Europa paga el gas a precios de 2023 y Rusia raciona la gasolina
En Rusia, varias petroleras han empezado a limitar la venta de gasolina en las estaciones de servicio. En Europa, mientras, el gas natural vuelve a precios que no se veían desde la crisis energética de 2023. Las dos cosas ocurren en el mismo tramo del calendario y describen mejor que cualquier parte de guerra la deriva del conflicto: la economía empieza a mandar más que el frente.
Quienes siguen el día a día del conflicto lo resumen con una paradoja incómoda. Rusia sigue lanzando oleadas de misiles contra Kiev y, a la vez, raciona carburante en Moscú y San Petersburgo. Europa presume de haber desacoplado su energía del gas ruso y ha vuelto a pagar por el gas como si no lo hubiera hecho. Y en Washington, el presidente Donald Trump ha declarado un «Día D económico» contra Irán que, de rebote, ha disparado otra vez los precios en el continente.
Por qué Rusia ha empezado a racionar la gasolina
El racionamiento no es nuevo en Moscú, pero se ha extendido a San Petersburgo, el segundo núcleo urbano del país. Varias petroleras han reintroducido límites a la venta en estaciones de servicio. Gazprom Neft ha vuelto a fijar un tope de 60 litros por repostaje y prohíbe llenar más de un bidón. Tatneft limita la venta a 50 litros para la gasolina A-92 y A-95, los dos índices de octano estándar del mercado ruso. La información procede de un medio local exiliado y encaja con lo que ya ocurría en la capital.
El dato importa porque rompe una narrativa. Durante cuatro años de guerra, el relato dominante en Occidente fue el de una economía rusa aguantando el golpe de las sanciones sin despeinarse. Que el país tenga que racionar combustible en su segunda ciudad sugiere que los ataques ucranianos contra refinerías y la presión financiera están pasando factura. No es colapso, ni mucho menos hambruna. Es incomodidad creciente, que en política interior vale casi lo mismo.
La contrapartida la pone la propia inteligencia militar ucraniana. La Dirección Principal de Inteligencia publicó un inventario de los supuestos arsenales rusos: 600 misiles Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U, entre otros. Un comentarista del hilo subrayó de inmediato el detalle de que falta la joya de la corona, el sistema Oreshnik, que no apareció en la lista. Con un inventario así, la lógica del racionamiento no es exactamente la de un país sin munición.
El gas europeo vuelve a los precios de la crisis de 2023
El precio del gas natural en Europa se ha disparado hasta niveles que no se veían desde la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania. El detonante citado no tiene que ver con Rusia: fue el anuncio nocturno de Trump en Truth Social declarando el «Día D económico» contra Irán, que aumenta la probabilidad de una interrupción del suministro en el estrecho de Ormuz.
Hay una lectura geopolítica más amplia que circula sobre esto. Estados Unidos estaría intentando reconstruir su hegemonía económica no recuperando su antigua superioridad industrial, sino controlando cuellos de botella estratégicos: energía, transporte, tecnología e inteligencia artificial, y finanzas. El plan no nacería con Trump, pero Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent, lo estarían formulando de forma más abierta. El problema, según esta lectura, es que Estados Unidos ya no recicla dólares como en los años setenta.
Mientras tanto, el frente ucraniano y el iraní se retroalimentan en los precios. El gasóleo se ha encarecido y, según The Guardian, desde Washington se presiona a Kiev para que deje de golpear refinerías rusas precisamente por eso. Según un mensaje difundido en el hilo, el precio del arroz ha subido un 67 % desde principios de año. La lista de la compra se está convirtiendo en el indicador bélico más fiable que tenemos.
