Pablo Iglesias e Irene Montero, esquiando mientras Madrid arde
Mientras el ruido diplomático por Venezuela ocupaba las portadas, los exministros de Podemos se dejaban ver con las mejillas sonrosadas por el sol en una estación de esquí. La imagen, difundida en redes, desató un aluvión de comentarios sobre la coherencia de quienes predican austeridad mientras disfrutan de resorts de lujo.
El coste de las vacaciones de los eurodiputados
Según los cálculos que circulan, un eurodiputado ingresa alrededor de 25.000 euros netos al mes entre salario y dietas. Suficiente para costearse un viaje a la nieve sin despeinarse, pero también para alimentar la percepción de una casta política que predica con el ejemplo del derroche. "Tres salarios mínimos dan para mucho", ironizaba un analista. Con el salario mínimo en 1.134 euros mensuales, tres sueldos suman 3.402 euros, muy lejos de los 25.000 que manejan los políticos europeos.
La hipocresía del discurso
El debate enfrenta a quienes ven una contradicción insalvable entre el discurso anticapitalista de Podemos y su estilo de vida, y quienes defienden que los políticos también tienen derecho a vacaciones. "Lo que se hace con dinero público no es un asunto privado", recordaba un participante. Otros señalaban que la izquierda siempre ha tenido un ala acomodada: "Buena parte de los votantes de Sumar y Podemos son urbanitas de familias acomodadas".
Postureo en la nieve
Las imágenes no solo muestran a dos políticos esquiando, sino que evidencian el bronceado característico de quien pasa horas al sol en altitud. "Todo el mundo tiene quemaduras por el sol en la cara en pleno enero", comentaban. La escena recuerda a la famosa foto de Barack Obama esquiando durante la crisis del ébola. El mensaje es poderoso: mientras los problemas arden, los líderes se divierten.
La pregunta que queda en el aire es si la izquierda puede permitirse el lujo de parecer lo que critica. O si, como sostienen algunos, la política es un teatro donde todos llevan máscaras.
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