sociedadponzi
never settle
una gran parte de los consumidores de internet son de países en desarrollo, y eso influye en los productos a ofrecer
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

Ese 20% es un 20%. Y si no es ese porcentaje, será siempre una minoría. No depende de cuánto te esfuerces, depende de la suerte. Si al universo no le da la gana que lo consigas, no lo vas a conseguir por mucho que te esfuerces. No hay pastel para todos. Te recomiendo leer ¿Existe la suerte? de Nassim Nicholas Taleb.Otro que confunde una regularidad estadística aproximada con una ley universal de la naturaleza. El principio de Pareto no dice que el 20 % tenga que triunfar y el 80 % fracasar. Y, sobre todo, no dice absolutamente nada sobre lo difícil que resulta pasar de un grupo al otro.
Ese 20 % puede estar al alcance de cualquiera con un mínimo de iniciativa o exigir un esfuerzo extraordinario. Pareto no fija criterios de entrada, no mide la dificultad ni condena a nadie a permanecer en ningún grupo. Como mucho, describe una distribución, no tu destino.
Pero sigue con el "es así y punto", que convertir una observación estadística en una sentencia divina tiene muchísimo mérito. Sobre todo cuando no se ha entendido ni la observación.
Aquí el que sigue sin entenderlo eres tú, que no dejas de insistir en la dificultad de entrar.@teperico
Sigues sin entenderlo. Pareto describe cómo se distribuyen ciertos resultados, no quién tiene derecho a conseguirlos. No establece la dificultad de entrar en ese 20 %, ni impide que cambien sus integrantes, ni dice cuánto puede ganar el 80 % restante. Hasta podríamos ser todos millonarios y seguir teniendo una distribución 80/20.
Y tú, incapaz de entender algo tan elemental, concluyes que todo depende de la suerte y de la voluntad del universo. Has convertido la estadística en astrología.
Lo de recomendar a Taleb mientras exhibes semejante analfabetismo matemático es el remate perfecto.
Meter palabras malsonantes en un texto hecho por IA no hace que merezca ser leído.Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?
(adjunto visible para usuarios registrados)
Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.
Y encima presumen.
«Yo trabajo doce horas al día».
Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.
Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.
No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.
Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.
Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.
Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.
Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.
Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.
Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.
Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.
Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.
¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?
Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.
Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.
Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.
Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.
Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.
Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.
5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.
No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.
Pero la diferencia fundamental es brutal:
El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.
Eso se llama escalabilidad, no magia.
Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.
Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.
O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.
La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.
Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.
Y ahora viene la paradoja más llamativa.
Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.
Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.
Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.
La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.
- Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
- Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
- Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
- Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
- Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.
Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.
El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.
Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.
Y presumiendo de trabajador.
Como el burro de la noria.
El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
¿Conoces el juego Eve Online? Es quizá uno de los mejores simuladores económicos del mercado. Echate un mes jugando y busca oportunidades de negocio..Al final acabas en tu nave minera haciendo 500.000 isk por viaje de media hora.Pues estupendo, figura. Si vives muy bien y disfrutas de tu trabajo, enhorabuena. ¿Quién te ha dicho que tengas que dejarlo?
Lo curioso es que ahora me exijas montar un negocio rentable delante de tus narices para demostrarte que existe demanda de software y servicios digitales. Menudo comité de inversiones tenemos en el foro.
La demanda se valida encontrando clientes dispuestos a pagar, no consiguiendo tu bendición.
Y lo del humo tiene gracia. Te explico cómo funciona un modelo de negocio y me exiges una demostración personal de rentabilidad. Para hablar de fútbol también habrá que haber ganado tres Champions.
Aciertas en que mi talento económico deja mucho que desear.Tienes una capacidad notable para convertir cualquier avance tecnológico en una catástrofe económica.
Tu error es bastante elemental: confundes poder fabricar algo con que resulte económicamente rentable fabricártelo tú mismo.
Pepito puede desarrollar su propio software, claro. Pero tendrá que dedicar tiempo a entender el problema, probarlo, corregir errores, mantenerlo y asumir los riesgos. Si comprar una solución le cuesta menos que todo ese tinglado, la comprará. Se llama coste de oportunidad. Economía de primero.
Y aquí viene lo que se te escapa: la competencia destruye los márgenes de los productos indiferenciados, pero deja espacio para quienes resuelven problemas específicos mejor o más barato. Por eso existen miles de empresas especializadas conviviendo con gigantes como Microsoft.
Además, olvidas algo fundamental: el mercado del software tampoco es una tarta de tamaño fijo. Cuando desarrollar soluciones resulta más barato, aparecen aplicaciones y clientes para los que antes ni siquiera compensaba producirlas.
¿Que muchos negocios fracasarán? Por supuesto. ¿Que habrá saturación? En determinados segmentos, inevitablemente.
Pero lo de llegamos tarde, está todo saturado no se sostiene. Has declarado agotado un mercado en plena transformación sin molestarte siquiera en identificar un nicho.
Con esa clarividencia habrías visto nacer Internet y recomendado seguir mandando faxes porque ya existían demasiadas páginas web.
El derrotismo tiene un talento económico extraordinario: detectar el futuro y declararlo arruinado antes de intentar venderle nada a nadie.
Eso hacía mi ex jefe, contratando a personas a las que pagaba los primeros meses y luego dejaba de pagarles. Total, cuando salen los juicios ya ha declarado insolvente esa empresa y tiene otra, suele tener 7 en la recámara. Paga fogasa y sigue viviendo del cuento. De vender humo se le da fenomenal. Y ahí sigue.Meter palabras malsonantes en un texto hecho por IA no hace que merezca ser leído.
Uno sólo puede enriquecerse delinquiendo, y no todos tienen contactos para no pagar multas o ir a la cárcel.