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A los niñatos se le acabaron las oportunidades: Los empresarios van a empezar a restringir la generacióm Z
A la generación Z se le están cerrando las puertas del empleo
En 2030 la generación Z representará el 30% de la población activa. Es el relevo obligado de cualquier empresa que quiera seguir abierta. Y, aun así, una parte creciente de los reclutadores empieza a mirarla con recelo: la ve digital, diversa, sensible, autosuficiente y, según el diagnóstico que circula, poco tolerante a la frustración. El reproche no es nuevo. Lo nuevo es que se cruza con un mercado laboral que tampoco le pone las cosas fáciles al que llega.
¿Por qué los empresarios desconfían de la generación Z?
Una parte del empresariado sitúa el problema en la actitud. Sostiene que estos jóvenes se han criado en entornos controlados, donde siempre ganan o les dejan ganar, y que al chocar con la vida real se les cae el mundo encima. El ejemplo recurrente: chavales de 16 o 17 años que se pillan rabietas tremendas cuando pierden un partido de fútbol o una partida de cartas.
Otra lectura reparte menos culpas. Trabajar sin ilusión y sintiéndose el raro del equipo no ayuda a nadie, pero eso no lo inventó una generación: lo agravaron el uso abusivo del móvil y el desgaste psicológico de las redes sociales. El chaval de 22 años no diseñó la aplicación que le come la atención.
Lo incómodo es que ambas explicaciones conviven. Y ninguna aclara por qué el mismo empresario que se queja de la actitud lleva años sin tocar el sueldo de entrada.
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El mercado que se encuentra quien contrata: 200 candidatos por oferta
Aquí el relato se rompe. Un empleador lo cuenta sin adornos: para un puesto de ingeniería se le presentan doscientas personas. El 99% arrastra una amplia experiencia, pero de camarero. Del 1% restante, casi nadie coge el teléfono —apuntarse a una oferta es gratis—. Y abrir esa oferta, recuerda, le cuesta 300 euros. De los dos candidatos que quedan en pie, la mitad no muestra demasiadas ganas: total, con ese sueldo no va a comprar una casa en su vida.
Contra ese cuadro, otra corriente apunta a un problema de volumen, no de actitud. El argumento: España es el país con más paro de toda la OCDE, y si se suma el empleo precario la tasa se dispararía hasta un 37%. Con esas cifras, el que llega no elige. Se apunta a lo que hay.
Por qué un joven de 25 años no se deja la piel en el trabajo
El escenario que describen algunos análisis es demoledor. Un recién titulado en ADE entra con 25 años y descubre que cobra la mitad que el veterano de 55 que hace exactamente lo mismo. Las dobles tablas salariales son explícitas: mismo trabajo, mitad de sueldo, y sin posibilidad real de ascender. Con ese dinero no se independiza en menos de diez años.
A eso se suman condiciones que muchas empresas siguen defendiendo como si el mundo no hubiera cambiado: dos horas para comer, instalaciones lejos del transporte público, salida a las 19, cero flexibilidad en vacaciones y ni rastro de teletrabajo aunque el puesto lo permita. Hay compañías que directamente han dejado de querer contratar a menores de 30, no porque no los encuentren, sino porque saben que lo que ofrecen ahuyenta a cualquiera. La etiqueta que se usa para ellas es la de empresas paco de 1970.
¿Es la generación Z vaga o es que el cálculo no sale?
El nudo está en la aritmética. Se entiende que alguien llegue a los 30 con un empleo precario, sin poder independizarse, sin proyección y lo mande todo al pairo. Lo que cuesta más de digerir es rendirse a los 20. La respuesta de la otra parte llega rápida: ¿qué horizonte se le ofrece a los 20? Y ahí se encierra el detalle fino —sueldos, alquiler, expectativas— que cada cual rellena según le conviene.
De fondo, la cuestión de las pensiones. Un funcionario de 44 años que cobra 1.400 euros limpios al mes admite que él y su generación probablemente no cobrarán pensión, o cobrarán una testimonial. Cuando lo plantea a sus iguales, la respuesta es la misma: para eso está aportando ahora. La distancia entre lo que se aporta y lo que se espera recibir es el telón de fondo del desencuentro.
Fuga de cerebros: los que valían ya se fueron
Hay una variable que suele quedar fuera del titular. Una parte de los profesionales mejor formados lleva más de una década fuera de España. El diagnóstico que se repite: el país arrastra un problema de fuga de cerebros comparable al de economías mucho más castigadas, y los que se fueron, en su mayoría, no han vuelto. Los pocos que regresan lo describen como excepción, no como norma.
En paralelo, la demografía juega en contra. La natalidad está por los suelos y los que quedan heredan cada vez más capital —un piso turístico, unas acciones, el negocio familiar—, lo que a algunos les permite mandar al pairo la carrera profesional. No es una fotografía halagüeña para ninguna de las dos partes.
El diagnóstico oficial culpa a una generación. El mercado, con sus sueldos de entrada y sus condiciones de hace medio siglo, tiene buena parte de la culpa. Y mientras unos y otros se señalan, el reloj corre hacia 2030, cuando ese 30% de la población activa sea imprescindible. Ahí se atasca el análisis: nadie sabe qué pasará cuando la generación que hoy sobra empiece a faltar.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«para un puesto de ingeniería se me presentan doscientos... el 99% tienen una amplia experiencia, de camareros... del 1% restante, el 99% no cogen el teléfono»
— esforzado · El filtro real de las ofertas
«no valen tanto los estudios que tengas, sino la manera de enfrentar la vida y saber cómo se genera el dinero y las oportunidades»
— Murphy1200 · Formación frente a actitud
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Falta esfuerzo y cultura del trabajo45%
El mercado laboral está roto40%
La culpa es del móvil y las redes15%
📌 DATOS
En 2030 la generación Z representará el 30% de la población activa
Un puesto de ingeniería recibe 200 candidatos, de los que el 99% tiene experiencia solo como camarero
Publicar una oferta de empleo cuesta 300 euros
Sumando el empleo precario, la tasa de paro se dispara hasta el 37%
Un funcionario de 44 años cobra 1.400 euros limpios al mes y no espera pensión
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué se entiende por 'generación de cristal'?
Es la etiqueta con la que se señala a los jóvenes nacidos a partir de mediados de los noventa por su supuesta baja tolerancia a la frustración. El término se usa en el debate como descalificación rápida, pero no describe ninguna categoría oficial ni sociológica: es un apodo que ha acabado funcionando como argumento contra toda una cohorte.
¿Está en marcha un veto real a contratar menores de 30 años?
En el debate se describe como una tendencia incipiente, no como una norma. Algunas empresas habrían dejado de buscar perfiles por debajo de esa edad, según quienes relatan el caso, no por falta de candidatos sino porque las condiciones que ofrecen —horarios, ubicación, salario, nula flexibilidad— espantan a los que llegan. No hay cifra oficial que lo respalde.
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desglose de por qué 200 candidatos no equivalen a 200 opciones: la mayoría arrastra experiencia que no encaja y la mitad ni contesta al teléfono
✓El caso del recién titulado en ADE que cobra la mitad que el veterano que hace su mismo trabajo, con dobles tablas salariales de por medio
✓La lista concreta de condiciones laborales —dos horas para comer, sin teletrabajo, salida a las 19— que estaría ahuyentando a los perfiles jóvenes
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