Creo que estamos bastante de acuerdo en el diagnóstico de algunos desequilibrios, pero seguimos discrepando, al menos en parte, en algo fundamental: tú interpretas su evolución como la confirmación de un desenlace inevitable, mientras que yo creo que todavía faltan demasiadas variables por resolver para llegar a esa conclusión.
Por ejemplo, cuando hablas de una deuda mundial que ha pasado de 317 a 365 billones de dólares, evidentemente estamos hablando de cifras enormes y de un crecimiento preocupante, incluso alarmante si solo leemos los números y no lo que hay tras ellos.
Pero hay una variable que creo que no estás considerando suficientemente: la inflación y su efecto sobre el valor real de esa deuda.
Una deuda de 100 contraída hace veinte años no representa necesariamente la misma carga económica que una deuda de 100 hoy. Si durante ese tiempo han aumentado los precios, los ingresos nominales y la capacidad productiva, el peso real de aquella obligación puede haberse reducido considerablemente.
Y esto no es una hipótesis teórica. Es precisamente uno de los mecanismos que históricamente han permitido reducir el peso relativo de determinadas deudas, y tú mejor que nadie lo sabes, pues entiendes de inversiones especulativas y activos valor mejor que muchos de los que participan por aquí y se consideran expertos.
De hecho, resulta interesante que, mientras la deuda mundial nominal ha seguido batiendo récords, su proporción respecto al PIB mundial haya descendido desde los máximos alcanzados durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo. Eso no elimina el problema, pero demuestra que ambas magnitudes no evolucionan necesariamente en paralelo.
Por tanto, la pregunta no es solamente cuánto aumenta la deuda, sino cuánto aumenta respecto a la riqueza y los ingresos que permiten atenderla.
Y aquí volvemos a la productividad que te mencioné antes.
Si la economía consigue generar más riqueza por trabajador, por unidad de energía y por unidad de capital, el volumen de obligaciones que puede sostener también cambia.
Naturalmente, si el endeudamiento aumenta indefinidamente por encima de la capacidad de generar ingresos y los intereses se encarecen, acabaremos teniendo un problema muy serio, y aquí entra tu visión del tema. Eso no lo discuto.
Lo que cuestiono es que estemos condenados a seguir necesariamente esa trayectoria.
También me parece discutible identificar automáticamente crecimiento exponencial de la deuda con hiperinflación.
El PIB nominal, los ingresos empresariales y muchas otras magnitudes económicas también pueden crecer de forma compuesta durante décadas. Lo determinante es su relación con el resto de variables, no simplemente la forma ascendente de una curva.
Y la hiperinflación no es el resultado automático de cualquier expansión monetaria o del endeudamiento. Requiere unas condiciones de pérdida de confianza y descontrol monetario y fiscal mucho más específicas. ¿Llegaremos a ellas o se darán de manera incondicional y de manera inevitable?
Además, aumentar deuda y aumentar masa monetaria no son exactamente lo mismo.
Por otra parte, si aceptamos que el sistema necesita transformarse para superar sus limitaciones energéticas, demográficas y productivas, tendremos que aceptar también que esa transformación exige inversiones enormes.
Por un instante hazte también esta pregunta: ¿Qué sería más peligroso, asumir los riesgos de financiar esa transformación o renunciar a ella porque el endeudamiento actual ya nos parece excesivo?
No tengo una respuesta definitiva, pero tampoco creo que pueda descartarse que una parte importante de la deuda actual esté financiando capacidad productiva futura... no me fío demasiado de los oligopolios, ni de los gobiernos occidentales que nos manejan, sin embargo tampoco creo que les interese financiar su propia perdición irreversible de manera consciente.
Evidentemente habrá inversiones equivocadas, proyectos ruinosos y excesos especulativos. Pero también puede haber inversiones que dentro de veinte años resulten extraordinariamente rentables.
En cuanto a los conflictos geopolíticos y la competencia por los recursos, comparto tu preocupación. Pero tampoco creo que podamos deducir de ellos un calendario económico inevitable.
Lo que me cuesta aceptar es ese carácter irreversible que atribuyes a todo el proceso.
Porque si admitimos que nadie tiene una bola de cristal, también debemos admitir que no conocemos todavía la magnitud de los cambios tecnológicos, energéticos y productivos que pueden producirse durante las próximas décadas... ¿será todo un gran problema que nos acabará ahogando?... Esperemos que no, pero ya no está en nuestras manos (me refiero a ti o a mí)
Y esos cambios pueden modificar sustancialmente tanto la demanda de determinados recursos como nuestra capacidad para atender la deuda acumulada.
Quizá tengamos por delante una crisis importante. No lo descarto en absoluto.
Pero también es posible que estemos interpretando los costes financieros de una transformación económica gigantesca como si fueran exclusivamente los síntomas terminales de un sistema agotado.
Probablemente haya algo de ambas cosas.
Por eso, más que discutir si la deuda mundial ha alcanzado una cifra históricamente elevada, que es evidente, creo que deberíamos preguntarnos qué parte de esa deuda está financiando consumo improductivo y qué parte está contribuyendo a generar la riqueza futura necesaria para sostenerla.
Porque no son lo mismo, y eso es el quid de la cuestión.
Y, sobre todo, distinguir entre que una trayectoria económica sea peligrosa y que su desenlace sea matemáticamente inevitable.
Una función exponencial puede describir la evolución de una magnitud, pero no demuestra por sí sola la insolvencia del sistema que la genera. Para eso necesitamos conocer también cómo evolucionan sus ingresos, su productividad y sus costes de financiación.
Ahí es donde creo que tu escenario sigue dejando demasiadas incógnitas abiertas como para dar por anunciado el colapso. De todos modos, entendamos que la economía global es un ente dinámico, y anticipar algo es probable pero acertar o incluso tratar de evitar un desenlace es más costoso que el propio desenlace.
Veremos si estimularnos en exceso termina por infartarnos o logramos controlar esa fuerza relativa sustentada en dudas y deudas. Lo veremos desde la barrera y trataremos de estar preparados en la medida de lo posible... siempre y cuando sigamos por aquí cuando suceda, claro está.
Un saludo y dejo los tochos por hoy.