El perro suelto que convierte un banco del parque en campo de batalla
Estás con una cerveza, en un banco, de espaldas al paseo. Un perro sin correa se acerca por detrás, se le cruzan los cables y te muerde en el cuello. El escenario suena a paranoia de siesta, pero a más de uno se le ha pasado por la cabeza. Y no sin motivos.
Malinois, pastor alemán y mastín: el perro no es el problema
La conversación gira sobre razas, pero pronto aparece la conclusión incómoda: el origen casi nunca está en el animal. «Si se educa bien, es buen chucho; el problema es el dueño», resumen unos. Otros recelan de cierta genética: «esa raza es mala de narices», cuenta quien vio a un Malinois soltarse y encararse con él mientras tomaba un vermú.
Hay quien ha vivido lo peor: un mastín leonés que se lanzó a morder y acabó con el bastón partido en la cabeza del animal. Sobrevivió, dice, de milagro. Tampoco ayuda el dueño que grita «si no hace nada, solo quiere jugar» mientras su perro camina suelto y sin bozal.
El miedo es razonable y la responsabilidad, del dueño
La ley es clara sobre la responsabilidad civil del propietario, pero las ordenanzas se incumplen cada tarde en cualquier parque. La próxima vez que veas a un perro acercarse por la espalda, no pienses en la raza. Piensa en quién lo sujeta.