Eric Finch
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El arrogante lado del bien
16/09/2026Juan Carlos Girauta-El Debate
- Ahora mismo la izquierda es reaccionaria, borra a la mujer, elimina la igualdad ante la ley, teme el pogre, quiere censurar los desabrigados publicitarios, como los censores del franquismo. ¿En qué son reconocibles como izquierda? En que comparten la espina dorsal: una arrogancia, que, al ser infinita, jamás dejará de asombrarnos
Y ahora los términos de la arrogancia. La educación hay que mejorarla, nos cuenta, para que no vuelva a suceder algo tan terrible como lo que hemos sufrido. ¿Y qué es? ¿Alude acaso al analfabetismo funcional de los universitarios? ¿Quizás a la sustitución de las humanidades por una colección de victimismos? ¿Al desplazamiento del interés académico, que ha pasado de las obras a sus autores, para reflexionar, una vez centrados en estos, sobre cómo los determina su «género», su tonalidad, su nación oprimida, su orientación sensual? ¿Apunta al desconocimiento generalizado de las grandes obras occidentales? ¿A la incapacidad de mantener la atención ante un texto de más de un parrafito? ¿A la falta de comprensión lectora de gentes con inmerecido título? ¡En modo alguno! La educación hay que mejorarla… ¡para que los jóvenes no vuelvan a votar como han votado en Sajonia-Anhalt!
Lo que me obliga insistir. La clave para entender lo que le pasa a la izquierda y para identificar el rasgo que une, caminando hacia atrás, al ‘wokismo’ con la socialdemocracia normal, y antes el socialismo, el comunismo y los revolucionarios varios, incluyendo a los malos nihilistas dostoievskianos, es la arrogancia. Llevo décadas estudiando a la izquierda, no por su interés intrínseco sino porque es real. O sea, he preferido analizar su lógica abyecta a las sagas del Señor de los Anillos y Star Wars (salvando las distancias), a cuyas categorías y personajes acuden los viejóvenes cuando se ponen intensos. A la ventaja de su realidad, la izquierda añadió la diversión en 1968. Tras el bajón de la caída del Muro, tras el cual solo se divertía una joven Merkel pensando en cómo nos la iba a colar a todos, el aburrimiento acompañará a la arrogancia hasta 2014, fecha que escogemos para el nacimiento del ‘wokismo’. Ahora mismo la izquierda es reaccionaria, borra a la mujer, elimina la igualdad ante la ley, teme el pogre, quiere censurar los desabrigados publicitarios, como los censores del franquismo. ¿En qué son reconocibles como izquierda? En que comparten la espina dorsal: una arrogancia, que, al ser infinita, jamás dejará de asombrarnos.
