La España de Sánchez.
La economía española atraviesa un buen momento. Lo respaldan los datos del PIB y del paro... pero no las cuentas de los hogares. No poder ir de vacaciones al menos una semana al año, no poder matener la casa a temperatura adecuada o no poder sustituir muebles estropeados. Son indicadores de carencia material y social severa, una cifra que alcanza al 8,1% de la población en España y que ha escalado en la última década desde el 7,4% en 2015. Así lo señala Funcas en su análisis a los datos de Eurostat, que concluye en que la expansión de la economía no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida.
España es, de hecho, uno de los pocos países de la UE en la que la privación severa ha empeorado en la última década. Mientras la media europea caía del 9,7% en 2015 hasta el 6,3% en 2025, el país avanzó de un lugar intermedio -decimoquinto con una tasa inferior a la media- a la quinta posición el año pasado. A pesar de no tener una tasa inicial baja -como el resto de la mayor parte de Europa del sur-, se une a los países en su mayoría de Europa central (Alemania, Austria, Francia, Luxemburgo)y los tres nórdicos donde se registraron aumentos o estabilidad en la tasa.
El caso español destaca, sobre todo, porque la situación de privación material y social severa afecta en mayor medida a los hogares en los que viven menores de 16 años. En concreto, en 2025, estos indicadores se situaron por encima de la media, en el 8,5% el de carencia únicamente material -frente a una media del 7,6%- y en el 10,7% de carencia material y social, que incluye seis privaciones individuales y sociales, como poder permitirse reuniones sociales, poder participar de forma regular en actividades de ocio o poder sustituir la ropa estropeada por otra nueva.
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Carencia material y carencia material y social
Funcas incluye esta distinción a propósito de un cambio en las estadísticas de Eurostat. Los dos indicadores difieren en las privaciones que consideran y en el umbral que determina el carácter severo. El indicador anterior y el que sigue publicado el INE -de carencia material- exigía acumular al menos cuatro carencias de una lista de nueve, mientras el actualizado por Eurostat -de carencia material y social (CMS)- eleva ese umbral a siete de 13 y elimina elementos que habían perdido capacidad para distinguir situaciones de privación por su escasa incidencia, como no poder comprar un móvil o televisión en tonalidad. "Preferimos tener ambos en cuenta en el análisis porque nos ofrece una perspectiva más completa, y correcta, para entender la evolución de la situación de la población más vulnerable en los últimos tiempos", explica el think tank.
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De regreso a los datos, aunque en 2015 España destacaba por la segunda sobretasa (150%) de privación de los menores -solo inferior a la eslovena (157%)-, en 2025 la sobretasa española (132%) ya no destaca tanto y ocupa la décima posición, no muy lejos de la media europea (129%). Sin embargo, Funcas matiza que la mayoría de los países con sobretasas superiores a la española tienen índices generales relativamente bajos, mientras que España tiene uno alto de por sí. Este dato de la sobretasa indica cuántos puntos por encima o por debajo de la media nacional se sitúa la pobreza de un grupo de edad concreto, siendo más de 100% que ese grupo sufre mayor privación que la media del país y menos de 100% una ventaja relativa.
El segmento adulto y laboralmente activo de la población, que incluye a quienes tienen entre 30 y 64 años, registra tasas de privación severa similares a la media en ambos indicadores. En concreto, el año pasado fue de 8% en carencia material, mientras que de material y social llegó al 8,8%. Del otro lado, el tramo de edad de 65 años o más es el que mejores datos tiene, al caer un 4,7% en 2025, por debajo de la media general. De hecho, para el think tank, este es el mejor ejemplo para evaluar la evolución del indicador. Y es que entre 2015 y 2018, mientras la economía española crecía, la carencia material y social de los mayores de 65 años se duplicó del 3,5% al 8,1%. Algo que el estudio vincula a la etapa en que las pensiones solo se revalorizaban un 0,25% anual y convivían con un IPC de 2%, lo que se tradujo en una pérdida directa del poder adquisitivo y recortes en gastos cotidianos. Esto no ocurrió, por ejemplo, entre 2014 y 2016, cuando la inflación fue nula o negativa y no provocó una pérdida real de capacidad de compra. Cuando se abandonó la regla del 0,25%, la sensación de aprieto económico disminuyó hasta el porcentaje de carencia material y social actual.
