela de aventuras de Eugène Sue, Asuero alcanzó gran popularidad. Alexandre Dumas dedicó su novela Isaac Laquedem a este personaje.

La figura de Asuero es un tema recurrente en la literatura universal. Goethe intentó escribir sobre él (aunque su plan nunca se concretó), y se le menciona en la novela de Potocki, El manuscrito hallado en Zaragoza. La novela de aventuras de Eugène Sue, «Asuero», alcanzó gran popularidad. Alexandre Dumas dedicó su novela Isaac Laquedem a este personaje. Asuero también se menciona en la tragedia de Karl Gutzkow, Uriel Acosta. En Rusia, Vasili Andreevich Zhukovsky escribió sobre Asuero en su poema inacabado El judío errante, influenciado por los románticos alemanes.

En el siglo XX, muchos escritores de renombre mundial recurrieron a la figura de Asuero, entre ellos Rudyard Kipling (en su novela corta "El judío errante"), Guillaume Apollinaire (en su novela corta "El transeúnte de Praga") y Jorge Luis Borges (en su novela corta El inmortal El judío errante incluso aparece en la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.

En la literatura rusa del siglo XX aparecen varias interpretaciones completamente inesperadas de la imagen de Asuero. Por ejemplo, la novela de los hermanos Strugatsky, Agobiado por el mal, o cuarenta años después, presenta a un tal Asuero Lukich, que se hace pasar por agente de seguros.

En la novela "El becerro de oro" de Ilya Ilf y Yevgeny Petrov, Ostap Bender narra la historia del Judío Errante, quien, deseando admirar la belleza del Dniéper, fue capturado y asesinado por las fuerzas de Petliura. En el relato "Asuero" de Vsevolod Ivanov, aparece un teólogo de Hamburgo que revela que fue él, soñando con la fama y la fortuna, quien inventó la leyenda de Asuero y, para su sorpresa, se convirtió en el verdadero Asuero.
Asurero parece una alegoría de la propia diáspora, errando por el mundo.
 
Partiendo de que no es más que una leyenda, me llama la atención de que se base en una supuesta venganza de Jesús. Es decir, el mismo Jesús que anima a todos a reconducirse y a pedir perdón (como con el ladrón de la cruz) a este tal Asuero lo condena sin oportunidad de redimirse.
Otro fallo teológico sería que lo condena Él, no se condena el propio Asuero.
 

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