El IVA al 24% sobrevuela el 23-J: el precedente que condiciona todo
¿Subirá el IVA quien gane las elecciones? La hipótesis de un IVA del 24% se ha colado en el debate económico español apoyada en un precedente incómodo: Mariano Rajoy ganó en 2011 con mayoría absoluta prometiendo bajar impuestos y, según el relato que se repite, los subió a los quince días. No es un detalle menor. Quien vota convencido de que le van a bajar los impuestos suele llevarse la sorpresa después, cuando ya no hay urnas cerca.
El precedente de Rajoy: mayoría absoluta y subida en quince días
En 2011, recuerda la narrativa dominante, el PP llegó al Gobierno con mayoría absoluta y un programa de bajadas fiscales. Pocas semanas después, la promesa se dio la vuelta y Hacienda, entonces en manos de Cristóbal Montoro, aplicó subidas que nadie había votado. Ese giro alimenta hoy el miedo a un
IVA del 24% una vez pasado el 23-J. El razonamiento es simple: una mayoría absoluta da margen para cumplir el programa y para hacer justo lo contrario. Es
el día de la marmota, resumido en una legislatura.
Los más veteranos añaden matices que la consigna omite. En 2011, se argumenta,
no existía un BCE dispuesto a sostener la deuda española y el déficit rondaba el 11% del PIB. El famoso
whatever it takes de Mario Draghi llegó dos años más tarde. Bajo ese prisma, la subida no fue un capricho ideológico sino la factura de un país que nadie quería financiar. Hoy, sostiene esta corriente, el paraguas europeo cambia el punto de partida.
¿Por qué se da por hecho que el ajuste vendrá de Bruselas?
Porque el margen del próximo gobierno no empieza en La Moncloa. Se señala que el Ejecutivo saliente ha ido cerrando compromisos con la Comisión Europea, con la vicepresidenta económica Nadia Calviño al frente, en forma de corsé fiscal. Quien llegue no hereda libertad: hereda un calendario de ajustes pactado fuera de España. Y con una
deuda pública en máximos y déficit estructural, el hueco para bajar impuestos o disparar el gasto es estrecho.
La tesis que más circula resume la alternancia como un reparto de papeles: el PSOE crea impuestos y el PP los sube. Unos gastan hasta agotar el margen y otros recuperan las cuentas subiendo la presión fiscal. Presentado así, el sistema funciona como un mecanismo coordinado —el
poli bueno, poli malo de toda la vida— que siempre acaba en el bolsillo del contribuyente.
Recortar antes que gravar: la promesa que el PP repite
Frente al escenario fiscalista, otra corriente defiende que al PP esta vez le queda
mucho margen para recortar y poco para subir. El argumento se apoya en el aumento del gasto: más empleo público, subidas de pensiones y ayudas sociales que, según esta lectura, han disparado déficit y deuda. El ajuste no vendría por el IVA sino por la tijera, empezando por lo que se llama administraciones duplicadas y organismos prescindibles.
El problema es que ese recorte nunca se ejecuta o se ejecuta a medias. Se recuerda que Rajoy no despidió a un solo empleado público pese a su mayoría absoluta, y se pronostica que el próximo presidente tampoco lo hará. La conclusión, compartida por corrientes opuestas, es incómoda:
el gasto baja poco y los impuestos suben mucho, porque gravar es rápido y recortar exige un coste político que nadie quiere pagar ante las urnas.
Del «impuesto al Sol» al IGIC canario: dos caras de la política fiscal
La memoria juega un papel central. Se citan medidas como el
impuesto al Sol o el copago farmacéutico como ejemplo de que los ajustes llegan también por vías que no aparecen en los grandes titulares. En el lado opuesto, se destaca que en Canarias el PP junto a Coalición Canaria
planean bajar el IGIC, el impuesto indirecto propio del archipiélago, y eliminar la ecotasa que se pretendía implantar. Es la prueba, dicen, de que rebajar impuestos indirectos es una decisión política, no una imposibilidad económica.
Otros van más lejos y, con ironía, elevan la hipótesis hasta un IVA del 33% y una cuota mínima de autónomos de 2.000 euros. La exageración busca el efecto, pero esconde una duda real: si el marco europeo obliga al ajuste, ¿por qué unos territorios bajan tributos y otros los suben?
Madrid Central: la promesa que se quedó en campaña
Hay un caso que el intercambio usa como aviso. Se sostiene que la zona de bajas emisiones del centro de Madrid, impulsada por el gobierno municipal anterior, fue objeto de una campaña prometiendo eliminarla y que, tras la mayoría absoluta del nuevo equipo, siguió en vigor con las multas tramitándose. La lección que se extrae:
lo prometido en campaña rara vez sobrevive al primer presupuesto. Vale para un alcalde y vale, sospechan, para un presidente con corsé europeo.
Al final, entre un IVA al 24%, un IGIC que baja y un
whatever it takes que llegó tarde, lo único seguro es que alguien pagará la cuenta. Queda por ver si quien creyó en las bajadas fiscales se enterará antes o después de que se las cobren. Con estos antecedentes, fiarse de un programa electoral es un acto de fe. Y la fe, en materia fiscal, sale cara.