Acampada por la vivienda en Sol se estira a Callao con la UIP en la zona
¿Cuántos manifestantes hacen falta para que Madrid mande a sus antidisturbios a la Puerta del Sol? La protesta por la vivienda volvió a concentrarse en el kilómetro cero de la capital y, junto a los congregados, la Policía Nacional desplegó a la UPR y a la UIP, que tomaron posiciones tanto en Sol como en los aledaños del Congreso de los Diputados. El Sindicato de Inquilinos, por su parte, decidió ampliar la acampada hacia Callao. Nadie ha hablado todavía de cargas.
Un despliegue policial para una acampada que no llena la plaza
La primera contradicción salta a la vista: la parafernalia policial es de operación grande y los concentrados, según quienes siguen la protesta de cerca, son un grupo reducido y no miles. Hay quien describe a los acampados como un grupo de jóvenes, con más mujeres que hombres, y sostiene que sin las cámaras delante desde el primer minuto no habrían plantado una tienda en Sol. La comparación con el
15M aparece una y otra vez, aunque con un matiz: quien vive en la zona asegura que esto está más controlado que entonces, y que también lo vivió en primera fila.
El dilema de cargar: cuándo una porra vale más que un desalojo
Aquí está el nudo del asunto. Una intervención contundente convertiría una acampada modesta en escaparate y daría a los convocantes la imagen de drama que, según algunos de los comentarios, buscan. La presencia de la UIP junto al Congreso funciona a la vez como disuasión y como aviso. De momento no hay constancia de enfrentamientos, y varios comentarios sostienen que no los habrá salvo que alguien los provoque para escalar el conflicto. Es el juego de siempre: la policía espera, los convocantes también.
¿Quién está detrás de la acampada por la vivienda?
Las críticas se dirigen menos a la demanda —la vivienda es cara, y eso no lo discute nadie— que a quienes la capitalizan. Desde sectores críticos se argumenta, sin aportar pruebas, que los convocantes responden a estructuras vinculadas a partidos de izquierda y a
chiringuitos sostenidos con dinero público, y se recuerda que el descontento de fondo es real: jóvenes con sueldos que no llegan ni a la entrada de una hipoteca. Informaciones publicadas han puesto el foco en el origen acomodado de alguno de los portavoces del sindicato, criado en un barrio de renta alta y con familia vinculada a la élite jurídica y política del país. Que el mensaje sea legítimo no lo vuelve espontáneo.
Euskadi y Sevilla también salen a la calle
La protesta no es solo madrileña. En Euskadi se convocó una manifestación por una vivienda digna y en Sevilla se repitieron las concentraciones por el mismo motivo. La coincidencia de convocatorias en varias ciudades es el dato que unos leen como fuerza del movimiento y otros como prueba de que hay una estructura detrás moviendo los hilos.
Con la UIP plantada en Sol y las tiendas camino de Callao, la pregunta ya no es si hay motivos para protestar. Es cuánto aguanta el pulso sin que a alguien le tiente la foto.