Rusia importa gasolina y Ucrania avanza: radiografía del desgaste
¿Está atascada de verdad la ofensiva rusa o es una forma cómoda de describir una guerra que no termina? Cuatro años y medio después del inicio de la invasión, los indicadores que se cruzan en canales militares, prensa internacional y cuentas de seguimiento dibujan un frente que avanza a metros, un sistema energético ruso con agujeros a la vista y una Ucrania que ha convertido el dron en su arma principal. El país que exporta crudo a medio mundo prepara importaciones de gasolina por mar. El armamento occidental que protagonizó los titulares de 2022 —de los Bayraktar a los Storm Shadow— apenas se menciona. Y las cifras de bajas diarias se han instalado en un rango que, si se sostiene, no admite reposición posible.
¿Por qué se dice que la ofensiva rusa está atascada?
Los recuentos abiertos hablan de 483 vehículos rusos destruidos y contabilizados en una sola tanda, y de picos de bajas que superan las 800 diarias y que en varias semanas del verano se han acercado a las 2.000. Son estimaciones de partes de guerra, no certificaciones notariales, y conviene leerlas con la misma distancia con la que se leen las del otro lado.
La lógica del desgaste, sin embargo, no necesita precisión decimal: si las pérdidas superan la capacidad de reclutamiento, la reposición es aritméticamente imposible. Y el tipo de combate ha cambiado. Ya no hay columnas de blindados cruzando campos abiertos. Hay artillería escondida bajo los árboles y drones que fallan el primer impacto, se enredan en las ramas y vuelven a rematar el objetivo. La referencia que circula sobre ver de nuevo modelos del parque acorazado de la Primera Guerra Mundial es una exageración con fundamento: cada vez se documentan más vehículos de almacenamiento antiguo en primera línea.
¿Cuánto territorio ha recuperado Ucrania en el verano de 2026?
Las listas de localidades liberadas que se manejan para agosto de 2026 suman más de 745 kilómetros cuadrados y un rosario de nombres que no aparecen en los mapas de sobremesa: Tolstoi, Novokhatske, Hrushivske, Zirka, Zelenyi Hai, Piddubne, Myrne, Krasnohirske, Novohryhorivka, Stepove, Oleksandrohrad, Rybne, Ternove, Novoheorhiivka, Zaporizke.
El dato relevante no es la suma, sino dónde se produce. Alrededor de Lyman, las fuerzas ucranianas habrían cruzado el río Zherebets mientras las unidades rusas se retiraban en desorden, según el relato del bloguero militar ruso más leído, que admitió un colapso local. Que la confesión venga del lado propio es lo que da valor a la información. En paralelo, el relato oficial mantiene capturas fantasma: la misma localidad anunciada como tomada hace un año sigue siendo escenario de combates, un patrón que el propio ecosistema militarista ruso ha empezado a ridiculizar por escrito.
La guerra de los drones: del Bayraktar al dron submarino Sea Trident
Drones turcos Bayraktar, misiles Javelin, obuses Panzerhaubitze 2000 y Cesar, tanques Leopard, HIMARS, Storm Shadow. Todos fueron presentados en su momento como el arma que inclinaría la balanza. Hoy apenas se citan, y la razón no es que hayan dejado de existir, sino que el campo de batalla se ha vaciado de los objetivos para los que fueron diseñados: ya no hay grandes concentraciones de blindados ni retaguardias cómodas.
El hueco lo han ocupado aparatos baratos y numerosos. La industria ucraniana ha presentado el FP-7.x, un misil de fabricación propia pensado como alternativa asequible al interceptor Patriot, con velocidades de hasta 2.000 metros por segundo y 200 kilómetros de alcance. Y el Sea Trident, un dron submarino autónomo con 1.000 kilos de carga explosiva, capacidad de sumergirse hasta 60 metros y un alcance operativo de 3.700 kilómetros, una combinación que convierte en objetivo razonable cualquier infraestructura marítima del adversario.
La parte menos glamurosa es la logística de la guía. Según los propios blogueros rusos, los drones de ataque profundo ucranianos estarían usando la red móvil rusa para operar hasta 1.700 kilómetros dentro del país, sorteando los bloqueos activados sobre otras conexiones. Es decir: el sistema de comunicaciones del defensor se ha convertido en la antena del atacante.
También hay espacio para la picaresca de trinchera. Una mujer mayor ucraniana neutralizó un dron FPV de fibra óptica que estaba posado en el suelo retirando con cuidado el carrete de hilo, dejándolo ciego. No hizo falta derribarlo: bastó desenchufarlo.
¿Por qué escasea la gasolina en Rusia?
