Inmobiliaria: El 15-M de vivienda fracasará por esto. La España inquilina vs la España propietaria

El 15-M de vivienda fracasará por esto. La España inquilina vs la España propietaria
El 15 M de la vivienda fracasará porque es un movimiento orquestado desde los partidos del gobierno para agitar la calle. El sindicato de inquilinas está dirigido por personas de élite que militan en partidos de izquierda, mientras que muchos seguidores carecen de experiencia real. No he visto un movimiento tan metodicamente orquestado como este. Ayer todas las televisiones del régimen dieron sesión extraordinaria sobre lo de Sol y el decreto. Sánchez prepara el terreno electoral y buscará su momento; si para arañar votos tiene que convocar elecciones a horas intempestivas, lo hará. Los otros ya saben contra quién juegan, pero este tipo no tiene escrúpulos ni vergüenza.
 
Los grandes tenedores acaparan más de la mitad de la vivienda en alquiler.

Para nada, el parque de vivienda en alquilar según los datos esta en manos de pequeños propietarios en alrededor y dependiendo de quien te de los datos te dice que el parque controlado por pequeños varia entre el 80 % y el 90 % ...

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Pero no te preocupes que no tardaréis en disfrutar lo que tanto deseáis ... Cuando tengas a una empresa en lugar de a Manolo vas a ver que el trato será distinto ... Cada reparación la tendrás que pelear y como tengas un problema económico eso de pedir un retrat así como así ... las empresas tienen sus abogados y estan preparadas para luchar por el último centimo del beneficio legal que les corresponda sacandote el último duro de la última reparación y del último coste de la fianza.
 

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El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

​

El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

​

La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

​

La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Es decir, si desaparecen los primeros desaparece el 60% de la oferta de alquiler

El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

​

El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

​

La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

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La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Mas básico comer, y los alimentos son una mercancía.

El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

​

El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

​

La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

​

La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Especulativo para el Estado, que es el que limita el terreno urbanizable y cobra licencias

El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

​

El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

​

La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

​

La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Con las regulaciones actuales consiguen el efecto sea especulación

El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

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El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

​

La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

​

La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Mentira, ofreció varios alquileres antes del lanzamiento. Han llegado a un acuerdo.
Falso también, la ley protege más al inquilino que al propietario.

El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

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El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

​

La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

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La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Si, se trata de un problema de oferta y demanda. La demanda de supera a la oferta, por eso los precios están disparados.

¿Quien controla el suelo? El Estado
¿Quien se apropia de las plusvalías? El suelo supone entre el 30% y el 50% del coste de las nuevas viviendas
 
Si lo cuentas por números de arrendadores sí parece un palabro. Si lo cuentas por número de viviendas la cosa cambia.

En Madrid, Barcelona o Málaga los fondos y grandes tenedores concentran carteras enteras de edificios. Además, aunque sean un 10% su poder de fijación de precios es mucho mayor, dado su tamaño y que compran por segmentos. El 10% de los caseros controla el 8% del parque inmobiliario, y en zonas tensionadas (y subiendo)

Si tienes 10000 viviendas en Barcelona tienes un poder de negociación inmenso. El pequeño propietario solo tiene poder de mercado: acepta el precio que le marca la zona. De ahí la inflación se va extendiendo a todo el stock.
¿Edificios de viviendas o de oficinas?
Si controlar el 10%, quiere decir que no controlar el 90% del mercado
Inmobiliario engloba viviendas, oficinas y locales comerciales
 
el 60,8% restante corresponde a multiarrendadores, casi nada. Eso denota una concentración muy alta. La cuestión no es donde ponemos la etiqueta gran arrendador o pequeño arrendador, sino cómo impacta en los precios. La concentración tiene un papel, pero el problema de fondo viene por la falta de oferta que favorece esas rentabilidades. De ahí la necesidad de parques públicos de vivienda de alquiler.
La falta de oferta y el gran aumento de demanda, propiciado por la inmi gración.
 