La economía española atraviesa un buen momento. Lo respaldan los datos del PIB y del paro... pero no las cuentas de los hogares. No poder ir de vacaciones al menos una semana al año, no poder matener la casa a temperatura adecuada o no poder sustituir muebles estropeados. Son indicadores de carencia material y social severa, una cifra que alcanza al 8,1% de la población en España y que ha escalado en la última década desde el 7,4% en 2015. Así lo señala Funcas en su análisis a los datos de Eurostat, que concluye en que la expansión de la economía no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida.
España es, de hecho, uno de los pocos países de la UE en la que la privación severa ha empeorado en la última década. Mientras la media europea caía del 9,7% en 2015 hasta el 6,3% en 2025, el país avanzó de un lugar intermedio -decimoquinto con una tasa inferior a la media- a la quinta posición el año pasado. A pesar de no tener una tasa inicial baja -como el resto de la mayor parte de Europa del sur-, se une a los países en su mayoría de Europa central (Alemania, Austria, Francia, Luxemburgo)y los tres nórdicos donde se registraron aumentos o estabilidad en la tasa.
El caso español destaca, sobre todo, porque la situación de privación material y social severa afecta en mayor medida a los hogares en los que viven menores de 16 años. En concreto, en 2025, estos indicadores se situaron por encima de la media, en el 8,5% el de carencia únicamente material -frente a una media del 7,6%- y en el 10,7% de carencia material y social, que incluye seis privaciones individuales y sociales, como poder permitirse reuniones sociales, poder participar de forma regular en actividades de ocio o poder sustituir la ropa estropeada por otra nueva.
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Carencia material y carencia material y social
Funcas incluye esta distinción a propósito de un cambio en las estadísticas de Eurostat. Los dos indicadores difieren en las privaciones que consideran y en el umbral que determina el carácter severo. El indicador anterior y el que sigue publicado el INE -de carencia material- exigía acumular al menos cuatro carencias de una lista de nueve, mientras el actualizado por Eurostat -de carencia material y social (CMS)- eleva ese umbral a siete de 13 y elimina elementos que habían perdido capacidad para distinguir situaciones de privación por su escasa incidencia, como no poder comprar un móvil o televisión en tonalidad. "Preferimos tener ambos en cuenta en el análisis porque nos ofrece una perspectiva más completa, y correcta, para entender la evolución de la situación de la población más vulnerable en los últimos tiempos", explica el think tank.
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De regreso a los datos, aunque en 2015 España destacaba por la segunda sobretasa (150%) de privación de los menores -solo inferior a la eslovena (157%)-, en 2025 la sobretasa española (132%) ya no destaca tanto y ocupa la décima posición, no muy lejos de la media europea (129%). Sin embargo, Funcas matiza que la mayoría de los países con sobretasas superiores a la española tienen índices generales relativamente bajos, mientras que España tiene uno alto de por sí. Este dato de la sobretasa indica cuántos puntos por encima o por debajo de la media nacional se sitúa la pobreza de un grupo de edad concreto, siendo más de 100% que ese grupo sufre mayor privación que la media del país y menos de 100% una ventaja relativa.
El segmento adulto y laboralmente activo de la población, que incluye a quienes tienen entre 30 y 64 años, registra tasas de privación severa similares a la media en ambos indicadores. En concreto, el año pasado fue de 8% en carencia material, mientras que de material y social llegó al 8,8%. Del otro lado, el tramo de edad de 65 años o más es el que mejores datos tiene, al caer un 4,7% en 2025, por debajo de la media general. De hecho, para el think tank, este es el mejor ejemplo para evaluar la evolución del indicador. Y es que entre 2015 y 2018, mientras la economía española crecía, la carencia material y social de los mayores de 65 años se duplicó del 3,5% al 8,1%. Algo que el estudio vincula a la etapa en que las pensiones solo se revalorizaban un 0,25% anual y convivían con un IPC de 2%, lo que se tradujo en una pérdida directa del poder adquisitivo y recortes en gastos cotidianos. Esto no ocurrió, por ejemplo, entre 2014 y 2016, cuando la inflación fue nula o negativa y no provocó una pérdida real de capacidad de compra. Cuando se abandonó la regla del 0,25%, la sensación de aprieto económico disminuyó hasta el porcentaje de carencia material y social actual.