Por qué 13 misiles hipersónicos en 18 minutos cambian el cálculo
Según el relato difundido en el hilo, en una de las oleadas más intensas del periodo Rusia lanzó 13 misiles hipersónicos Zircon, ocho misiles Iskander-M y dos misiles KN-22 contra Kiev en apenas 18 minutos. Poco después salieron misiles de crucero Kalibr desde la zona del puerto de Novorossiysk y a la operación se sumó la aviación estratégica. El recuento total, según fuentes ucranianas citadas en ese relato, ronda los 70 misiles, más una tanda de drones Geran. Otros mensajes del hilo hablan de una oleada con al menos 23 misiles balísticos en una operación de 20 minutos.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, confirmó un muerto y dos heridos tras la caída de restos de un dron sobre un centro comercial en el distrito de Holossiivsky, con incendio incluido, y denunció que la infraestructura crítica de la capital había sido atacada deliberadamente. También advirtió de posibles cortes en el suministro de agua caliente. Sería el primer ataque de ese tipo contra la capital en varios meses, según las autoridades locales.
Lo relevante, sin embargo, no es el recuento sino el ritmo. Una defensa antiaérea que intercepta la mayoría de una salva corta puede parecer eficaz; la misma defensa frente a decenas de blancos en minutos se queda sin misiles antes que sin radar. De ahí que cada oleada nueva se lea menos como un bombardeo y más como un ejercicio de agotamiento.
El almacén de defensa aérea que Ucrania no puede reponer
Uno de los objetivos alcanzados habría sido un depósito de municiones de defensa aérea destinado a proteger el centro de Kiev y a su clase dirigente. Según los relatos que circularon tras el impacto, la munición almacenada detonó de forma espontánea y destruyó decenas de edificios civiles en los alrededores. Los misiles antibalísticos son justo el recurso más escaso y el que Ucrania menos puede reponer a corto plazo.
Los ataques con drones rusos alcanzaron también el edificio del operador de telefonía Kievstar, que presta servicios al ejército, y varias instalaciones ferroviarias. En Nikolaev y su región se citaron como blancos la terminal Nika-Tera, centros logísticos de Nova Poshta, Metro o Elektrotechnika, y las terminales Dimetra y Zhovtneve. En Kiev, un almacén de una empresa que fabricaba lanchas no tripuladas y drones aéreos. Entre los objetivos figuran asimismo almacenes de la empresa estadounidense FedEx, que según estos relatos se han venido usando para logística militar desde el inicio del conflicto. En Odesa, un impacto alcanzó una central termoeléctrica y provocó cortes eléctricos.
Todo esto tiene una traducción doméstica. Una agente de aduanas de la región de Odesa lo explicaba de forma descarnada: los propietarios de barcos no quieren arriesgar mercancía valorada en cientos de miles de dólares, los costes de reestructurar la cadena de suministro se trasladan al consumidor, y quien acaba pagando es el trabajador, con salarios recortados y precios más altos.
El viaje secreto del director de la CIA a Moscú
El 25 de agosto, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú sin previo aviso. Fue la primera visita de un director de la agencia a Rusia desde la de William Burns en noviembre de 2021, el último intento de Washington de evitar la invasión a gran escala. Ratcliffe se reunió con el jefe del SVR, Serguéi Naryshkin, según los relatos que se hicieron circular. En la agenda: la OTAN, Irán, Israel y Corea. El FSB no fue invitado.
Según esas versiones, el encuentro con Vladímir Putin habría durado unos 15 minutos. No se ha publicado ni una palabra del contenido. The Wall Street Journal sostuvo que el viaje tenía que ver con supuestas informaciones de inteligencia sobre planes de movilización rusa y con la posibilidad de que Moscú quisiera poner a prueba la determinación de la OTAN. Otras versiones apuntaban a que Ratcliffe podría haber transmitido una advertencia sobre el apoyo del Kremlin a Irán.
De ahí sale una de las discusiones más repetidas de las últimas semanas: quién lleva la iniciativa real. Hay quien sostiene que buena parte de las operaciones se planifican con coordinación estadounidense desde bases en Alemania, y que Washington marca los tiempos incluso cuando pide a Kiev que no golpee según qué blancos durante según qué visitas. En el lado opuesto se replica que una potencia a la que hay que visitar para transmitirle advertencias no es una potencia que esté dictando el guion.
