Milei cambia de acreedor pero no de receta: el FMI vuelve a la carga
El nuevo crédito del Fondo Monetario Internacional a Argentina reabre la misma herida de siempre: un país que refinancia deuda con deuda mientras el dólar oficial cotiza a 1.196,25 pesos tras un salto del 11,38% en una sola jornada, según los datos que se cruzan en el debate. La discusión sobre si Milei ha logrado algo distinto de lo que hicieron Menem, De la Rúa o Macri se topa con un dato incómodo: los mismos nombres que gestionaron el corralito de 2001 y el endeudamiento de 2015-2018 vuelven a estar en la foto, según sostienen algunos participantes. La pregunta del millón —¿saqueo estadounidense en lugar de chino?— admite varias respuestas y ninguna tranquilizadora.
El FMI, Caputo y la sombra de 2001
La tesis central que recorre el análisis es que el acuerdo con el Fondo no es más que la enésima refinanciación de una deuda que nunca se paga, solo se renueva.
Luis Caputo, ministro de Finanzas con Macri y hoy en el equipo económico de Milei, es la figura que conecta los dos episodios, según quienes sostienen esta lectura. Recuerdan que en 2015-2018 ya se aplicó el mismo manual: endeudamiento externo, contención del gasto y confianza en que el mercado premiaría la ortodoxia. El resultado fue una corrida cambiaria y un nuevo rescate.
El argumento oficial es que ahora hay superávit primario y condiciones de financiación mucho mejores. Es cierto que el gobierno exhibe contención del gasto, pero también lo es que la deuda se acumula en dólares y que el sector exportador —el campo, la energía, la minería— es el que genera las divisas que luego no llegan al bolsillo del trabajador, según denuncian algunos intervinientes.
La competitividad de los de arriba se sostiene sobre salarios pagados en pesos que se licúan.
Hay quien va más allá y sostiene que el préstamo «regala recursos naturales e infraestructuras privatizadas a multinacionales extranjeras que tendrán el oligopolio de los servicios públicos». Es una afirmación fuerte, sin verificación independiente en el material disponible, pero resume el temor de fondo: que el capital extranjero entre por la puerta grande mientras el Estado se descapitaliza.
¿Qué pasa con el dólar y por qué el peso no despega?
El tipo de cambio es el termómetro que nadie discute. El dólar oficial cerró en
1.196,25 pesos con una subida diaria del 11,38%, un movimiento que varios análisis califican de intervenido y sin sentido técnico. En la calle, el dólar paralelo cotiza a 1.625 pesos según los datos que se manejan, y hay quien proyecta que debería estar entre 2.000 y 2.500 para reflejar el valor real. La brecha entre el oficial y el paralelo es la trampa al solitario que denuncian los propios argentinos.
El cepo cambiario limita a los particulares a 100 dólares mensuales en efectivo al tipo oficial. Eso significa que quien puede comprar dólares baratos no es el ciudadano medio, sino quien tiene acceso al mercado formal.
El resultado, según los críticos, es que los dólares se agotan al precio ridículo del gobierno y la factura la paga el pueblo. Mientras tanto, los precios de supermercado en dólares —un litro de leche a 2,30 dólares, una barra de pan a 2,5 dólares al cambio oficial— sitúan a Argentina, según algunos participantes, en niveles de Suiza con salarios de Mozambique.
700 dólares de salario y precios de primer mundo
El salario medio argentino ronda los
700 dólares al cambio, según los datos que se cruzan en la conversación. Con ese ingreso, un alquiler en Buenos Aires por menos de 60.000 o 70.000 dólares de compra —o su equivalente mensual— es inalcanzable para la mayoría, según se afirma en el debate. La comparación con París que alguien lanza en el debate no se sostiene, según los intervinientes: en la capital francesa el salario medio permite pagar un apartamento, en Buenos Aires no.
La dolarización de facto de la mente ya está aquí: la población piensa en dólares, pero no los tiene.
Pensar en dólares sí, tenerlos no, resume una de las intervenciones más citadas. Esa asimetría explica, según los participantes, por qué la inversión no se dispara aunque los precios en dólares sean competitivos: el que puede dolarizarse lo hace, el que no, mira cómo se le escapa el poder de compra.
La dolarización total: ¿mieles o hieles?
La pregunta sobre si la población aceptaría la desaparición del peso y la adopción plena del dólar queda abierta. La Reserva Federal tiene mandato sobre Estados Unidos, no sobre Argentina, y nadie sabe cómo se gestionaría una economía con moneda ajena y sin banco central propio. Quien defiende el cierre del Banco Central lo presenta como la única salida: si se consigue, será un éxito; si no, el préstamo habrá servido para lo mismo que los anteriores.
El escepticismo es mayoritario.
La misma gente que estuvo en 2001, en 2018 y ahora en 2025 hará lo que hizo entonces, sostiene una de las voces más pesimistas, que anticipa corrida bancaria y corralito. No es una predicción verificada, pero conecta con una memoria colectiva que no se borra: los argentinos ya vivieron el corralito con De la Rúa y la fuga de capitales con Macri.
El día a día: ni milagros ni catástrofes en 17 meses
La pregunta que más cuesta responder es la más simple: ¿vive mejor o peor el argentino medio que hace dos años? La respuesta honesta, según los participantes, es que hay mayor estabilidad cambiaria y una inflación contenida en comparación con la espiral anterior, pero los números no salen.
Precios de Suiza con salarios de Mozambique, resume una intervención que condensa el problema. La polarización política impide una respuesta objetiva: los relatos triunfalistas y los catastrofistas se anulan mutuamente y dejan al observador sin brújula.
El tejido productivo se resiente, según los críticos. Un peso sobrevalorado encarece las exportaciones y abarata las importaciones, lo que explica que los argentinos crucen la frontera para comprar y que el turismo extranjero no llegue. La industria pierde competitividad y el empleo formal se contrae.
El ajuste lo paga el currito mientras los de arriba cambiaron 400 millones de dólares el viernes antes de saberse nada, según una denuncia recogida en el debate.
La discusión sobre si Argentina es saqueada por Estados Unidos en lugar de por China no tiene una respuesta cerrada. Lo que sí emerge del análisis es que el patrón se repite, según los críticos: deuda externa, recursos naturales como garantía, ajuste sobre los salarios y una élite que siempre encuentra la manera de dolarizarse antes que el resto. Con el dólar oficial a 1.196 pesos y el paralelo a 1.625, la brecha sigue siendo el mejor indicador, según los participantes, de que algo no cuadra.