reaccionariocine
Del facherío me fío
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No, una cosa es que tenga ya la vida resuelta y otra cosa es que no vea los problemas que están afectando a mi país, no nos equivoquemos. Estaba respondiendo a un forero que aseguraba que los españoles somos peor que los demás, poco menos que en comparación con la gente de los demás países, y eso es mentira, por eso le he respondido que en mi larga vida laboral me he encontrado con gente de muy baja catadura y también con muy buena gente, eso es lo que he dicho, ni más ni menos ¿crees acaso que a un alemán o francés aunque tenga ya la vida resuelta pero que quiera a su patria de verdad no le está doliendo lo que está pasando con sus naciones?Claro, ya no remas y tienes la cosa habitacional resuelta.
Así no te parece que España sea tan horrible.
El tema no es ese. Los españoles actuales somos producto de algo que rara vez se menciona con la importancia que debería.Algo que no me queda claro. Como es posible que España se mantuviese como primera potencia mundial por 200 años y entre los 3 países más relevantes/poderoso del mundo por más de 300 años... con un capital humano tan infrahumano?
El Siglo de Oro español duró casi dos siglos, abarcando aproximadamente 189 años
Porque no había personas afeminadas y derrotistas como el Nini de Elda y sus multis ofreciendo su apoyo al enemigo.Algo que no me queda claro. Como es posible que España se mantuviese como primera potencia mundial por 200 años y entre los 3 países más relevantes/poderoso del mundo por más de 300 años... con un capital humano tan infrahumano?
El Siglo de Oro español duró casi dos siglos, abarcando aproximadamente 189 años
Franco vendió al país y perdonó a esos orate que te gobiernan hoy(mensaje citado en revisión)
El tema no es ese. Los españoles actuales somos producto de algo que rara vez se menciona con la importancia que debería.
El atemporal drama de España desde hace 500 años es que desde la gloria de Fernando de Aragón no ha tenido a nadie que hable en voz propia y haga valer sus intereses; ha carecido de élites en su sentido nacional actuando sus dirigentes las más de las veces como entes que administraban con arbitrariedad, corrupción e indolencia a unos abnegados y sufridos españoles a los cuales no se respetaba ni valoraba.
Con la entronización de los Austrias guiris pelirrojos endogámicos se perdió la oportunidad de tener una MONARQUÍA NACIONAL a semejanza de Francia o Inglaterra. España desde entonces perdió su autonomía y fue una comparsa en manos de reyes y dinastías que la instrumentalizaron para, siguiendo a Ortega, darse gloria a sí mismos y no al país sobre el que gobernaban.
Con la Casa de Austria tuvimos una monarquía de reyes cada vez más incapaces cuyos intereses no eran proto-nacionales (a diferencia de Luis XIV) sino dinásticos en virtud del mosaico de territorios que mantenía por toda Europa. Esto fue fatal para Castilla (motor de España) que quedó devastada y consumida en riquezas, hombres y capacidad productiva.
Con la desaparición de la rama española de la Casa de Austria España pasa a ser un satélite de la potencia hegemónica en Europa: Francia. Fue en la guerra de Sucesión Española (1701-1713) cuando vemos el primer acto en el que el destino de España lo marcan potencias extranjeras quienes aprovechan para depredarle territorios. La herida abierta de Gibraltar viene de aquí.
España mantiene durante este siglo XVIII las Américas pero esto fue un espejismo ya que la península no estaba soldada al Imperio mediante el comercio o una inteligente política federal como la que promulgaba el Conde de Aranda. El grado más funesto de subordinación se produce en la Batalla de Trafalgar cuando Carlos IV sacrifica la Armada (crucial para mantener el comercio y comunicaciones con América) para complacer a Francia, a Napoleón, que es el que realmente manda en España.
El segundo acto de intromisión extranjera en los asuntos españoles lo tenemos en 1823 cuando la Santa Alianza decide intervenir en España si bien es cierto que a instancias de otro rey Borbón: Fernando VII. Con la caída del régimen liberal iniciado por la sublevación de Riego en 1820 en España se frustró un avance hacia la modernidad que tanto equivale a decir el desarrollo y pogre del país y sus gentes.
Durante este siglo XIX España es un Estado pobre y famélico cuya política exterior es objeto de intrigas e instrumentalización por parte de Francia e Inglaterra. Cuestiones tales como con quién se casaba Isabel II o quién ocupaba la jefatura del Estado habían de ser aprobadas por cancillerías extranjeras.
El tercer acto de intromisión extranjera en los asuntos españoles lo tenemos con la Guerra Civil. Las sucursales de Rothschild Francia e Inglaterra imponen una cínica política de ‘No Intervención’ que favorece expresamente a los militares sublevados ampliamente apoyados además por otras potencias extranjeras: Alemania e Italia.