Es decir, si desaparecen los primeros desaparece el 60% de la oferta de alquiler


Mas básico comer, y los alimentos son una mercancía.


Especulativo para el Estado, que es el que limita el terreno urbanizable y cobra licencias


Con las regulaciones actuales consiguen el efecto sea especulación


Mentira, ofreció varios alquileres antes del lanzamiento. Han llegado a un acuerdo.
Falso también, la ley protege más al inquilino que al propietario.


Si, se trata de un problema de oferta y demanda. La demanda de supera a la oferta, por eso los precios están disparados.

¿Quien controla el suelo? El Estado
¿Quien se apropia de las plusvalías? El suelo supone entre el 30% y el 50% del coste de las nuevas viviendas
Efectivamente, el Estado, con sus planteamientos urbanos y otorgándose la calificación del suelo, es cómplice y receptor de la especulación. Sorprendente postura del régimen comunista.
 
Tan simple como tener claro tres puntos:

1. Los únicos culpables son los políticos, ni caseros ni inquilinos.
2. La solución es crear vivienda y bajar o quitar impuestos a las familias.
3. Todo lo que hagan o digan que no sea esto, es mentira.
Desincentivar la vivienda como inversión con impuestos respetables y bajar la demanda con inmi gración restrictiva.
 
La solución para salvar la vivienda. la sanidad, los servicios publicos de los especuladores, ya existe, la tomo Belgica: aprobando una Ley que limitaba los baneficios de los fondos buitre:

. Inspiración para colectivos de vivienda (El "Modelo Belga")
Asociaciones por el derecho a la vivienda y plataformas sociales (como la FRAVM en España) utilizan el precedente belga como el argumento definitivo: si es legalmente posible limitar las ganancias abusivas de un fondo cuando ataca a un Estado, también debería serlo cuando ataca el derecho a la vivienda de las familias. Exigen aplicar el principio de "no poder reclamar más de lo que el fondo pagó por adquirir esa deuda" al ámbito hipotecario e inmobiliario. [1, 2, 3]

3. Presión política en el Parlamento Europeo
A raíz de que el Tribunal Constitucional belga blindara esta ley frente a las demandas de los fondos de inversión, el Parlamento Europeo aprobó resoluciones instando al resto de los países de la Unión a adoptar leyes similares. En debates parlamentarios europeos, los partidos alineados con la regulación de la vivienda utilizan la norma belga como ejemplo técnico de que se puede frenar la especulación financiera en sectores estratégicos (como la vivienda o la sanidad) sin desestabilizar la economía jurídica
 
Mentiras. El diario.es, alineado con Sánchez, informa sobre el parque de viviendas de alquiler. La gran mayoría de particulares:
(adjunto visible para usuarios registrados) 12% del total del alquiler a empresas incluido el mercado irregular. El 44,5,% a caseros con una vivienda en alquiler. 18,3% a caseros con dos viviendas en alquiler. 8,6 % a caseros con tres viviendas en alquiler. O sea: Más del 70 % de los ingresos por alquiler van a hogares de personas con tres o menos viviendas en alquiler. Si se inventa la palabra multipropietario para demonizar, al que tiene dos y tres viviendas en alquiler se le mete con las empresas y salen las cuentas, pero recordemos que son FAMILIAS que tienen dos o tres viviendas en alquiler.
 

