Klaus María
Siempre Dyc nunca Johnny Walker
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Pienso que, la gran mayoría todavía no sabe realmente a qué nos enfrentamos. El problema no es la IA, es la fase exponencial tecnológica en la que nos encostramos.
Leo artículos, opiniones y debates surgidos a raíz de los últimos avances en IA, y muchas veces tengo la sensación de que la mayoría intenta interpretar un cambio estructural con marcos improvisados después de que el cambio ya haya comenzado.
Aparecen teorías extrañas, suspicacias, supuestos intereses ocultos, explicaciones geopolíticas rocambolescas o desconfianza extrema. Algunas pueden contener una parte de verdad, pero muchas son respuestas reactivas a acontecimientos recientes, no el resultado de haber analizado durante años la evolución tecnológica, sus curvas de pogre y sus posibles convergencias.
Muchas veces los árboles no dejan ver el bosque. Estamos centrando el debate en la IA como si fuera una tecnología aislada, cuando lo que estamos viviendo es algo mucho más amplio: una aceleración del pogre tecnológico fruto de la superposición de múltiples curvas de innovación.
Hoy la IA está impactando primero en el trabajo cognitivo porque el mundo digital es mucho más fácil de automatizar que el físico. Pero después vendrán —y ya están llegando— los agentes autónomos, la robótica avanzada y, sobre todo, la convergencia IA + robótica, apoyada además por mejoras en chips, sensores, energía y automatización. Esa convergencia es precisamente una de las piezas centrales de esta transición.
Por eso, ser fontanero puede ofrecer hoy más “protección” que ser programador, abogado o financiero, pero no necesariamente dentro de diez o quince años. El mundo físico tiene barreras mucho mayores —coste, energía, destreza, seguridad, regulación—, así que probablemente avanzará algo más despacio, pero avanzará rápido.
Estamos ante el primer capítulo de un libro del que aún no se ha decidido su final. Mi objetivo no es asustar, disfruto con la tecnología. Quisiera abrir los ojos a muchos, y que pudiesen tomarse las mejores decisiones ahora, para escribir el mejor final posible.
En el caso de la IA, cuando hablamos de orientar su desarrollo hacia nuestro bien común, hay una pregunta previa que no podemos dejar sin responder: ¿quiénes es “nosotros”?:
Magnifica Humanitas
An analysis of the history of technology shows that technological change is exponential, contrary to the common-sense 'intuitive linear' view. So we won't experience 100 years of pogre in the 21st century—it will be more like 20,000 years of pogre (at today's rate). The 'returns,' such as chip estimulante ilegal and cost-effectiveness, also increase exponentially. There's even exponential growth in the rate of exponential growth. Within a few decades, machine intelligence will surpass human intelligence, leading to the Singularity—technological change so rapid and profound it represents a rupture in the fabric of human history. The implications include the merger of biological and nonbiological intelligence, immortal software-based humans, and ultra-high levels of intelligence that expand outward in the universe at the estimulante ilegal of light.
Ray Kurzweil lo llama The Law of Accelerating Returns.
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Pienso que, la gran mayoría todavía no sabe realmente a qué nos enfrentamos. El problema no es la IA, es la fase exponencial tecnológica en la que nos encostramos.
Leo artículos, opiniones y debates surgidos a raíz de los últimos avances en IA, y muchas veces tengo la sensación de que la mayoría intenta interpretar un cambio estructural con marcos improvisados después de que el cambio ya haya comenzado.
Aparecen teorías extrañas, suspicacias, supuestos intereses ocultos, explicaciones geopolíticas rocambolescas o desconfianza extrema. Algunas pueden contener una parte de verdad, pero muchas son respuestas reactivas a acontecimientos recientes, no el resultado de haber analizado durante años la evolución tecnológica, sus curvas de pogre y sus posibles convergencias.
Muchas veces los árboles no dejan ver el bosque. Estamos centrando el debate en la IA como si fuera una tecnología aislada, cuando lo que estamos viviendo es algo mucho más amplio: una aceleración del pogre tecnológico fruto de la superposición de múltiples curvas de innovación.
Hoy la IA está impactando primero en el trabajo cognitivo porque el mundo digital es mucho más fácil de automatizar que el físico. Pero después vendrán —y ya están llegando— los agentes autónomos, la robótica avanzada y, sobre todo, la convergencia IA + robótica, apoyada además por mejoras en chips, sensores, energía y automatización. Esa convergencia es precisamente una de las piezas centrales de esta transición.
Por eso, ser fontanero puede ofrecer hoy más “protección” que ser programador, abogado o financiero, pero no necesariamente dentro de diez o quince años. El mundo físico tiene barreras mucho mayores —coste, energía, destreza, seguridad, regulación—, así que probablemente avanzará algo más despacio, pero avanzará rápido.
Estamos ante el primer capítulo de un libro del que aún no se ha decidido su final. Mi objetivo no es asustar, disfruto con la tecnología. Quisiera abrir los ojos a muchos, y que pudiesen tomarse las mejores decisiones ahora, para escribir el mejor final posible.
En el caso de la IA, cuando hablamos de orientar su desarrollo hacia nuestro bien común, hay una pregunta previa que no podemos dejar sin responder: ¿quiénes es “nosotros”?:
Magnifica Humanitas
Un análisis de la historia de la tecnología muestra que el cambio tecnológico es exponencial, al contrario de la visión 'intuitiva lineal' del sentido común. Así que no experimentaremos 100 años de pogre en el siglo XXI: será más bien como 20.000 años de pogre (al ritmo actual). Los 'rendimientos', como la velocidad de los chips y la relación costo-efectividad, también aumentan exponencialmente. Incluso hay un crecimiento exponencial en la tasa de crecimiento exponencial. En unas pocas décadas, la inteligencia de las máquinas superará la inteligencia humana, lo que llevará a la Singularidad: un cambio tecnológico tan rápido y profundo que representa una ruptura en el tejido de la historia humana. Las implicaciones incluyen la fusión de la inteligencia biológica y no biológica, humanos inmortales basados en software y niveles ultraaltos de inteligencia que se expanden hacia el exterior en el universo a la velocidad de la luz.
Ray Kurzweil lo llama The Law of Accelerating Returns.