Porque las refinerías son el objetivo más rentable de esta guerra. Los ataques sostenidos habrían dañado cerca de un tercio de la capacidad de producción de combustible rusa, y el plan declarado es seguir hasta dejar fuera de servicio en torno al 80%. El patrón se repite: apagan el incendio en una torre de destilación y reciben otro par de drones antes de que la reparación termine.
El resultado se ve en los balances. La producción petrolera rusa caería este año a su nivel más bajo desde 2009, por agotamiento de yacimientos y falta de equipos occidentales. Cerca del 60% de los contratos de suministro de combustible en el mercado mayorista no se habrían cumplido, es decir, dos tercios del volumen que figura en las estadísticas simplemente no existe. Rusia ha suspendido exportaciones de gasolina y diésel y prepara importaciones por mar, algo impensable hace dos años. Y el negocio resultante es de manual: vender crudo con descuento a China o India y comprarles después el combustible refinado con recargo.
En el capítulo de daños concretos aparecen la planta de Novatek en Ust-Luga, atacada el 1 de septiembre de 2026 con antorchas en la unidad de hidrodescarga y en la sección de procesamiento de condensado, y el puerto de Sochi, alcanzado por drones navales que habrían tenido como objetivo el buque de suministro NEFRIT. Mientras tanto, la picaresca local ha producido su propio deporte: robar gasolina a los camiones cisterna en marcha por el método del surf.
El frente interno ruso: cuotas, hospitales y funerales discretos
El desgaste no se mide solo en el frente. Hay relatos de reclutamiento directo en hospitales de Surgut, con hombres sacados de camas para engrosar filas o despejar minas. Los reclutadores estarían siendo multados por no alcanzar sus cuotas de alistamiento, lo que revela un problema de oferta: la expectativa de acabar reventado por un dron a cambio de un estipendio modesto ha dejado de ser atractiva.
A eso se suma el ruido en la cúpula. Un excomandante de reconocimiento del batallón Sudoplatov grabó un vídeo exigiendo una reunión en directo con Putin y advirtiendo de un posible baño de sangre; el material acumuló millones de visualizaciones en horas, según las cifras que se difundieron. En el plano de los ajustes de cuentas, la explosión de una bomba oculta en un regalo durante la celebración del cumpleaños de un alto mando de las Fuerzas Aeroespaciales dejó cinco muertos y una veintena de heridos, y se ha relacionado con el entierro discreto de un teniente general ascendido apenas un año antes. Ninguna autoridad ha explicado nada.
La grieta en el relato: quien avisa de que Ucrania no gana sola
No todo el análisis disponible es triunfalista. La objeción más sólida sostiene que la resistencia ucraniana ha dependido de un esfuerzo colosal de equipo y munición occidentales, que los almacenes europeos han estado vacíos durante más de un año y que se incumplieron contratos de venta ya firmados para redirigir material a Kiev. Dicho de otro modo: las fuerzas rusas no han entrado en Kiev, pero no por incapacidad absoluta, sino porque enfrente había una movilización industrial ajena sostenida contra reloj.
Ese mismo análisis apunta a un problema de fondo del modelo occidental de armamento. Cada sistema debe cumplir dos funciones a la vez: garantizar una superioridad tecnológica y mantener la cadena de contratos millonarios. De ahí salen precios que impiden producir en cantidad y plazos que no resisten una guerra de desgaste, como se vio en episodios recientes donde la aviación estadounidense se quedó sin objetivos rentables en dos días de bombardeo.
Qué ha cambiado en cuatro años y medio
El foco se ha desplazado de la conquista territorial a la destrucción de la capacidad de sostener la guerra. El G7 ha subrayado en sus comunicados el impulso de las fuerzas ucranianas en el campo de batalla y ha comprometido respaldo adicional. En Estados Unidos, el proyecto legislativo impulsado por el senador Lindsey Graham ha salido adelante por 262 votos frente a 159, una mayoría que señala por dónde va la política de sanciones. Y en paralelo se ha abierto una competición de interceptores: Ucrania ofrece a Alemania un intercambio de misiles Patriot contra producción futura propia, señal de que la defensa aérea se ha convertido en moneda internacional.
En el terreno energético, la conclusión que más consenso genera es que Europa necesita dos cosas: autonomía de defensa y diversificación de suministro. Tener todos los huevos en la cesta del gas ruso, como Alemania, ha dejado de parecer una decisión técnica y ha pasado a ser lo que era: una apuesta.
Mientras, Bielorrusia propone pases fronterizos para que los ucranianos de la región vuelvan a recoger setas en sus bosques. Un gesto amable que no compensa el detalle de que el país que invita es el mismo que prestó su territorio para la invasión. Vender crudo con descuento para comprar después gasolina con recargo es una estrategia que solo funciona si el objetivo nunca fue ganar dinero.