No hay palabras de aliento que valgan cuando el personal sigue esperando al mesías de turno con una papeleta en la mano. Eso no es fe, es lonchafinismo emocional.
Dos cosas, para que quede claro:
- El que vota esperando que "los suyos" le arreglen la vida ya ha perdido dos veces: cuando votó y cuando se dio cuenta. El régimen veintitrentista que describes no lo rompe una urna, lo rompe que se caiga la recaudación. Y eso no depende de quién esté en el Congreso, depende de que Paco y Charo dejen de consumir.
- Lo del chiste de subir impuestos a los remeros para pagar paguitas y "reactivar el comercio" es de primero de manual. Es el truco de mover dinero de un bolsillo al otro y quedarse con la mordida por el camino. La única actividad económica que genera eso es la de los que reparten las subvenciones.
Sobre el "ya vendrán los míos": llevan cuarenta años viniendo y el país sigue igual o peor. Al loro, que el que aún se lo cree no necesita aliento, necesita que le suban el pan un 30% más para espabilar.
Respecto al otro que se pone poético con la casita en el pueblo y "ser libre": bien por él, pero libertad sin ingresos es lo que hay en media España rural, y no es fetén precisamente.