Betanzos cambia sus bancos de forja por acero y rejilla
En la plaza de la Iglesia de Santiago de Betanzos, un banco de forja fue retirado para colocar en su lugar una estructura de acero y rejilla blanca sobre verde. El cambio, impulsado por el Ayuntamiento que dirige la alcaldesa del PSdeG-PSOE, ha desatado una oleada de críticas entre vecinos y visitantes que consideran que el nuevo mobiliario urbano rompe la armonía del casco histórico. La propia regidora defendió la intervención como una apuesta por el arte y la ecoresiliencia, asegurando que el diseño «no es nada inventado» y que se inspira en el legado del arquitecto González Villar. El descontento ha llegado hasta el punto de que un grupo de residentes ha comenzado a recoger firmas para exigir la retirada de los bancos y la reinstalación de los antiguos asientos de forja.
El proyecto que la alcaldesa defiende como arte ecoresiliente
La alcaldesa de Betanzos presentó el nuevo mobiliario como una intervención pensada para conjugar modernidad y respeto por el entorno. Según sus declaraciones, el diseño «recoge ese orgullo y ese espíritu betanceiro que tenemos desde las farolas, a la barandilla, al palco de la música o las edificaciones en el casco». La regidora insistió en que los materiales elegidos —madera blanca sobre forja y verde Betanzos— responden a criterios de sostenibilidad y durabilidad, y que cualquier cambio de esta magnitud genera «dudas e incertidumbre» pero cuenta con una base histórica y cumple con los criterios de la subvención.
El argumento oficial no ha convencido a una parte importante de los residentes. Las críticas no se dirigen solo al aspecto estético, sino también a la funcionalidad. Hay quien sostiene que la rejilla se doblará y oxidará en poco tiempo, que los respaldos verticales resultan incómodos y que las patas son endebles. En un año, vaticinan, los bancos estarán deteriorados y habrá que sustituirlos, lo que supondría un doble gasto para las arcas municipales.
¿Por qué los vecinos piden volver a los bancos de forja?
La respuesta es simple: consideran que el nuevo mobiliario no encaja en un entorno gótico del siglo XV. «Son un despropósito para una calle con tanto encanto como la Rúa Traviesa. No solo no encajan, sino que parecen colocados con prisas y sin valorar el entorno», resume una de las quejas recogidas en la recogida de firmas. Los antiguos bancos de forja, argumentan, tenían un estilo intemporal que podía durar cien años sin inmutarse, mientras que los actuales, fabricados con chapa fina, estarán oxidados en menos de una década.
La controversia también ha sacado a relucir el debate sobre el uso del espacio público. Hay quien sostiene que el diseño de los nuevos bancos, con reposabrazos individuales y una mesita central, responde a una estrategia para dificultar que las personas sin hogar duerman en ellos. La arquitectura hostil, señalan, convierte el mobiliario en un elemento de exclusión más que de encuentro.
El coste político y económico de un cambio innecesario
Más allá de la estética, el asunto ha derivado en un cuestionamiento de la gestión municipal. Una corriente de opinión sostiene que este tipo de obras públicas son una excusa para el reparto de comisiones y favores. «No hay ningún criterio lógico para muchas obras, ni necesidad», señala un análisis recurrente. La idea de que un banco de fundición dura demasiado —y por tanto no permite repartir favores— se ha instalado en la conversación como una explicación cínica pero extendida.
El primer banco reventado no tardó en aparecer. La imagen de una de las nuevas estructuras ya dañada circuló rápidamente y alimentó la tesis de que el material no resistirá el uso ni la climatología gallega. La lluvia y la humedad, advierten, acelerarán la corrosión del acero y el deterioro de la madera.
Betanzos, entre la historia y la modernidad mal entendida
Betanzos no es un pueblo cualquiera. Su legado se remonta a la época romana, cuando se le conocía como Flavium Brigantium, y conserva un casco histórico con edificios góticos, farolas y barandillas que forman parte de su identidad. La leyenda incluso atribuye su fundación al caudillo celta Breogán. En 1219, Alfonso IX le concedió el título de villa y la trasladó a su ubicación actual para protegerla de los ataques vikingos. Durante el siglo XIV fue fortaleza de la familia Andrade, que dejó su huella en la arquitectura local.
En ese contexto, la sustitución de unos bancos de forja por estructuras de acero y rejilla se percibe como una agresión a la coherencia del conjunto. La comparación con otras ciudades que han sabido integrar diseño contemporáneo sin sacrificar su patrimonio es inevitable. La pregunta que sobrevuela es por qué Betanzos no ha seguido ese camino.
El dato que descoloca
Mientras el Ayuntamiento defiende la sostenibilidad y la durabilidad de los nuevos materiales, el primer banco ya ha reventado. La contradicción entre el discurso oficial y la realidad física del mobiliario es el mejor resumen de un debate que enfrenta a los vecinos con su propia alcaldesa. La recogida de firmas sigue adelante y nadie descarta que los bancos terminen en la chatarrería antes de lo previsto.