Nescafé a 45 euros el kilo: el café soluble dispara su precio
El bote de 200 gramos de Nescafé se ha convertido en el termómetro involuntario de la inflación alimentaria. Según los precios que se manejan en la discusión, en Carrefour el kilo del producto estrella de Nestlé alcanza los 45 euros; en Mercadona, el mismo formato se queda en 8,50 euros, tanto en su versión normal como descafeinada. La horquilla entre establecimientos supera el 30%, y el consumidor que no compara paga la diferencia. La cifra no es anecdótica: el café soluble es el producto más vendido del mundo después de la Coca-Cola, según se recuerda en la propia discusión, y su precio arrastra a millones de hogares que lo usan a diario.
Por qué el café se ha encarecido tanto
La explicación oficial apunta a Brasil. Las inundaciones han provocado una crisis agrícola en el principal productor de café arábica, el que se consume mayoritariamente en Occidente. El mismo país es el primer productor mundial de zumo de naranja, cuyo precio también se ha duplicado en pocos años. La correlación entre desastres climáticos y precios al alza empieza a ser un patrón incómodo: cada temporada, un evento justifica una subida que después no se revierte.
Hay quien sostiene que el problema no es la oferta, sino la política monetaria. La impresión de dinero masiva por parte de los bancos centrales diluye el poder de compra de los salarios, y el café es solo el síntoma más visible. Otros apuntan directamente a la carga fiscal y regulatoria sobre las empresas, que trasladan costes al precio final. La discusión deriva hacia terrenos ideológicos, pero el dato de partida es tozudo: el mismo producto cuesta distinto según dónde se compre.
Alternativas que ya usa el consumidor
El café en grano se presenta como la vía de escape. En Amazon, un kilo de café en grano ronda los 14 euros, lo que deja los 200 gramos en 2,80 euros, una cuarta parte del precio del soluble. En Costco, el café de Colombia se mueve en la misma franja. La pega es logística: requiere molinillo y cafetera, y no se disuelve en la leche. Quien prioriza la practicidad paga la prima; quien prioriza el bolsillo, se adapta.
La marca blanca es otra salida. Su precio es una fracción del de Nestlé y su función principal, según se bromea, es la misma. Pero las marcas blancas también están subiendo: el diferencial se estrecha y la sensación de refugio se desvanece. En los bares, el café con leche se acerca ya a los 2 euros, y la leche entera más barata roza el euro por litro. La cesta completa se encarece por todos los flancos.
El precio del Nescafé en otros países
La comparación internacional desmonta parte del relato. En Japón, un bote similar cuesta 4 euros, y el país lleva décadas con políticas monetarias expansivas. En Moscú, el kilo de Nescafé se encuentra a 24 euros en Ozon, el Amazon ruso, y más barato aún en supermercados físicos. En Suiza, la cadena Coop lo vende a 44,20 francos por kilo, unos 47 euros, prácticamente el mismo precio que en España. La impresión de dinero no explica por sí sola la diferencia.
La conclusión que se impone es menos épica: el precio del Nescafé no lo fija el banco central, lo fija Nestlé. Y lo fija alto porque puede. La fidelización del consumidor de soluble es tan fuerte que la marca se permite márgenes que un producto genérico no soportaría. Mientras nadie deje de comprarlo, la subida se sostiene. El día que el bote se quede en la estantería, el precio bajará. Hasta entonces, el café soluble seguirá siendo el lujo silencioso de las cocinas españolas.