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Hay que enseñar la ley de oferta y demanda en la escuela.
También hay que explicar que robando las viviendas existentes no hay suficientes para 50 millones de habitantes y aumentando en 500k habitantes al año...
Entonces, como la población va a seguir aumentando y no son ricos la mayoría, es impepinable que se necesita construir vivienda barata...
Lo he explicado muchas veces, no se va a construir vivienda barata, gobierne quien gobierne. En este país el depósito de valor es el LADRILLO, para que ese ladrillo siga manteniendo e incrementando su valor es necesario que sea un bien escaso e inaccesible. Toda la clase media es propietaria, sean de izquierdas o de derechas, así que en el fondo ningún partido va a solucionar nada, especialmente porque muchos políticos de todos los colores tienen su capital en forma de tochos. Conforme los boomers vayan falleciendo, todas esas propiedades irán pasando a sus herederos, incluidos quienes se manifiestan. Y cuando hereden serán los primeros que no querrán que baje nunca la vivienda. Además no hace falta hacer vivienda social, nuestro gobierno lo que ha hecho es permitir la ocupación de facto para los de fuera, con lo de que te puedes empadronar en una vivienda ocupada, no te puedan sacar si eres familia vulnerable etc etc. Para los autóctonos es casa paterna hasta heredar, "red de apoyo familiar" lo llaman, cosa que el forastero desarraigado no tiene por eso lo dejan ocupar. Está todo calculado y estamos asistiendo a otra farsa u operación psicológica igual que otras campañas.
 
La verdad es que si la gente tuviera claro la causa del problema no se haría una manola mentales.

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¿No os cansáis los defensores de esta tesis de posponer eternamente el colapso petrolero? Ánimo, se puede salir de esa mentalidad, te lo dice uno que ha cambiado de opinión.
 
Para nada, el parque de vivienda en alquilar según los datos esta en manos de pequeños propietarios en alrededor y dependiendo de quien te de los datos te dice que el parque controlado por pequeños varia entre el 80 % y el 90 % ...

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Pero no te preocupes que no tardaréis en disfrutar lo que tanto deseáis ... Cuando tengas a una empresa en lugar de a Manolo vas a ver que el trato será distinto ... Cada reparación la tendrás que pelear y como tengas un problema económico eso de pedir un retrat así como así ... las empresas tienen sus abogados y estan preparadas para luchar por el último centimo del beneficio legal que les corresponda sacandote el último duro de la última reparación y del último coste de la fianza.
Mentira, y de las grandes.
 
Para nada, el parque de vivienda en alquilar según los datos esta en manos de pequeños propietarios en alrededor y dependiendo de quien te de los datos te dice que el parque controlado por pequeños varia entre el 80 % y el 90 % ...

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Pero no te preocupes que no tardaréis en disfrutar lo que tanto deseáis ... Cuando tengas a una empresa en lugar de a Manolo vas a ver que el trato será distinto ... Cada reparación la tendrás que pelear y como tengas un problema económico eso de pedir un retrat así como así ... las empresas tienen sus abogados y estan preparadas para luchar por el último centimo del beneficio legal que les corresponda sacandote el último duro de la última reparación y del último coste de la fianza.
 
El caso Maricarmen no es una anécdota: es la punta del iceberg de un modelo de vivienda diseñado para la extracción de rentas, no para garantizar el derecho a techo.

Los que se movilizan en las acampadas y en las protestas por la vivienda son un sector relativamente minoritario: jóvenes universitarios de entornos urbanos, cercanos al activismo, que sí padecen el problema, pero que no tienen fuerza suficiente para propiciar un cambio de ciclo dada la estructura social y propietaria de España.

En la España interior y norteña, la propiedad es la viga que sostiene la sociedad y está arraigada en una clase media que, con frecuencia, simpatiza con Vox. Allí la vivienda no es solo una renta: es el ahorro de generaciones, un contrato social, el sentido del esfuerzo de toda una vida. El desarrollismo franquista creó una base social afín y dinamitó cualquier movimiento popular con el "pisito". Y aquí seguimos: hereda o muere.

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El 73% de los españoles son propietarios de su vivienda, pero el 61% del mercado del alquiler pertenece a multiarrendadores y personas jurídicas, que son los que realmente dominan el sector. Solo cuatro de cada diez viviendas en alquiler pertenecen al pequeño casero con una única vivienda alquilada.

