Arrimadas cierra su etapa política y descarta ir con el PP
Inés Arrimadas ha dejado la política. Lo ha hecho, además, rechazando el sitio que le ofrecían en las listas del Partido Popular, cuando el guion previsible apuntaba a lo contrario: recalar en el partido grande después de que el suyo se deshiciera. La noticia cae sobre Ciudadanos, un proyecto que ya solo funciona como recuerdo de lo que fue, y sobre una figura que durante años encarnó el papel de azote del independentismo catalán desde la tribuna. Su salida no tendrá acto multitudinario. Tendrá nómina y calendario.
Qué ha pasado: deja la política y dice no al PP
Dos movimientos en un mismo gesto: abandona la primera línea y descarta incorporarse a las listas populares. Para una parte de quienes han seguido el asunto, esa negativa es lo interesante, porque rompe la trayectoria habitual de quien sale por la puerta de atrás y desactiva el reproche de cambiar de chaqueta. Para otra, no hay ninguna oferta que rechazar, sencillamente porque nadie ha llamado a la puerta. Nadie discute, en cambio, que su etapa en Ciudadanos se cierra sin despedida.
¿Cuánto cobra un diputado que deja el escaño?
Circula un desglose muy concreto. Según ese cálculo, seguiría cobrando sin trabajar el sueldo íntegro hasta el
28 de julio y, a partir de ahí, el
80% del sueldo durante un mes por cada año en el cargo: eso suma
ocho meses con unos
3.000 euros netos al mes, lo que llevaría la prestación hasta el
28 de marzo de 2024. La cuenta completa, tramo a tramo, da una cifra que a más de uno le parecerá inalcanzable con su propio finiquito. La discusión sobre cuánto debe durar ese colchón después de una legislatura no es nueva, pero cada salida la reabre. El número escuece más que el cargo.
El hundimiento de Ciudadanos: de aupado por los medios a desaparecido
Aquí el desacuerdo es frontal. Una lectura sostiene que el partido no se cayó solo: lo auparon cuando tocaba frenar el
procés y lo desconectaron cuando dejó de ser necesario, con el mismo procedimiento que se aplicó a Podemos y que, vaticinan, acabará llegando a Vox cuando pierda su función de válvula de escape. Otra lectura es la inversa: se hundió por su propia hoja de ruta, por decir digo donde había dicho diego, por comportarse como un
veleta que solo marca hacia donde sopla el viento. Y una tercera, más quirúrgica, lo reduce a una pieza de laboratorio: una creación del
establishment para reconducir la política catalana que, cumplida la misión, vuelve a lo suyo. Tres relatos y un mismo final.
De Cataluña a Madrid: el reproche que sigue vivo
Es el punto donde las críticas se vuelven más concretas. Se le reprocha haber dejado Cataluña cuando las cosas se ponían difíciles, no haberse presentado a la Generalitat ni como gesto simbólico y haber vivido su etapa madrileña con perfil bajo hasta diluirse en el decorado. Las dos imágenes que más se repiten son las del florero en Madrid y la de la alumna aplicada: apuntes impecables, esquemas de colores, cero resistencia al mundo real. En el haber, quien la defendió en su momento subraya que incomodaba al independentismo desde la educación y la inteligencia, sin subirse al tono. Fuera de Cataluña, la percepción dominante es otra: se convirtió en una figura prescindible para el electorado que la había votado.
¿La dejó ella a la política o la política a ella?
La comparación se hace sola: es como cuando un amigo asegura que ha dejado a su novia cuando en realidad fue al revés. Varios análisis remachan esa idea, la de que no se deja la política cuando ya te ha echado. La sospecha de fondo es que Ciudadanos fue el instrumento y su rostro catalán, el escaparate; agotado el guion, el escaparate se apaga. Hay incluso quien apunta que se pasó de arrimo con quien no debía, y quien recuerda, sin aportar pruebas, su paso por la órbita del Club Bilderberg junto a dirigentes populares y su giro hacia causas que su propio electorado asociaba con la izquierda. Nada de esto es una conclusión cerrada: es el material con el que se cocina el epitafio político de una carrera corta y muy televisada.
Queda por ver si el hueco que deja se llena con algo o simplemente se seca. Si Ciudadanos era el vehículo y no el destino, su retirada debería tener continuidad en otro formato: un despacho, una consultora, una tribuna bien pagada. Si era lo contrario, su apagón arrastrará al de toda una generación de dirigentes que llegaron a Madrid con la bandera de la moderación y se fueron sin dejar a nadie el número de teléfono. Lo razonable es apostar por lo primero. Lo sucedido en los últimos años, por lo segundo.