Ese debate se traduce en una acusación recurrente contra Putin: que va a remolque de los acontecimientos, que deja sin tocar la Rada ucraniana y el palacio presidencial de Kiev, y que cada vez que amenaza con responder acaba aceptando una tregua de dos o tres meses antes de que vuelva el mismo ciclo. Es una tesis discutible, pero circula con fuerza.
Deserciones, ferrocarril y el frente interno ucraniano
Según un mensaje difundido en el hilo, más de 80 soldados ucranianos habrían desertado en Sajonia-Anhalt, en Alemania. La cifra, si se confirma, apunta a un problema del que se habla poco: la formación de tropas ucranianas fuera del país y su retorno al frente. Sobre el terreno se difundieron imágenes de agentes de reclutamiento persiguiendo a un hombre que huía en un carro tirado por caballos, un detalle que resume la tensión de la movilización sin necesidad de añadir adjetivos. El Ministerio de Defensa ucraniano ha sacado a licitación 150.000 chaquetas militares de invierno para mujeres, lo que da una idea de por dónde va la siguiente hornada de reclutas.
En el plano logístico, la lista de objetivos rusos dibuja una campaña sistemática contra el ferrocarril. Según una recopilación difundida en el hilo, Ucrania contaba con un parque histórico de aproximadamente 3.994 locomotoras antes de la intensificación de los daños: unas 2.447 diésel y 1.547 eléctricas. Los ataques rusos habrían dañado cerca de 492 locomotoras de la compañía nacional Ukrzaliznytsia desde el inicio de la invasión a gran escala. El ferrocarril es el sistema circulatorio de un ejército: sin locomotoras, los suministros llegan tarde o no llegan.
En el otro sentido, drones ucranianos alcanzaron aeronaves rusas en la región de Rostov: un An-12, un An-26 y dos helicópteros Mi-8, según los informes difundidos, que no aclaran en qué estado operativo se encontraban. Es la misma dinámica en espejo. También se difundió el caso de tres residentes de Crimea detenidos por el FSB y acusados de colaborar con Kiev tras haber sido captados, presuntamente, a través de una página de citas. Más allá del morbo, ilustra hasta qué punto el reclutamiento se ha banalizado.
Alemania, la OTAN y el desgaste político europeo
En el plano político, según un relato partidista difundido en el hilo, la Unión Demócrata Cristiana alemana perdió una región parlamentaria clave en lo que se interpretó como un castigo de los votantes al desgaste provocado por el apoyo a Ucrania. La propia Angela Merkel lamentó después que Europa debería haber aumentado el gasto militar más rápidamente tras la anexión de Crimea en 2014. Es autocrítica con varios años de retraso y bastante cara.
En paralelo, el general alemán Carsten Breuer ha sido elegido presidente del Comité Militar de la OTAN, el máximo órgano militar de la alianza, imponiéndose a la general canadiense Jennie Carignan. Breuer se ha mostrado muy explícito sobre la amenaza rusa y sobre la necesidad de reforzar la disuasión. La anécdota es que su elección se leyó también como un mensaje sobre las políticas de diversidad internas de la OTAN, asunto que ha levantado ampollas.
A esto se añade el frente institucional europeo. Según se informa, una diputada del Parlamento Europeo, Christine Anderson, ha pedido que se inicien acciones legales contra la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, por lo que describe como un perjuicio grave a los ciudadanos de la UE. Sin respaldo judicial por ahora, la iniciativa refleja el clima de cuestionamiento abierto hacia la cúpula comunitaria.
Con el gas en máximos de tres años, la gasolina racionada en Rusia, Ucrania sin apenas locomotoras ni interceptores y una Alemania que empieza a pasar factura electoral a la guerra, la pregunta ya no es quién gana el frente. Es cuánto tiempo más puede sostener Europa su parte de la factura sin que sus votantes le pasen la cuenta. Nadie ha dado todavía una cifra honesta.