Así que la excusa del pequeño propietario no es más que el valladar con el que la derecha blinda a los especuladores. Igual que cuando se rescató a la banca en la crisis de 2008 con el argumento de "proteger al pequeño ahorrador", lo que se protegía era a los grandes tenedores de activos tóxicos.

El "ataque a la clase media" es una inversión de la realidad​

Hablar de "ataque a la clase media" es una contradicción evidente, habida cuenta de que es precisamente haber hecho de un bien básico una mercancía lo que impide el acceso de la población a esa clase media.

La comida y la bebida son bienes básicos, pero se pueden producir en serie. La construcción, por sus propias características, es limitada por el terreno: solo hay un Sol, un Lavapiés, un Villaverde Bajo o un Sacedón. Con lo cual el suelo urbano es estructuralmente especulativo. La solución desreguladora liberal es echarle fuego a promotores y al negocio turístico internacional, y convertir el suelo en una reserva de valor como el oro a costa de la población. Activo que encima se hereda, afianzando la desigualdad social.

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La Constitución dice en su artículo 47 que los poderes públicos "regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación" y que "la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística". Es un mandato explícito. Pero es un principio rector, no un derecho subjetivo exigible. La propiedad privada (artículo 33) tiene protección reforzada. Cuando ambos entran en conflicto, el ordenamiento se inclina sistemáticamente hacia el propietario.

Por eso el caso Maricarmen es posible: una anciana de 87 años con discapacidad es desahuciada de la casa donde vivió 70 años por un fondo que compró el edificio a precio de saldo y se negó a cualquier negociación. La ley protege al fondo; la anciana solo tiene la calle.

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La vivienda es hoy el principal teatro de la lucha de clases en España. No se trata de un problema de oferta y demanda, sino de quién controla el suelo, quién se apropia de las plusvalías y quién legisla para proteger a los grandes tenedores.

Mientras el 61% del alquiler esté en manos de multiarrendadores y fondos, mientras el artículo 47 siga siendo papel mojado y mientras la clase media propietaria siga identificando su patrimonio con el orden social, el cambio de ciclo será imposible. La solución no es liberalizar más suelo ni proteger al "pequeño casero", sino cambiar el sistema de raíz, para que el centro de la vida no consista en vivir atados al banco para pagar un montón de ladrillos que no valen lo que cuestan. Es construir un parque público de vivienda en alquiler permanente, expropiar o nacionalizar las carteras de los grandes tenedores y sacar el suelo del mercado especulativo.

Eso no es un ataque a la clase media. Es la única forma de que la clase media siga existiendo
Es la España Sureña y Levantina la que ha aupado a Vox y lo apoya mayoritariamente.

Fuente: cualquier proceso electoral que se te ocurra de la última década.
 

Claro que fracasará. Cuando el Caudillo se lió a hacer casas para que todo el mundo fuera propietario y para que así se asentara esa idea penalizó los alquileres con leyes draconianas, lo tenía muy claro. El español que tiene su casa asegurada y suya no puede ser tan fácilmente manejado por los titiriteros de la política que en definitiva son los oportunistas y es más impermeable a los saqueos y presiones por parte de Gobiernos injustos. La España atrasada, de siervos de la gleba que no poseen la choza en la que viven y eso los hace vulnerables, dependientes y por tanto manejables a la que aspira la izquierda radical no va a volver por mucho que se empeñen. En cuanto haya un gobierno firme que ponga orden en el tema migratorio, de las herencias, de la tributación, del suelo y empiece a construir, no digo que en plan orate, simplemente ir dando pasos, todo el tinglado este de mutación social forzada que se traen entre manos se va al malos. Lo saben y por eso están como están. No les quedan ya ni tiempo ni opciones.
 

Cayó la demanda porque subió el precio del dinero y la gente quedó atrapada sin poder pagar su vivienda. La consecuencia como tú dices fue la bajada de la demanda y la subida de la oferta. La tormenta perfecta. Hubo auténticos chollos porque los bancos no sabían que hacer con tanto ladrillo
 

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