Por qué el armamento occidental no logra imponerse en Ucrania
Hay quien sostiene que el Reino Unido tiene munición para tres días de combate. Alemania, según los cálculos que circulan, para horas. Salvo Polonia, ningún ejército europeo se aleja mucho de ese panorama. Esa es la escena que mejor resume el atasco del
armamento occidental en Ucrania: no se discute tanto si los tanques son buenos como si existe
industria capaz de sostener un desgaste que ya dura años. Rusia, según la estimación más repetida, entrega cinco veces más munición que todo Occidente junto, Estados Unidos incluido. Y quien dispara más, aguanta más.
Por qué la industria no fabrica más munición de 155 mm
El argumento central no es técnico, es económico. Tras la guerra del Golfo, Occidente invirtió fuerte en capacidad industrial y la demanda se paró de un día para otro. La lección que sacó el sector fue simple: sin pedidos a muy largo plazo, no hay ampliación de líneas. La todopoderosa industria occidental, sostiene esta corriente, no es capaz ni de producir proyectiles de artillería de 155 mm al ritmo que exige el frente. No es solo falta de fábricas: faltan materias primas y se ha perdido terreno en tecnología.
Ese cuello de botella explica por qué los envíos llegan a cuentagotas y por qué cada anuncio de nuevas entregas se recibe con escepticismo. La cadena de producción se diseñó para conflictos cortos y limpios, no para reponer miles de disparos al día durante años.
El conocimiento que se jubiló con los ingenieros
Hay un problema menos visible y más difícil de arreglar. Buena parte de los ingenieros y mecánicos que sabían montar y reparar este material ya están jubilados o han muerto, y el relevo no se ha formado. Según este diagnóstico, se están trayendo ingenieros militares estadounidenses a Europa precisamente porque aquí escasean. Reconstruir esa base de conocimiento lleva más tiempo que fabricar un obús.
A eso se suma la fragmentación. El
Eurofighter se fabrica en cuatro países distintos, las piezas viajan de uno a otro y cada avión se monta en su país: España, por ejemplo, produce el ala derecha y poco más. Coordinar esa cadena en tiempos de guerra es un ejercicio de malabarismo.
Leopard, Challenger y Bradley: arden como los demás
El segundo frente de la crítica apunta al material en sí. Los Challenger, los Leopard 2, los Bradley, los CV90, los Marder y los Striker no son chatarra obsoleta: son la dotación actual de muchos ejércitos europeos. Y lo que se ha visto, según esta lectura, es que arden como los demás y se averían más que los rusos. La logística de mantenimiento, con multitud de calibres y repuestos distintos, se convierte en una torre de Babel.
Quien defiende lo contrario recuerda que se envió sobre todo material que llevaba años cogiendo polvo a la espera del desguace, y que Occidente nunca iba a ceder su tecnología punta. Bajo ese prisma, el desastre no sería del armamento sino de la selección: se mandó lo que sobraba y se esperó un milagro.
Drones Lancet frente a Patriots y F35
La comparación que más incomoda es la de los drones. Hace dos años Rusia no tenía drones; hoy sus Lancet pueden atacar en enjambre y existiría una versión termobárica. Mientras, Occidente compra sistemas carísimos —los F35 que no aparecen en ningún conflicto, los Patriots que se cuestionan— y los acumula sin usarlos. La crítica de fondo: se ha confiado la defensa a unas pocas armas sofisticadas, escasas y difíciles de manejar, las viejas
wunderwaffen, en lugar de a la masa.
Frente a eso, hay quien rebaja el relato ruso. Rusia tendría munición de sobra, sí, pero lleva años sin rodear Jarkov ni tomar Kramatorsk, y compra misiles y drones a Irán y Corea del Norte. O el ejército ruso es peor de lo que dice su propaganda, o la superioridad de la que presume es un espejismo.
Kaliningrado, Bielorrusia y la doctrina nuclear
La discusión derivó hacia el paraguas nuclear. La doctrina clásica de la OTAN consistía en usar armamento nuclear táctico para frenar una invasión soviética hasta la llegada de Estados Unidos; ahora, sostiene una parte, la situación se ha invertido: la Alianza se ha acercado tanto a San Petersburgo y Moscú que Rusia no tendría margen. El arsenal de Estados Unidos en Europa, según esta parte, son bombas B-61 lanzadas desde aviones, repartidas por varias bases y ninguna en un país fronterizo con Rusia. Sobre Rusia, hay quien sitúa armamento nuclear en Kaliningrado —un extremo discutido en el hilo— y ha desplegado armamento en Bielorrusia. El equilibrio, dicen, se ha roto.
El país que compra misiles a Irán y no rodea Jarkov
Queda el dato que no encaja en ninguna de las dos trincheras. Si Rusia dispone de cien veces más munición que Occidente y su ejército es el primero del mundo, ¿por qué sigue comprando drones a Teherán y a Pyongyang y por qué no ha cerrado el cerco sobre las grandes ciudades del este? La respuesta cómoda es que el ejército ruso es una chapuza sostenida a base de masa. La incómoda es que Occidente tampoco ha ganado nada, y que el material enviado —según una de las versiones más repetidas en la conversación— representa una fracción mínima del que acumula caducado en los almacenes. Con estas piezas, el desastre del armamento occidental no se explica por una sola causa. Se explica por todas a la vez, y ninguna tiene arreglo rápido.