España importará 18.800 trabajadores marroquíes en 2025
¿Faltan manos en España o falta voluntad para pagar las manos que ya hay? La cifra oficial es esta:
18.800 trabajadores de Marruecos llegarán a lo largo de 2025 mediante programas de migración circular, con la agencia pública marroquí
ANAPEC como mediadora. Lo anunció la ministra Elma Saiz, que calificó a esa entidad de «estratégica» para España y habló de «talento joven» formado en sus centros. Hasta ahí, el relato amable. Debajo, un mercado laboral que no termina de cuadrar.
¿Por qué se traen trabajadores con millones de parados?
La objeción que aparece una y otra vez es de aritmética elemental: si el desempleo español sigue siendo de los más altos del entorno europeo, ¿para qué importar mano de obra? Hay quien sostiene que cientos de miles de marroquíes ya residentes en España están sin trabajo y quien añade que la tasa de paro española supera a la marroquí, comparación que casi nunca se acompaña de la fuente oficial. Del otro lado pesa el argumento patronal, sin el cual la cifra no se entiende:
fresas, invernaderos y naves necesitan gente en fechas concretas y a precios que no admiten subidas.
¿Qué es la migración circular y quién garantiza el retorno?
Circular significa que el trabajador llega con un contrato ligado a una campaña y regresa a su país al terminar. Es el modelo que ya se aplica en la
campaña de la fresa de Huelva, donde el contingente se gestiona en origen y el retorno es condición del permiso. La pregunta incómoda —¿qué garantías hay de que vuelvan?— no aparece respondida en el anuncio. Quien no vuelve deja de ser circular: pasa a ser residente, y ahí entra en escena la
reagrupación familiar, el capítulo siguiente de cualquier contingente.
Dumping laboral, PIB artificial y cálculo electoral
Aquí el tono sube. Se acusa al sistema de
dumping: traer trabajadores dispuestos a aceptar condiciones que un residente rechazaría presiona los convenios a la baja. Se añade el argumento macroeconómico: si el
PIB crece con población que consume y produce, el peso de la deuda se diluye sin que mejore la productividad por hora trabajada. Y se cuela la lectura electoral, según la cual cada llegada engorda el voto de la derecha radical. Nada de eso está cuantificado, pero todo circula como sentido común.
Al final, el círculo lo cierran otros: el trabajador vuelve a Marruecos, el empresario renueva el contingente y el ministerio publica la foto. Circular, sí. Como una noria.