¿Estaban mejor las cosas en el bando republicano? No, el aislamiento de la República fue manifiesto y la URSS se valió de ser el casi único Estado en brindarle apoyo para instrumentalizar la causa republicana en aras de servir a los intereses de la política exterior soviética: que pasaban básicamente por no quedarse aislada diplomáticamente de Francia e Inglaterra ante la amenaza hitleriana de una guerra por el Este.
España bajo la égida de Franco entró en la órbita americana en la década de los 50 para no volver a salir nunca más de ella. Los últimos y mínimos vestigios de soberanía real que podían quedar saltaron por los aires cuando la CIA a través de ETA ejecuta a Carrero Blanco en un ataque extremista violento que hubo de producirse con complicidad interna dentro del régimen franquista. Carrero Blanco tenía un perfil soberanista propio pero la posición de España era tan entreguista que bastó la mera desaparición física del Almirante para acabar con las veleidades soberanistas del país.
Voy a profundizar.
Hay algo de lo que poco o nada se habla. En parte por resultar incómodo, en parte porque no reporta réditos políticos hacer ejercicios críticos de introspección. Las personas y también los pueblos suelen preferir mantener ante sí mismos una ficción y unas formas antes que enfrentarse a su verdadera naturaleza. Mas sin conocernos a nosotros mismos, especialmente en nuestras flaquezas y debilidades, difícilmente podremos construir un éxito nacional y social.
Estoy hablando de que quizá el principal problema es que, y generalizando, el pueblo español más que pensar, siente; más que razonar, cree. De esta manera la política en España adquiere un sesgo religioso-fanático que impide ya no cualquier debate racional sino hasta la exigencia de responsabilidades a un poder público que no se percibe entre la población como tributario del interés general sino de la tribu para la cual está gobernando.
Es el clásico ‘los míos vs los tuyos’. Se es de un partido o una ideología como se es de un equipo de fútbol: por afición, tradición, sentido de pertenencia, sentimentalismo. Esto ampara todas las desgracias y latrocinios del Gobierno de turno en la medida que se perciba que es de los ‘míos’. Somos el país de la trinchera, de recelos sistémicos, de odios larvados siendo que algunos de ellos van incluso camino del centenario; somos en conclusión el país de escoger bando y militar fervientemente en él a menudo no tanto por razones de convicción como de oposición, exclusión del otro. Lo grave de este patrón es el que el ‘otro’ es otro español con el cual forzosamente hay que convivir y entenderse si se pretende hacer algo con el país que no sea mantenerlo en estado de putrefacción y dejadez cuando no de decadente ruina nacional como lamentablemente viene pasando ya por espacio de varios siglos.
Este mecanismo psicológico que describo se traslada al terreno de un sentido de identidad tribal y una doble sarracena hipócrita que mantiene al país fraccionado en dos o más mitades irreconciliables de ciudadanos regidos por partidos que aprovechan esta característica tribal de la sociedad española para obtener beneficios económicos y políticos a costa de azuzar el enfrentamiento y polarización de la gente de a pie.
Actualmente esto ha adquirido un grado aún más esperpéntico del habitual pues es que los políticos ya no solo se dedican a robar y malgobernar sino que están directamente vendiendo el país a cachos y poniendo en grave perjuicio la continuidad de España como Estado y de los españoles.
Esta mencionada simpleza mental en la estructura psíquica del español medio impide que pueda haber un gobierno responsable y serio. Es un primitivismo, un arcaísmo tal parece que inherente al carácter español y que contribuiría a explicar en gran medida el fracaso histórico de España desde 1648 y la besugoidad de nuestro desarrollo histórico como Nación.
Es además el nuestro un pueblo con una condición humana muy degradada fruto de siglos de despotismo teocrático inquisitorial. Esto implica que en España reinó durante siglos la más absoluta barbarie, la superstición, la violencia, la estimulación de las bajas pasiones, el rechazo a formas de vida culturalmente más civilizadas, lo cual contribuyó a forjar una fisiología de esclavos que prefieren reprobar y destruir al vecino antes que entenderse con él y liberarse mutuamente.
En España no hubo una educación sarracena del pueblo. Lo que sí se mantuvo impertérrita fue la cultura del bowling, el chanchullo, el trincar, el caciquismo, el aprovecharse, la picaresca etc. teniendo de fondo el absolutismo del individuo: el creerse el ombligo del mundo, el que nos sea ajeno todo lo que no entre por nuestro ojo. Ortega lo llamaba particularismo. Es el no ver más allá de uno mismo, el confundir los intereses propios con los de la colectividad. Es la absoluta falta de empatía y de sentido de cohesión social. Es el: ‘ande yo caliente, […] la gente’.
(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
Por eso me saqué el suizo hace unos años y estoy por renunciar a la nacionalidad española que está más hiperinflacionada que el Reichsmark en la república de Weimar.
@burbubot